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i n i c i o s

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Abro los ojos en cuánto suena el despertador. Me incorporo y me desperezo para acabar de despertarme. Sigo teniendo mucho sueño, hacía tiempo que no me despertaba tan pronto, me quedaría en la cama por lo menos dos horas más, pero no puede ser. Me froto los ojos y me siento en el borde de la cama. Me pongo las zapatillas y me levanto. Mi móvil está cargando encima del escritorio, así que lo desconecto y lo enciendo. Me empiezan a sonar todas las notificaciones de esta noche. Ayer apagué el móvil temprano para no dormirme demasiado tarde, así que tengo más notificaciones de lo habitual. Las reviso por encima: un par de likes y comentarios en mi cuenta de Instagram y bastantes más en mi otra cuenta, una de frases e indirectas que nadie sabe que tengo y que está ganando muchos seguidores últimamente. También me suenan algunos mensajes de WhatsApp: del grupo de clase, donde se quejan o discuten sobre qué día es una charla que nos suelen dar los primeros días del curso; de mi padre, diciéndome que me vaya bien el día; y de mi amiga Marta, catorce. Catorce mensajes de Marta. Ignoro los mensajes del grupo, leo los cincuenta y ocho que hay por encima y no respondo a ninguno; le repondo a mi padre un 'igualmente' con un corazón y me meto en el chat de mi amiga. Son fotos de su cara y audios, quién sabe qué me explica en ellos. Miro el reloj y veo que han pasado ya casi diez minutos, si no me doy prisa llegaré tarde. Le digo a Marta que luego los oiré y me empiezo a vestir. Escojo primero la ropa interior. Elijo el sujetador blanco y el tanga negro de Calvin Klein. Me pongo el polo blanco con el escudo de mi colegio y, a continuación, la falda y los calcetines. Finalmente, me coloco los zapatos y  me los ato. Tras cojer el peine y peinar mi pelo largo y liso decido trenzármelo. Me hago una trenza que deja algunos mechones sueltos delante de la cara. Me miro al espejo y sonrío, hacía casi tres meses que no me vestía así, que no me ponía este uniforme. Me da un poco de pereza empezar el colegio, más que nada por los exámenes y trabajos. Sin embargo, a la vez me apetece para estar cada día con mis amigos y porque el año pasado me lo pasé genial, aunque da pena pensar que este (cuarto de la ESO) es el último curso con todos mis compañeros porque aunque se pueda seguir en el mismo instituto en bachillerato yo me voy a hacer por lo menos el primer año a Estados Unidos, a un conservatorio profesional de música llamado Escuela Juilliard. Además, probablemente, cuando acabe mi año en USA mi familia y yo tengamos que irnos a vivir a Francia o a Inglaterra por el trabajo de mi madre. Por eso quiero aprovechar al máximo este último año en el colegio que me ha visto crecer y la peor manera de empezarlo sería con pereza. Bajo a la cocina, donde están mis hermanos sentados en la mesa ya desayunando. Me cruzo con mi madre que me da un beso en la cabeza y los buenos días, luego sube a hacer la cama y a prepararse para ir a trabajar. Cojo una tostada y la unto con mantequilla y mermelada de fresa hecha por mi abuela; relleno un vaso de zumo de naranja natural y lo llevo todo a la mesa para empezar a desayunar con Carlota, Ariadna y Segio.  Carlota y Ariadna se levantan y corren a darme un abrazo.

-¡Buenos días, Olivia!

Yo les doy un beso a cada una y volvemos juntas a la mesa. Sergio me sonríe y sigue desayunando. Es muy abierto y extrovertido, pero a veces se pasa de chulo y se le sube la popularidad a la cabeza, aunque supongo que es por esa conexión que dicen que hay entre gemelos y mellizos que nos llevamos tan bien. Siempre que necesito ayuda está ahí para escucharme y aconsejarme lo mejor que sabe. Y es que en mi familia lo de los gemelos es el colmo porque basta con deciros que Ariadna y Carlota también lo son. Seguramente pura casualidad, ya que no hay antepasados en la familia con gemelos o mellizos que sepamos. Desayunamos los cuatro riéndonos por las locuras que salen de la boca de las pequeñas de la casa, son tan monas. Tienen todavía cinco años, porque cumplen seis el tres de noviembre. Están muy emocionadas por empezar primaria, se sienten mayores. Esta mañana, mi madre les ha hecho dos trenzas a cada una, así que están muy contentas con su nuevo peinado. Yo siempre que puedo juego con ellas y las ayudo con las manualidades y trabajitos del cole, pero Sergio las adora más que nadie en el mundo. Son su debilidad, aunque sea muy popular y muchas veces un chulo ante sus amigos. Cuando terminamos subo de nuevo para lavarme los dientes y ponerme cacao para que no se me sequen los labios. Compruebo si me falta algo en la mochila y la cierro. Como veo que aún quedan cinco minutos para subir al coche e irnos al colegio decido escuchar ahora los audios de Marta. Duran tres minutos en total. Cuando termino me río, qué joya de amiga. No le gusta, ni está enamorada de ella, pero siente una admiración increíble por una de nuestras profesoras y la ha echado mucho de menos en verano. A mí también me cae muy bien, pero a quien realmente admiro es a otro profesor: es majísimo y explica genial. Toco a la puerta de Sergio para avisarle de que ya tenemos que irnos y empiezo a bajar las escaleras mientras le respondo a Marta:

"JAJAJAJJA... por fin la podrás ver después de tanto tiempo. Nos vemos en clase, ¡hasta ahora! Te amoooo"

Subimos al coche de siete plazas: mi hermano en el asiento del copiloto y mis hermanas y yo detrás. Los dos últimos asientos quedan libres si no somos más de cinco. Mi madre arranca rumbo al colegio, rumbo al primer día de mi último curso aquí.

El último curso de Olivia AlarcónStories to obsess over. Discover now