Cuando lloraba, todas las formas a su alrededor cambiaban.
El azul se volvía un objeto ovalado, el río se derretía, el sol se aplanaba y las uñas quemaban.
No tenía idea.
Ella volvió en sí. Estaba pensando en cosas sin sentido.
Encontró una falla; En aquel infinito negro había una pequeña mancha. Se acercó lo más que pudo, con sorpresa.
Aquello no era una mancha, era en efecto, una falla.
El negro estaba roto.
Y de ese roto, surgía un color amarillento, indescriptible para aquella criatura.
La tocó. Y pudo sentir, por primera vez, que el negro no era infinito.
Aquello era una pared. Y la luz que surgía de la falla, era simplemente la puerta hacia el verdadero comienzo.
En ese momento se percató, de que todos aquellos momentos en los que tuvo conciencia de su existencia, había estado viviendo en la nada.
Sin pensarlo mucho, golpeó con todas sus fuerzas aquella luz. En un segundo, el negro se llenó de resplandores amarillentos, blanquecinos, rojizos, verdosos y azulados.
Había descubierto un nuevo mundo.
Verdes y texturados objetos se movían de manera suave, todos hacia el mismo lado. Por una fuerza que estaba fuera de su comprensión.
Más arriba, entre pinceladas blancas, había azul.
Comenzó a sentir algo que jamás había sentido. No solo podía ver, sino que también podía escuchar.
Un sonido extraño, repetitivo y agudo se repetía constantemente. Unos objetos de aspecto peludo y con formas extrañas, se encontraban flotando alrededor del sol. Estos eran demasiado pequeños, ella los intentó atrapar con sus cuadradas formas, pero no pudo. Con el tiempo se daría cuenta, de que un objeto no era solo pequeño y grande. Sino que podría estar lejos o cerca.
Quería salir de aquella nada, pero se percató de que su naturaleza era muy diferente a la de tan bella alucinación. Sus formas no encajaban, no tenían sentido en aquél mundo.
En eso se le ocurrió una idea. Imitar el aspecto de aquella extraña realidad.
Mientras más lo pensaba, sus formas definitivamente comenzaron a cambiar.
Hasta que lo logró. Sus formas tenían otras dimensiones. Tenía color y sombras.
Comenzó a tener una nueva sensación. Los objetos que había creado, tenían vida, pero a su vez, estaban atados a si misma y ella los sentía. Al final resultó llamándolos extremidades.
Convertida en un manojo de ramas, flores, tierra, pasto y pequeñas aves. Se encaminó hacia aquel desconocido pero emocionante existir.
