Y ahí va él, paso lento y decidido con unas piernas temblorosas. No se ha cortado el pelo, pero al menos sí se ha afeitado. Su traje negro le queda apretado y los pantalones parecen querer caerse.
Dimitri va con una sonrisa de mejilla a mejilla, pues de oreja a oreja sería doloroso. Chistes a parte, se le nota feliz. Esa no es una sonrisa normal, es la típica sonrisa tonta de enamoradito. Casi la misma sonrisa se dibuja en mi cara al ver a la persona que me ha ayudado a crecer, a entender las cosas desde otro punto de vista y sobretodo la que me ha apoyado y querido desde que me vió por primera vez. Tras la caminata y el discurso mi hermano la besa, sellando así el matrimonio.
Después del discurso de mi madre me toca entrar en acción. Me dirijo al altar y mirándole con una lágrima recorriendo mi mejilla empiezo a enunciar momentos, tanto buenos como no tan buenos; pero todos para el recuerdo. -"Podría comentar tantas cosas... Mis piques con los juegos, partidas de pádel, anécdotas individuales y de ambos...
Doy las gracias al ya hombre que me ha visto y ayudado a crecer, al que me acompañó en momentos difíciles y al que fue mi mejor amigo y a la vez mi hermano. Tuve suerte de tenerte y tú tuviste suerte de nacer con tanta paciencia. Mucha suerte"-
