Correr

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Mientras yazco de pie, jadeante y completamente sola en mitad de la gélida pero majestuosa negrura de mi alrededor, ─que por cierto se encuentra capacitada para envolverte a cada segundo que transcurre─ mi mirada no es totalmente capaz de realizar otra cosa la cual no sea permanecer perdida en la silenciosa e inquietante oscuridad de la calle. Sin embargo, mi piel comienza a percibir los estragos de no llevar puesto un abrigo en una noche tan gélida, lo cual induce a mi mente, a dejar en segundo plano todo el revoltijo de ideas que me aquejan actualmente, para centrarse en la cuestión realmente importante de todo esto, y, por lo tanto, me dispongo a seguir corriendo.

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