Capítulo único

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Se encontraba paseando por el edificio, iluminado psicodélicamente por reflectores multicolores en lo alto. La música retumbaba ensordecedora, no le importaba realmente, vagaba sin saber realmente qué hacía allí.

Es cierto que sólo estaba ahí porque sus amigas la habían invitado, no se negó pero realmente no esperaba mucho de esa noche. Mientras miraba a su alrededor veía grupos de amigos y parejas, estás últimas le recordaban la insistencia de sus amistades porque buscara un amor. El mundo y la vida se habían encargado de hacerle creer que no valía como mujer, ella se encontraba en una etapa de auto aceptación y auto descubrimiento. Lo primero debido a su cuerpo, que no era feo, pero habían bajado tanto su moral al punto de lograr que no llegara sentirse conforme con él. Lo segundo para ser ella misma nuevamente, para no dejarse caer, para encontrar algo en su interior que la sostuviera en sus momentos más difíciles.

La noche transcurría lentamente. Era extraño, si bien no se divertía extraordinariamente, tampoco se sentía incómoda.

Continuaba su recorrido por el local, cuando divisó una mirada que la seguía a cada paso que daba. No podía distinguir en la oscuridad de quién se trataba, pero la familiaridad la embriagó. Su interior empezó a enloquecer, no con mariposas, ni fuegos artificiales, sino con un anhelo y una paz que no le permitía reaccionar. Desvió la vista y luego la volvió a posar en esos ojos oscuros y brillantes , apenas iluminados por pequeños hilos de luz que escapaban de su camino veloz hacia los alrededores, seguían escrutándole. No sintió en ellos lujuria, sino pasión, dos cosas muy diferentes pero muy fácil de ligarse; acompañada de ilusión y ansias. O, quizás, era ella quien transmitía todo eso por medio de sus faroles café. Se animó a mostrar un intento de sonrisa, coqueta, tímida y sincera.

No esperó más y se marchó de ahí, dejando a ese familiar desconocido sonriéndole de la forma más hermosa que jamás hubo visto. Sólo ese instante le bastó para ser feliz, para sentirse bella, para recordarse que era una mujer poderosa capaz de robar miradas, de generar sonrisas y despertar fantasías platónicas tanto en ella como en los demás con su actitud.

Se dirigió al baño, miró su reflejo en el espejo como tantas otras mujeres en ese momento y mismo lugar. Pero al observarse ya no encontró a la chica de la que huía y no podía escapar, se vió a sí misma: valiente, divertida, hermosa. Lista para volver a enfrentar al destino, encontró algunas palabras para auto definirse. Se encaminó a la pista de baile envuelta en la fabulosa atmósfera cargada de psicodelia, desprendiendo confianza, haciendo que la gente pensara de ella al pasar su mantra desde ese momento.

Simplemente como soy, soy perfecta.

Al llegar a un espacio sin mucha gente alrededor, comenzó a contonear las caderas, subió sus brazos uniéndose por las manos a la altura de su rostro. Se permitió darle vía libre a su ya alborotado cabello para danzar a su mismo ritmo. Mientras ondeaba sensualmente su anatomía, sintió una mano ardiente rozar levemente su cintura; observó de reojo y lo reconoció. Supo quién era en ese instante, lo reconoció para sus adentros y se juró que algún día se lo diría. Se giró para bailar con él, ahora que ella misma se quería, sabía porque le era conocido. El misticismo que lo envolvía se suplía por la magia de su cercanía. Ahora que se amaba, podía reconocer a quién "el mundo", bajo esas cegadoras estelas, le presentaba, al amor de su vida. Siempre estuvo ahí y su corazón lo sabía pero necesitó estar lista para aceptarlo. Ahora sólo podía demostrarle su verdadera esencia y fusionarla con la suya en algo mucho más precioso que un deseo o un sueño, en una realidad juntos.

PSICODELIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora