Dolor. Lo primero que te invade abrumadoramente. No sabes como controlarlo. Es más él te controla.
Arde, quema, el saber que ya nada va a ser igual. Desde ese preciso instante que no quieres aceptar, todo cambió.
No creo que para bien, pero cambió. Ya no hay nada que puedas hacer.
La frustración, ese sentimiento que nunca te abandona, que te hace pensar en las cosas que hiciste mal. Pero por más que pienses el mal ya sucedió.
El miedo, un maldito sentimiento que nunca jamás te deja. Es constante, pero duele más cuando lo que más temías sucede. Y tú solo puedes ver como pasa frente a tus ojos. Completamente paralizado, sintiendo el temblor en tu cuerpo, las piernas se debilitan, cuesta respirar.
Esa pérdida duele tanto que no podés hablar, porque si lo haces, aunque sea una sola palabra eres capaz de desbordar tus ojos con lágrimas. Lágrimas que duelen, lagrimas que sabes que son por ese hecho.
Va a vivir con vos, te va a seguir a todos lados. No podrás hacer nada para borrarlo, porque por más dolor que infrinja, tienes que vivir con ello. Porque era tu maldita responsabilidad su cuidado. Ahora la pérdida dolerá no solo hoy, tampoco hasta mañana. Va a doler toda tu maldita vida.
La perdí, y no pude reaccionar lo suficientemente rápido como para hacer algo al respecto. Solo vi como era arrebatada de mi vida. Ella luchó por su mejor amigo, su hermano desde chicos. El logro sobrevivir, todo gracias a ella, que dio su vida por el. Las lágrimas son incesantes, incontrolables, pero son necesarias.
Y no hay nada que yo pueda hacer al respecto más que cuidar de el, tanto o mas como lo hizo ella.
La voy a extrañar desde este día hasta el día en que me muera.
Hoy una parte de mi se murió con ella. Pero otra parte vive con él y con mi familia.
Siempre vas a estar en mi corazón y en mi memoria Pipi. ❤🦆
