Es una noche más fría que de costumbre. El pobre animal regresa a su madriguera después de un arduo día de supervivencia a duras penas. El presente se hace más duro de lo que es, porque vive arrastrando a cuestas el peso de su pasado y apunta a un futuro que, conforme él siente que se hunde, le parece más alto e inalcanzable.
¿Por qué las noches de soledad nos traen los recuerdos del pasado? Recuerdos de risas y, sobre todo, recuerdos de lágrimas. ¿Por qué? Y los recuerdos son algo curioso. Pues conforme el presente se hace más y más sombrío, los recuerdos, incluso los más tristes, van adquiriendo un brillo que hace que añoremos el pasado.
¿Por qué las noches frías hacen que duelan las viejas heridas? Heridas que creíamos cicatrizadas. ¿Por qué? Y esas heridas hacen que un corazón que se creía roto y sin la capacidad de seguir latiendo, siga sangrando su dolor. Y el dolor es algo curioso. Pues nadie quiere lidiar con él, quieren que se termine, entonces vivimos añorando un futuro sin dolor.
Él se había prometido no detenerse. No claudicar. No rendirse. Y si bien no lo ha hecho y, doblado sobre su cintura para aguantar el peso de vivir, continúa lastimeramente su camino hacia adelante, cada nuevo golpe de la vida parece tirarlo más y más abajo en su nivel de autoestima y amor propio. Cada golpe es como un nuevo puñal entre sus pulmones, dificultándole más el respirar.
Y, por más que quiera negarlo, hay una parte de él que quiere rendirse. La parte que ya se ha rendido cansada de buscarle propósito a su lucha, y que espera con ansias el golpe de la vida que finalmente lo haga caer al suelo seco donde pueda descansar un momento, sólo una pausa, antes de continuar su pelea sin sentido.
Pero es su última flama de orgullo la que se niega a caer, y su alma perseverante la que no lo deja quebrarse. Contra su voluntad y su sentido común, todavía hace un esfuerzo desgarrado cada día, por levantar su frente transpirada, cerrar los ojos y apretar los dientes mientras prosigue por su senda de fuego y espinas.
Pero no esta noche. Si bien aún no ha caído, esta noche necesita ocultarse en la oscuridad húmeda de su cueva, olvidarse por un momento de todo, de las cosas buenas – el color del cielo, y del calor del sol, y de la frescura del agua, y de la suavidad del viento – y las malas – el sentimiento de derrota que lo ahoga constantemente –. Esta noche, el pobre animal necesita irse donde nadie lo vea, y lamerse las heridas. Sólo un burdo intento de tapar sus debilidades, y pueda al fin fingir algo de bravura y desafío en su mirada y en su sonrisa. La sonrisa que oculta el llanto. El llanto que lo ahoga en lágrimas. Lágrimas por no ser capaz de abandonar.
Esta noche, un animal fuerte atraviesa un momento de debilidad en soledad.
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Noche
RandomLos que lean todos mis cuentos van a pensar que me voy a pegar un corchazo en cualquier momento...
