Entre el bien y la maldad existe un límite. En la lejanía del refugio en donde los buenos se mantienen a salvo intentando no corromperse y vencer contra la maldad, una joven ángel de 17 años camina alrededor de los límites que se estipulan por el dios de la nobleza y pureza. Un ángel en el cuerpo de un perro persigue a la joven de manera cautelosa, vigila que un alma pura no sea corrompida y de serlo ser el mensajero que le comunique al dios de la nobleza y pureza lo que ocurra. La joven se siente algo fuera de lugar, perdida. Ella sin duda alguna no es un ser malo ni lleno de rencor, no obstante, siente que algo dentro de ella falta o anda mal. La única manera que encuentra para olvidarse de todo y de todos por un momento es ir a dar un paseo, lejos de todos. Ella sabe bien que quizás esa idea que en el principio creyó buena, se puede convertir en un gran error. Ve el árbol de gran tamaño que indica que está más allá del límite estipulado, mas no se detiene y sigue adentrándose a lo que vendría siendo la clara señal de traición. Ella no planea traicionar a los suyos, mas no se detiene al saber que está haciendo algo prohibido. Mientras ella sigue pensando en eso que le hace falta en su corazón, puede notar al otro lado de la colina en donde ella está, el panorama de la maldad. Todo a partir del límite de entre lo bueno y malo está a oscuras. Luces que parecen antorchas de fuego brillan en la lejanía, dando indicios de que la maldad sigue esperando que un alma pura intente sobrepasar el límite. Ella sabe que cualquiera que se acerque a aquel lugar no le dará tiempo ni para pensar en lo que está haciendo, porque será consumido al instante por la maldad y la oscuridad que allí habita. Sin embargo, justo antes de la línea que marca la entrada al lado oscuro, ella se mantiene de pie. Ella observa lo tan oscuro y vacío espiritualmente que se ve aquel lugar. Una parte de ella tiene curiosidad de entrar a aquel lugar, mas sabe que nada bueno le esperará allí adentro si decide entrar. Ella no cruzará la línea, ella sabe que por más intrigante que es aquel lugar, ella no lo debe cruzar. Mira para el suelo y nota sus pies sucios. Cuando levanta la vista un espectro oscuro se presencia justo delante de ella. Ella lo mira asombrada y con intriga, mas no corre ni grita pidiendo ayuda. El espectro la mira ladeando la cabeza mientras sigue flotando en el aire. Ella lo observa completamente, viste de negro. Sus ojos se ven como los de alguien normal, mas en lo más profundo de ellos se puede percibir algo diferente, algo que seguramente no será tan bueno como parece. Él le extiende la mano y le ofrece traspasar la línea, ella lo piensa unos minutos, agarra su mano, cruza el límite sin siquiera mirar para atrás y lo sigue, dejándose llevar por ese magnetismo desconocido. Los caminos son oscuros y confusos, pero la compañía del espectro evita que ella se pierda. El ángel sigue a la joven con cautela, viste con trapos negros dando la impresión de ser como uno de ellos, y al no serlo, corre el riesgo de ser descubierto y romper el tratado de miles de años que tienen los de alma pura y los de maldad. Cualquiera que cruce el límite queda en completa merced del guardián del límite y entrada del templo de oscuridad. Él puede decidir el destino de cualquier ser que cruce el límite, ya sea matarlo, condenarlo a tortura infinita o convertirlo en uno de ellos. En esta ocasión, el espectro tiene grandes planes para la joven. Él sin palabra alguna le muestra el lugar del cual está a punto de pertenecer. Ella solo ve todo a su alrededor con curiosidad y se pregunta qué es lo que encuentran malo en ellos, a simple vista todo parece normal, nada lleno de tanta maldad como dicen y parecen. Pronto ya se encuentran en una oficina algo diferente a lo habitual. El espectro se acerca a una mujer, de cabello negro sujetado en una coleta de caballo, con un traje negro ajustado a su cuerpo y le susurra en el oído que la joven es la indicada y que se quedará con ellos. La mujer sin pensarlo dos veces se niega, no está de acuerdo con lo que él propone.
—Tan solo mírala, no es una de nosotros —dice la mujer mirando de pies a cabeza a la joven vestida con un traje blanco, esta tiene unas llagas en los muslos y solo ellos saben el porqué de eso.
Ambos se quedan observando la piel de la joven, mas el espectro y guardián del límite mantiene su postura y como es el único que tiene control sobre ese tipo de decisiones la acepta para que se una a ellos sin importar la oposición de la mujer.
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Eclipsando lo inevitable
General FictionRachel se sentía perdida... Damián se sentía vacío... Aunque ambos son completamente diferente, una misma historia oculta los une y aunque no debió haber pasado, ocurrió lo inminente: "Eclipse entre lo inevitable."
