Todo era perfecto ahora.
Si, éramos prófugos de la justicia, nos buscaban hasta el culo de nuestras madres... pero éramos felices, juntos.
Habíamos hecho todo lo que estaba en nuestras manos para poder estar juntos, en este mundo en el que amar a alguien de tu mismo sexo es la mayor putada de todas. Vaya mierda de mundo.
Y nosotros lo habíamos logrado. Lo habíamos conseguido. Era lo mejor, era la vida de verdad, para mi era el puto paraíso. Yo amaba a Gio... era mi pequeño. Era mi razón de ser. Era mi amor, mi novio, mi esposo. Era mi existencia. Era lo único que necesitaba. Era mi medicina.
Pasamos por muchas cosas juntos. Yo soy tres años mayor de lo que el era. Nos conocíamos desde que yo tenía seis... y el tan solo tres. Era mi pequeño. Siempre se lo decía y el se molestaba conmigo. Me encantaba mirar ese lindo lago morado... mientras amanecía. El siempre me dijo que los amaneceres le encantaban. Decía que si debía morir alguna vez, quería que fuera viendo el amanecer, junto conmigo. Me encantaba estar con el, escapar con el, vivir la aventura con el. Era mi todo. Mi mundo era perfecto.
Pero todo se fue a la mierda. Odio este mundo, a su gente, todo. Odio al maldito gobierno, aquel que persigue y mata a homosexuales. Los odio porque... ellos me arrebataron a Gio. Ellos me quitaron mi razón de ser. La mitad de mi Alma murió con el.
Una bala, mientras corríamos. Nos habían emboscado, estábamos escapando y entonces... un maldito francotirador, David Lopez, el mayor hijo de puta de toda la humanidad, que como ya sabes, pude llevarlo a la tumba después, pero eso no me regresó a Gio.
Me rompió verlo sangrar, en su pecho, el lado izquierdo, posiblemente en la aorta. Le dieron un puto balazo en la maldita aorta. Lo levanté y lo cargué. Íbamos hacia un lugar: nuestro lago favorito, nuestro lugar especial. Era difícil llegar ahí, solo nosotros dos conocíamos ese camino.
Al llegar ahí lo recosté en el suelo, intentando parar la hemorragia. No tenía pinzas, no tenía nada. No podía sacar la bala, no podía parar la hemorragia. Solo podía llorar y suplicar encima de el porque no me abandonara, porque no se fuera.
Y entonces el lo dijo.
"Mira mi amor... está... amaneciendo... es... la mejor muerte de mi vida... te amo... vive... yo te estaré esperando"
Me acarició una mejilla, limpiandome una de las tantas lágrimas que estaban cayendo, me atrajo suavemente hacia el y me besó. Nuestro último beso, nuestro beso de despedida.
Cuando decidí separarme de él, ya estaba muerto. Habían pasado no se cuantos minutos y yo no quería dejar de besarlo, pero el ya no estaba. Lo miré. Tenía sus preciosos ojos cerrados y una sonrisa en esos labios que tantas veces besé. Abracé a su inerte cuerpo y lloré como nunca.
Después decidí dejar su cuerpo en el lago. Era muy profundo, nunca nadamos allí. Su cuerpo se hundió por la falta de oxígeno y de vida. Fue la última vez que lo vi.
Siempre he esperado que ese maldito francotirador se esté quemando el el infierno. La vida siempre te devuelve lo que tú le das después de todo. Y aquí estoy, 15 años después de que te fuiste. Escribiendo como puedo en el diario que ambos llenabamos todos los días, intentando que las gotas de sangre no llenen estas preciadas páginas. Gio siempre escribía. Siempre me dijo que mi letra era horrible.
Y aquí estoy, sonriendo por primera vez en 15 años, con el mismo agujero que te mato, en el pecho, respirando con dificultad, tosiendo un poco, pero sonriendo.
Sonrío porque veo tu mano estirada, tu brazo, tu hombro... tu hermoso rostro. Veo como me sonríes con ternura, como estuviste esperándome. Todo se vuelve negro y después...
Estoy contigo de nuevo.
"Hola mi amor... no sabes cuánto te extrañé"
Fueron tus primeras palabras.
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Fueron tus primeras palabras
Short StoryEsta es una historia que creé cuando acababa de terminar una serie, así que es bastante triste, pero bonita .
