Para ser invierno no hacía nada de frío. Habíamos salido de la casa de mi abuelo, como cada domingo. La ruta se encontraba semi vacía a pesar de ser un día agradable para salir y pasear.
El viento y la calidez de la luz solar hacían un excelente complemento, la motocicleta iba un poco rápida a mi gusto; eso me forzaba a aferrarme aun mas a él. Mientras, me recostaba en su espalda, viento los objetos pasar como astros, hasta que simplemente recordé ese "capítulo" de ayer.
Daban las 4 de la tarde.
Lo había llamado para decirle que me encontraba afuera de su casa, debíamos hacer un trabajo pero estaba jugando, como siempre.
El móvil se me había tildado y estaba furiosa por ello. Levanté la mirada en cuanto escuché que la puerta se había abierto con cierta brusquedad. 7 segundos. Se encontraba afuera, sin camisa, haciendo lucir su cuerpo frente a mi como si fuese algo normal, la luz del sol que chocaba con su cuerpo le resultaba reconfortante, no le dieron ganas de volver a entrar al sentirse así. Yo por mi parte, me ruboricé en poco tiempo, agaché la cabeza y lo obligué a que entrara a ponerse algo y que abriera el portón. Me giré vergonzosa a ver a mi hermana, quien me había llevado hasta allí. Me miro con una mirada picarona y me dijo que tenga cuidado y que esperaba que enserio hagamos tarea de matemáticas y no de... biología.
Éramos solo él y yo, ni su madre ni nuestros compañeros de trabajo habían llegado. Nos sentamos juntos pero yo me concentraba en relajarme y hacer mis correspondientes deberes.
El tiempo paso, una hora, dos más.
Me encontraba frustrada, alterada, los problemas eran sin sentido para mi, tan complejos, pero para él era como si fuesen pan comido.
Abracé su almohada favorita, la que dejaba en el sofá, también me encantaba, tenía su aroma. Cerré los ojos, el cerro mi carpeta, se acercó a mi rostro y me invitó a pasar a su cuarto, notó que estaba roja y acalorada.
Me saqué la chaqueta y dejé ver mi camiseta holgada favorita. Las mangas solían caerse hacia un lado o el escote ir demasiado hacía abajo, se notaba que no era de una talla adecuada a mi.
Me decidí por acceder a su anterior propuesta, no fueron necesarias las típicas indicaciones de "al final del pasillo, la puerta derecha". Al final me di cuenta que si tenía razón, su habitación estaba más fresca que la sala.
Me recosté en la cama con las cosas en el pecho, mirando hacia arriba. A decir verdad era bastante incómodo, por lo que cambié de posición y me sumergí en las ecuaciones.
Luego de un tiempo sentí un cuerpo arrimarse a mi, su mano comenzó a recorrer mi espalda hasta llegar a mi cuello, su boca se acercó al oído derecho y susurró:
"Conoces cada rincón de esta casa, cada rincón de mi ser. Es tiempo de yo también pueda saber lo que me escondes como mujer".
Su mano recorría mi brazo hasta llegar al tope de la cama, sacó todos los útiles, hojas y carpetas para tener el lugar despejado.
Aún abrazaba la almohada, y lo seguí haciendo incluso cuando me dio la vuelta para tenernos de frente. Se quitó los lentes y las zapatillas a la par en que unía nuestros labios en un beso, en uno tonto. Parecíamos principiantes, o quizá uno de los dos si lo era. Sus brazos comenzaron a rodearme la cintura, me sentí rara pero en calma, si era él todo estaría bien. De pronto las posiciones se invirtieron , me sentó en su regazo y ambos nos quitamos la ropa lentamente,aunque solo la de arriba.
Tomé conciencia de nuevo, mis inseguridades y autoestima atacaron sin fin por unos 5 segundos que parecieron ser eternos. Me hice para atrás, pero pareció no entender lo que me pasaba, en todo caso coloqué mis manos sobre mi rostro cuando la luz se fue de repente. Sentí la calidez de las sabanas envolverme en invierno, sentí su abrazo reconfortante que nos unió de nuevo.
Sin palabras, sin besos ni caricias, me hizo entender. Que hay veces en las que los rincones en los pensamientos son los que no nos dejan avanzar. Entonces me abalancé.
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Historias de un pensamiento
Short StoryCosas que pasan o simples fantasías Recuerdos de un ayer y gustos del futuro
