Wants to quit all of her jobs, sell her house and move along.
Sus ojos rojos e hinchados, la habitación de oscuras paredes llenas de humo sofocante para ambos pulmones que cada día se volvían menos vírgenes a causa de malas yerbas.
Acercó nuevamente el canuto a su boca, tomando de él y manteniendo el aire por unos momentos, para luego soltarlo y esbozar una triste sonrisa.
Todo era en vano.
Pensó, negando rotundamente con su cabeza. ¿Cuánto tiempo llevaba así? Con seguridad, unos dos meses, lo que tardaban en acabarse sus vacaciones, las cuales creía haber desperdiciado de la peor manera.
Ya no tenía un recordatorio exacto de cuantas niñas con buenos atributos habían entrado a su habitación con fines sumamente subidos de tono, todo con tal de olvidarse de aquel muchacho de cabellos claros y bellos ojos de color avellana.
La idea cayó a él cómo una realidad innecesariamente dura.
Two Feet dejó de sonar en aquel saturado parlante de tamaño mediado y color negro, para darle pasó a la alarma de su celular, la que tomó la atención del sujeto al instante. Quedó sorprendido con lo que la pantalla de su celular dictaba.
Viernes, 8 de marzo.
6:40 AM.
No podía creerlo, definitivamente era una broma. No podía creer que en toda la noche, no había descansado en ningún momento.
─ No dormí ni una weá. ─
Siseó, revolviendo su cabello. Se levanto de su escritorio, tirando su celular a la cama sin algún miedo de que este pudiese caer al piso. Acto seguido, se levantó de aquel escritorio en el que estuvo toda la noche perdiendo la hora, para dirigirse al baño para tomar una ducha.
En agua caía sobretodo su cuerpo, mientras con sus ojos pesados y mente ocupada, no podía dejar de pensar en que lo iba a volver a ver.
Era evidente, en algún momento tendría que suceder, no iban a poder evitarse toda la vida, pero no, no se sentía preparado para eso. Aún no. Aún sentía miedo.
Pensó en faltar, al final, ¿quién diablos asistía a clases el primer día? nadie.
Pero, lamentablemente eso no estaba en sus posibilidades, porque aunque sus papás se hayan estado alejando de su hogar por temas todos referentes a su trabajo, no había día en que la madre del niño no llamara al colegio para preguntar por él y sí había asistido a su clases cómo era correspondiente.
Estaba actuando cómo un cobarde, y aún no estaba seguro si la razón de su comportar era del todo justificable de todos modos.
Salió de la tina, mirándose en el espejo por unos momentos, con su cabello negro goteando y una toalla a la cintura siendo eso lo único que cubría su cuerpo.
Siempre había sido elogiado por tener una linda figura, su suave cabellera, sus dientes dignos para un comercial de pastas dentales y su identificable gran altura. A la vista de varias personas, él era un chico tan guapo que podría rozar la perfección, y ha pesar de todas aquellas palabras que para él no tenían tampoco algún tipo de valor, no podía ver eso. Lo único que podía ver cuando se observaba al espejo, era un chico triste, con los ojos cansados y vacíos.
Salió del baño. Se vistió, comió algo y tomó algo de dinero de la cocina para irse a tomar un colectivo que lo llevaría al peor día de su vida.
─ ¡Bienvenidos sean una vez más al Liceo Estella Ávila Molina de Perry! Queríamos dar un saludo inicial a nuestros alumnos, pero sobretodo a nuestros chicos nuevos que vienen llegando por primera vez a nuestro hermoso establecimiento. ─
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Inevitable.
Short Story"Álvaro está confundido, y Javier no lo ayuda para nada a resolver sus dudas." Generó: romance, fluff, comedia. Fecha de inicio: 30-07-2019 Fecha de finalización: sin finalizar.
