❝ Lo miraba y lo miraba, y con la misma certeza que se algún día he de morir, supe que lo amaba más que a nada que hubiera visto o imaginado en la Tierra. Hacia mucho que solo era el pálido reflejo de una nínfula, pero yo amaba a este Seokjin pálido y sucio con su boca en la de otro hombre. Se estropearía y de hecharía a perder, me daba igual, yo seguiría volviéndome loco de ternura... Ante la simple visión de su rostro. ❞
—Oh, buen día, doctor Kim... Pase, pase, le mostraré la casa. —dijo la mujer, sujetándome de el brazo, al tiempo que depositaba el saco y mi sombrero en el perchero junto a la puerta.
—Gracias por recibirme, señora Kim. —sonreí apenas.
—¡Oh, mí Dios! Dígame Moonji. Venga, venga, ésta es su habitación. —subió las escaleras en forma de caracol, abriendo una puerta color café.
La habitación era espaciosa, dado la cantidad de cosas que la señora solía guardar en casa. Había una pequeña cama, una mesita de noche a lado y el gran ropero de madera, que descansaba en una esquina de la habitación.
—La oficina está acá. —señaló la puerta contigua. —Vamos a el jardín.
Salimos por la puerta trasera. Un precioso césped recién cortado y húmedo cubría las suelas de mis perfectos y lustrados zapatos, las flores y arbustos se arremolinaban en las orillas, dejando ver un poco de la cerca color blanco que rodeaba la enorme casa.
—Normalmente vengo aquí a tomar algo... Cuando quiera puede acompañarme, doctor. —rió, acercándose más, sus intenciones eran claras.
Una mesa de cristal adornaba el centro de todo aquel patio, el verde claro pintaba todo el lugar. Más sin embargo, un pequeño acostado en el césped llamó mi atención. El aspersor de agua daba vueltas cerca de el, fácilmente era alcanzado por el agua del mismo pero parecía no importarle. Sus piernas flexionadas, subían y bajaban, en sus manos pude notar un libro.
El diminuto short y la blanca playera que llevaba puesta se volvieron transparentes por el agua, me quedé observandolo un poco más. Lo delgado de su cintura, su trasero, que apenas se asomaba en una fina curva sobre la silueta de su cuerpo; su cabello corto, mojado y con gotas cayéndose de él.
—El es mi hijo, Seokjinie. —habló Moonji, el pequeño giró su cabeza en dirección a nosotros. —¡Hola, cielo! —agitó su mano.
Y juro que me vio a mí antes que a su madre, y me sonrió. Una sonrisa ladina se formó en sus labios, que aún con la prominente distancia que nos separaba, pide observar lo carnosos que era. Sus ojos vagaron por todo mi cuerpo, me sentí apenado.
Él siguió en el libro.
[ ... ]
Seokjinie solía ser un poco infantil, o eso era lo que quería demostrar porque realmente conocía todas sus manías. Le gustaba estar en mi habitación sin mi permiso, tocarme hasta volverme loco y fingir que nada había pasado.
Era perfecto.
Era muy bello.
Había veces que lo encontraba en mi oficina, sentado con sus rodillas flexionadas hasta el pecho en la silla de cuero, otras tenía sus piernas sobre la mesa en una posición un tanto reveladora, le gustaba abrir mucho sus piernas y pasearse sobre la casa en esos conjuntitos tan diminutos.
Podía observar sin protesta sus contorneadas y delgadas piernas, el ancho de sus hombros, sus brazos, la pequeña cintura que poseía.
Y en tan poco tiempo supe que me había enamorado de él. Ese chiquillo. Sus manos sobre mí, provocándome.
—Hola, doctor. —había entrado de forma coqueta, recargándo sus brazos en mi escritorio, meneando sus caderas.
—Seokjinie. —dije, sin tomarle mucha importancia, pero su sonrisa estaba atrayendome.
—¡Mamá no está, y estoy aburrido! —chilló, acercándose a mí para luego sentarse en mi regazo. —¡Quiero jugar, doctor!
—Seokjinie, estoy ocupado. —lo aparté, los saltitos que pegaba estaban afectando mi cuerpo.
[ ... ]
—¡Seokjinie, llegaremos tarde! —gritó su madre desde el auto.
El pequeño niño sonrió feliz pero un poco cansado, guardó sus últimos conjuntos de ropa en la enorme maleta y la cerró, por el peso le fue difícil bajarla por las escaleras. Lo miraba desde mi oficina, la puerta estaba totalmente abierta y pudo notar como el chiquillo se esforzaba en mover la maleta.
—¡Ya voy, mamá! —le dijo a gritos, tropezando en el borde de las escaleras.
Seokjinie subió a el auto, Moonji le esperaba en el auto con el desespero en su rostro, el calor de esa tarde había infundido un poco en su humor de ese día. Yo observaba todo desde la ventana.
—Vámonos, Seokjinie.
—¡Espera, espera, olvidé algo! —chilló, saliendo de el auto.
Seokjinie corrió hacia la casa, pude escuchar sus pisadas apresuradas dirigiéndose a la escalera; más tarde mi oficina se vio interrumpida.
—Seokjinie... —dije, mirando de pies de cabeza a el menor que vestía un short excesivamente corto, destacando sus piernas blanquecinas y el top con estampa de cuadrícula que llevaba.
—Lo veré luego, doctor. —habló, sus labios se movían lentamente.
—¿A dónde irás, Seokjinie? —pregunté sonando desinteresado.
—Mamá me llevará a un internado... Serán tres años. —había algo de tristeza en sus ojos pero seguía sonriendo de forma seductora, sus ojos parpadeaban mucho.
—¡Seokjinie! —la vaca loca de su madre parecía tener urgencia por deshacerse de mi Seokjinie.
—Tú madre te llama.
Asintió y dio media vuelta para irse.
Luego volvió hacia mí, rodeo mi cuello con sus brazos y unió torpemente sus labios con los míos, los movió cómo quiso, succionando. Era su primer beso. Yo, una persona de más de cuarenta años y el, un niño de escasos trece años, compartiendo algo tan íntimo como un beso. Apenas tuve tiempo para reaccionar, toque su delgada cintura y lo atraje más hacia mí.
Pero el se quitó.
—Adiós, Namjoon.
191211
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seokjinie ↺ namjin
FanfictionY lo miraba y miraba, y aún así no podían creer que seguía adorando a esa Lolita, a pesar de llevar en el vientre a el hijo de otro hombre, seguía amandola con locura.❞ ✧| o.s 020220
