CAPÍTULO 8 - Disparos

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        Sentía el calor, el aire hacía que mi pelo rubio se moviera. Nunca estuve muerta, pero Ethan ya no está, ahora es como estarlo.

        - Gwen, ¿por qué no comes tu cereal?

        - No es nada mamá, no tengo hambre.

        - Ya han pasado semanas desde que saliste del coma, deberías estar comiendo bien. Ya estás lista para lo que sea. 

        - ¿A qué te refieres?

        - Gwen, cuando no estuviste, aprendí a defenderme, no sabes cuando necesites pelear. Hoy mismo te llevaré a un entrenamiento.

        Me tomé todo esto por sorpresa, pasan tres semanas de mi "vuelta a la vida" y me enseñarán a usar un arma. 

           

        Mamá condució hasta un lugar que tenía un cartel gigante "tutoría en armas y defensa personal privado". Mamá se despidió de mí, entré. Encontré a un chico más o menos de mi edad, se ponía unos guantes.

        - Disculpa. ¿Sabes dónde está el tutor? - Pregunté.

        - Lo estás mirando. 

        - ¿Tú? - Miré a ambos lados.

        - También me alegra conocerte. - Dijo en un tono sarcástico. - Soy Cory Davis, seré tu tutor en defensa personal. Aprenderás también a usar un arma.

        Comenzamos a entrenar. Cory me puso frente a un saco de boxeo.

        - Golpea lo más fuerte que puedas.

        Lancé un puñetazo. No se movió ni dos centímetros. Cory me dio la espalda y comenzó a reír.

        - Eso fue patético, ¿verdad? - Pregunté.

        - Nada mal, para una chica nueva. - Siguió riendo. - Seré tu saco de boxeo. - Cory se posicionó al frente, no era tan alto, pero me superaba. - Dame una patada.

        - ¿Una patada?

        - Hazlo, antes de que me arrepienta. - Sonrió.

        Lancé una patada a su costado, ni un movimiento.

        - Me hizo cosquillas. Te lo haré más fácil...

        - Gwen, ese es mi nombre.

        - Bien. Golpéame en un punto débil, quiero saber qué habilidades tienes.

        Pensé en golpearlo en el punto débil de todos los hombres. "Mis manos no pasarán por ahí" pensé. El pecho de Cory estaba marcado, al igual que su abdomen. Lancé un golpe a la cara.

        - ¡Ouh! ¡Gwen! Creo que me rompiste la nariz. - ¡No lo puedo creer! He hecho sangrar a alguien. Su nariz comenzó a sangrar.

        - Lo siento, de verdad. - Comenzamos a reír, aún con su sangre en la cara. - Esto se ve horrible, ven.

        Saqué un botiquín y le curé la herida. No dejaba de mirarme mientras lo hacía.

        - Gwen, tienes el puño caliente.

        - ¿Eso crees? - Sonreí.

        - Sólo me tomaste desprevenido. Tuviste suerte. - Caminaba hasta el mi mochila y resbalé, Cory me sostuvo. 

        Nos observamos a los ojos. Me alejé, comencé a arreglar mi cabello y el fingía toser.

        Llegamos a la parte divertida: Tiro al blanco, pero con un arma.

        - Veamos cómo lo haces Gwen, cuidado si le rompes la nariz a la pared. - Sus camisuras se elevaron.

        Colocó una 9mm en mi mano, tenía una máscara y unos guantes de protección.

        - ¿Sólo es disparar al blanco?

        - Justo en el centro Gwen.

        Disparé seis veces, a penas llegué al tercer círculo. Giré la vista hacia Cory.

        - Te ayudaré. - Tomó la pistola y acertó de un solo disparo.

        - ¿Ahora me ayudas a mí? - Dije. 

        Cory se colocó a mis espaldas con las manos sobre el arma, sentía sus abdominales trabajados. Disparé con su ayuda dos veces y lo logré.

        

        Ya me preparaba para irme, vi como Cory se desprendió se su franela. Estaba sudoroso y aún así su pelo oscuro brillaba. Era hermoso. Se acercó hacia mí.

        - Oye Gwen, - Dijo mientras se vestía con una camiseta verde oscura. - ¿Podríamos salir un día?

        - ... - Sonreí. - Lo siento, no salgo con mis tutores. - Cory lanzó una risita y me observó.

        - Algún día tendrás que hacerlo, algún día Gwen. - Se alejó riendo.

La FugaWhere stories live. Discover now