Sé que estoy retrasada. Sé que debería haberme tomado menos tiempo del necesario elegir el atuendo correcto y el peinado adecuado; no quería verme como una santurrona pero tampoco necesitaba lucir como una cualquiera y en serio había sido tortuosa esa elección. Sé también que soy un desastre a pesar de mis intentos por parecer un poco presentable esta mañana. Sé demasiadas cosas sobre mí misma pero no sé nada sobre él, y ese enorme detalle es el que me tiene con los nervios de punta.
Estoy caminando lo más rápido que puedo y siento el sudor apareciendo en mi frente, perfecto. Me detengo al llegar al edificio y le pregunto al señor de la recepción en dónde están los ascensores. Entre el sudor y mis pasos vacilantes y apurados, casi olvido mis nervios, pero al estar en el ascensor caigo en cuenta de que todo esto es real. Me siento como Anastasia aquel primer día en el que conoció a Christian y no sé si debería estar o no alegre por eso.
— Buenos días. —le digo a quien supongo que es la recepcionista.
— Buenos días, señorita. —me examina y luego me dedica una sonrisa.— ¿En qué puedo ayudarle?
— La verdad es que...
— ¿Raina?
Me giro y lo veo. Sé que es él porque nadie más aquí parece no encajar. Sus ojos grises me observan y seguramente parezco una tonta ahí parada mirándolo como si fuera la primera vez que miro algo que no fue hecho en este continente.
— ¿Raina Cruz? —repite.
— Buen día. —decido hablar al fin al volver a escuchar mi nombre.
— Entonces sí es usted. Eso es bueno considerando que no tengo que disculparme por confundirla con otra persona. Soy Simon Martins.
Estrechamos nuestras manos y me sonríe. Juro que tiene la sonrisa más pícara y astuta de todas las que he tenido el placer de ver en mi vida. Yo sé que sigo luciendo como una tonta porque él continúa observándome y se ríe. Me invita a seguirlo y, mientras obedezco sin emitir palabra alguna, compruebo que no me he babeado. ¡Definitivamente estoy muy mal!
— ¿Normalmente es así de callada?
Ladeo la cabeza y pestañeo un par de veces y entonces me río. Así, como si hubiese dicho un chiste. No es una risa nerviosa o tonta, es una risa real y él se ríe también como si estuviéramos manteniendo una divertida conversación. Suspiro y me siento mejor. Su oficina es grande pero aun así se siente muy cómoda. Poco a poco me relajo.
— ¿La verdad? Jamás. —respondo.
— Es bueno saberlo entonces. —sonrío.— Tenía días esperando esta entrevista.
— Eso dice mucho, considerando que yo soy quién debe desearla más porque necesito este trabajo, en serio lo necesito.
— Y por ser así de directa ya lo tiene. —me río con ganas otra vez.
— Lo siento, debe pensar que soy, además de directa, imprudente.
— No lo creo. Sabe comportarse, puedo verlo en su cara. —dice haciendo una mueca que quizás pensó que se vería como una sonrisa.— Ahora solo está siendo espontánea, o eso espero.
Me hace una serie de preguntas muy básicas que tienen sus respuestas en mi currículum vitae que se encuentra justo en su escritorio pero aun así parece interesado en escucharme responder cada una de ellas. A veces se ríe, otras veces sonríe y en otras ocasiones solo asiente. Cuando se queda completamente serio y me examina, tengo que hacer un enorme esfuerzo por continuar hablando y respirar al mismo tiempo. Debería pedirle que me coloque en un lugar en el que no deba verlo nunca más. No creo que sea una muy buena idea tenerlo cerca durante una jornada de trabajo.
— De acuerdo, me gusta. —dice luego de un rato.
— Usted también me gusta. —respondo automáticamente. Me sonrojo de inmediato.
— Eso está bien. Es importante agradarle a mis empleados, ¿no es así? —asiento suavemente.— Correcto. Creo que es todo.
— ¿Es todo? —ahora él es quién asiente.
Durante algunos segundos no puedo descifrar qué es lo que ha pasado. No sé si he conseguido el trabajo o si necesito regresar a casa y revisar los periódicos de mi abuela en la sección de "empleos de porquería". Ya sé, no se llama así exactamente, lo sé demasiado bien, pero es lo que puedes leer entre líneas.
Decido arriesgarme y hacer una broma al respecto. Está más que claro para todo aquel que me conoce que mis chistes son realmente malos y hasta un tanto desagradables, pero justo en este momento no siento que la vergüenza sea algo por lo que deba seguir preocupándome.
— Supongo que sí yo le gusto y usted también me gusta, es razón suficiente para que podamos estar juntos en esto, ¿no?
De acuerdo, no hice ninguna clase de chiste, no sé qué estaba pensando exactamente, aunque de igual forma fue un comentario muy estúpido, pero él se ríe fuerte y sus ojos se entrecierran. Nuevamente me sonrojo porque definitivamente soy muy consciente de que se ríe de mí y de mis comentarios fuera de lugar. Si ya había pensado en contratarme, estoy segura de que va a reconsiderar esa idea.
— Supongo que será un verdadero placer trabajar con alguien a quien parece que en verdad le gusto y que claramente me gusta también.
Abro los ojos de golpe y veo mi reflejo en el espejo que se encuentra justo encima de la cama. Siempre pensé que era una enorme tontería poner eso ahí pero precisamente ahora me agrada y no tengo idea del por qué, quizás sea porque puedo tener un poco de control mientras me miro y puedo mirarlo a él también. De algo sí estoy segura, mis ojos marrones se ven negros y mi cabello castaño está hecho un desastre.
No quiero moverme porque no quiero despertarlo. Escucho su respiración justo detrás de mi oreja dada la posición en la que me quedé dormida, con mi cabeza encima de su brazo y su cara escondida en mi hombro. Soy una idiota por estar así justo ahora. El alcohol sigue en mi sistema, lo puedo sentir, y estoy recordando muchas cosas que se suponía que debía olvidar con esos tragos... misión fallida. Él se remueve a mi lado y besa mi cuello; se me eriza la piel, pero puedo jurar que no es por la razón correcta.
STAI LEGGENDO
¿Quién mató a Raina?
Storie brevi¿Cuánto tiempo puedes ocultar la muerte antes de que todo el hedor comience a percibirse? Raina está muerta pero nadie se ha dado cuenta, nadie sabe que alguien mató a la chica de cabello castaño que solía sonreír y correr a toda prisa. Nadie lo sab...
