En cierta habitación de un edificio llena de adolecentes, dónde todo el mundo pasaba y nadie se detenía un solo segundo estaba ella, tan estática que era extraña de si misma y tan enérgica que podría correr un maratón por la madrugada.
Para calmarse, tomaba una taza de café y hacía un pequeño juego cada que alguien pasaba al frente suyo; se ponía a prueba a si misma y sus gustos posando sus labios cada que alguien llamaba su atención o incluso llegaba a gustarle, posaba la taza en la mesa cada que era alguien de su desagrado y bebía un trago cada que alguien le devolvía la mirada o conocía quien era.
No era muy extraño que la única taza que se sirvió no fuera ni a la mitad bebida siguiendo ese juego, pero era divertido y mucho más que estar consciente de que estar ahí, sola, agotada e incluso aburrida.
Aquel olor a pintura y maquillaje era su favorito entre los seres que reposaban en los sillones, la consciencia que descansaba ahí era ciertamente un sabor amargo si te dirigía la mirada, más en cambio ella posó sus labios sobre la taza y no los volvió a despegar.
La habitación se quedó vacía, únicamente una chica enorme, con la boca cerrada y los ojos bien abiertos estaba ahí, hasta que decidió irse y gozar aún más su soledad en un lugar permitido dejando una taza a medio beber con los labios marcados en el borde en donde solía estar ella.
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Ni Aquí, Ni Allá
Roman pour Adolescents¿Quien vive solo de café y pinceles? ¿Quien se atreve a ignorar sus deseos? ¿Quien goza de ese ingreso dolor después de extenuantes trabajos? Nadie goza de tales castigos y vice felizmente con solo verse sonreír al espejo Ni tú ni yo, tampoco Rebeck...
