Parte 1

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Empecé a caminar mientras la lluvia caía sobre mí, no me molestaba, miré hacia arriba tratando de enfocar mi vista, maldije el haber olvidado mis lentes, solo a mí se me ocurría salir en pleno apagón para buscar velas, creo que pude escuchar la voz de mi madre "Siempre tenes que tener velas por cualquier eventualidad" y yo solo asentiría con mi cabeza olvidando que lo dijo; mire hacia los lados, al no ver ninguna luz empecé a caminar, iba tan metida en mis pensamientos que no sentí la frenada del auto o eran los bocinazos que estaba dando, solo sentí cómo mi cuerpo era desplazado violentamente hacia el costado y todo se volvió oscuro.

-Chica de diecinueve años, blanca, fractura de cadera, gran pérdida de sangre –dijo el paramédico al médico que lo había recibido en el hospital.

-¿Algún otro accidentado? –preguntó.

-No, estaba sola.

El médico la llevo al quirófano. Esperen un minuto, ¿Cómo ella va a saber que la están llevando a sala de operación? Un poco de cordura, dios mío.

Abrí los ojos, estaba sobre una cama esponjosa, me bajé de ella y salí hacia afuera, estaba todo oscuro, busqué el interruptor y todas las luces se prendieron, la habitación era sumamente espaciosa, abrí la puerta y me recibió mi abuela, eso era bastante raro porque yo recordaba que ella había muerto hacía dos años pero no le di importancia capaz que era la anestesia que me habían puesto, seguí caminando y me empecé a cruzar a toda mi familia, en ese momento, me detuve... no podía ser cierto

-¿Dónde estoy? –dije mirando a mi abuela.

-Estas en el cielo –dijo mirándome sonriente.

-No... no puede ser, ¿Estoy muerta? –la miré.

-Sí cariño, lo lamento mucho.

-Rosa... no la asustes –miré al que había sido mi abuelo. –Todavía no es tu hora cariño, solo tienes que despertar.

-Aumenten la potencia, la estamos perdiendo. –El médico le dio otra descarga.

-Tenemos pulso, doctor está estable –dijo la enfermera sonriendo.

Abrí los ojos con miedo, solté el aire cuando me di cuenta que estaba acostada en una cama de hospital y noté que una enfermera me revisaba el suero, ella me sonrió y se fue atravesando la puerta, refregué mis ojos, me estaba volviendo loca. Miré hacia el frente para ver entrar al doctor

-¿Cómo estás? –me dijo.

-Creo que bien –dije mirando hacia el costado donde estaba devuelta la enfermera.

-Bueno, Señorita Carsaniga tuvimos algunos contratiempos.

-Sí, estuve muerta unos minutos.

-¿Quién se lo dijo? Solo yo sabía de eso.

De pronto todo se detuvo, el médico desapareció y apareció una doctora.

-¿Cómo se encuentra? Señorita Pierce... ¿Me escucha?

-No me apellido Pierce, mi apellido es Carsaniga.

-Acá en su expediente dice Nahir Pierce... ¿Está usted bien?

-Sí... sí.

-Bueno, me retiro. Adiós señorita.

Esto era muy raro, una persona no desaparecía de la nada para que apareciera otra y yo estaba muy segura de que mi apellido era Carsaniga, me acosté y cerré mis ojos deseando que todo sea un mal sueño.

-No, esto no me gusta, queda muy raro, además, ¿Por qué todo este problema? Tendría que hacerlo fácil, que se solucione rápido pero ¿qué hago? Bueno lo dejare y cuando vuelva la inspiración volveré a escribir esta historia.

EL FIN

En realidad este es un cuento que escribí para un parcial, por eso es tan corto pero espero que les haya gustado 

Estaré actualizando y subiendo mas historias

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