La magia existe

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Cualquiera diría que Susan es una chica normal. Excepto por el pequeño detalle, claro. Se ve normal, camina normal y respira normal. La única diferencia entre Susan y las personas verdaderamente normales es que ella tiene la certeza de que la magia existe.

Cuando era una niña sus padres solían llevarla cada fin de semana a la casa del bosque. Ahora todos insisten en que esa casa nunca existió, que es producto de su imaginación y que con un poco de ayuda podrá olvidarse de ella. Pero ella esta segura. Esta segura de todo. La casa del bosque existe, y va a encontrarla en cuanto logre salir de la institución mental.

Por las noches, Susan se transporta a la casa del bosque, por medio de sus preciados recuerdos.

Aquel día llovía mucho. Sus padres habían ido de compras al pueblo y no volverían durante un par de horas. La habían dejado cuidando a su hermano pequeño, Tyler. Sí, sí tenia un hermano pequeño. Tyler existía, aunque no hubiera prueba alguna de ello. No era la primera vez que se quedaban solos en casa. En realidad, esto sucedía muy a menudo, y era la parte favorita de Susan. Porque era cuando ellos llegaban.

No sabia que eran, ni a que venían. Ni siquiera entraban a la casa y nunca les hablaban. Simplemente se quedaban afuera jugando, danzando y haciendo todo tipo de cosas que sin lugar a duda eran magia. Tanto Susan como Tyler los veían embelesados desde la ventana, admirando el poder que emanaba de ellos. Querían acercarse y conocerlos, pero eran demasiado tímidos para salir.

Ese día también llegaron. Pero esta vez fue diferente. No hubo bailes ni juegos. Simplemente estaban de pie observando la casa. Sin hablar, sin moverse. Solo viendo la casa bajo la tormenta. Fue entonces cuando ocurrió lo que cambiaria la vida de Susan para siempre.

Uno de ellos se acerco y toco la puerta lentamente, con una delicadeza sin precedentes. Aún no sabe que fue lo que la llevo a abrir la puerta sin pensar en las advertencias de sus padres. Quizás fue el hecho de haber pasado tanto tiempo deseando conocerlos sin atreverse a hacerlo.

-Me parece que ustedes tienen algo que me pertenece-. Las palabras de la criatura todavía resonaban en los oídos de Susan cada noche. Su voz era suave, y tenía una sonrisa amable, pero Susan no pudo evitar una ligera sensación de desconfianza que se asentó en la parte trasera de su cuello, como si alguien la estuviera acechando de lejos. Ahí fue cuando recordó las incontables veces en las que sus padres le habían dicho que no abriera la puerta a nadie. Aun así, esto era magia. ¿Quién no le abriría la puerta a la magia?

Tyler dijo que ellos no tenían nada, que no sabía que era lo que estaba buscando. Por supuesto, él no lo sabía. Susan no se lo había contado a nadie.

-Ah! Pero tú hermana sí que lo sabe. ¿O no Susan? -.

Sí lo sabía. El objeto se encontraba a varios kilómetros de distancia, en su casa, más específicamente; bajo su cama, dentro de su caja de tesoros encontrados. Lo había encontrado el fin de semana anterior antes de partir. Con solo tocarlo supo que estaba lleno de la magia que tanto anhelaba y lo guardo en su mochila sin pestañear.

Así que le explico que no lo tenía con ella, pero podía traerlo la próxima semana. A lo que el ente respondió que en su mundo eso era mucho tiempo, debía entregarlo ahora, o pagar por él.

-Me temo que tendré que llevarme algo muy valioso para ti, lamentablemente, aquí no hay ningún objeto que aprecies demasiado, limitas mis opciones-.

Sus extremidades comenzaron a entumecerse, no podía moverlas. Miró con miedo a Tyler y se topó con una cara inexpresiva, como si se hubiera desconectado del mundo en algún punto de la conversación.

-Tu hermano se irá conmigo, no volverás a verlo y tu deuda quedará saldada-.

Susan gritó. Gritó que traería el objeto la próxima semana, que por favor no se llevara a su hermano. Gritó que haría lo que fuera necesario durante lo que pareció una eternidad mientras él y Tyler salían de la casa sin mirar atrás. Hasta que los vio desaparecer en el bosque.

Minutos más tarde recuperó el control de su cuerpo y corrió hacia el bosque como nunca en su vida. Unas horas después la encontraron sus padres, estaba acurrucada en un claro, empapada en lágrimas y lluvia.

Susan les dijo entre sollozos que tenían que encontrar a Tyler. Que ellos se lo habían llevado, que tenía que devolverles el objeto, lo sentía mucho y no volvería robar nunca.

- ¿Quién es Tyler? -. Sus papás estaban muy confundidos. Le explicaron que ella era hija única y que ninguno de los tres conocía a alguien llamado Tyler. La hicieron volver a la casa y recostarse en su cama. El cansancio pudo con ella y, en medio del llanto, se durmió.

A la mañana siguiente ya no estaba en la casa del bosque. Despertó en su cuarto pensando que todo había sido un mal sueño y se dirigió a la habitación de Tyler para confirmarlo. Al abrir la puerta sintió como todo el calor abandonaba su cuerpo. El lugar no era más que un estudio. En su casa no existía rastro alguno de la existencia de su hermano pequeño.

Desesperadamente corrió a sacar el objeto de su caja para después insistir a sus padres que debían ir a la casa del bosque inmediatamente. No tenían ninguna "casa en el bosque", no había ningún "objeto mágico" en sus manos y, sobre todo; Tyler no existía. Escucho esas frases tantas veces durante los años siguientes, que había temporadas en las que de verdad lo creía. Pero siempre recordaba.

Tarde o temprano volvía a soñar con aquel día y sabia que era verdad. La magia existía y le había arrebatado lo que más quería sin darle la oportunidad de negociar. Sin embargo, en el fondo, sabia que la culpa no era de la magia sino suya, en el acto egoísta de tener un tesoro para ella sola perdió su posesión más valiosa. Su cordura.

Con el tiempo, la terapia no fue suficiente, tampoco lo fueron los medicamentos ni el centenar de personas que llegaron a atenderla. A sus 25 años, Susan terminó en una institución mental. Lleva cinco años tratando de salir. Cuando lo logre, encontrará la casa del bosque, entregará el objeto y recuperará a su hermano. Con ello, volverá la cordura de la que fue privada a sus doce años y por fin será libre. Porque la magia existe. 

La magia existe.Stories to obsess over. Discover now