Prólogo

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Ted estaba guardando sus cosas, preparaba lo necesario para comenzar su nueva vida lejos de aquel lugar al que se vio obligado a llamar 'hogar' por tantos años.
Ropa, dinero y algunas otras cosas tales como un par de cuadros, un peluche algo sucio y uno que otro perfume fueron a parar a una de las tres maletas que el chico preparaba con algo de entusiasmo. En tan solo doce horas se iría lejos, muy lejos, de esa espantosa casa de la que solo tiene amargos recuerdos.
Mientras rebuscaba uno de los cajones del armario en busca del estuche de sus lentes, por todo el desorden que hizo mientras empacaba sus cosas terminaron en cualquier lado, dio con algo que no esperaba ver: un cuaderno, y no, no era cualquier cuaderno, era su diario. Dejó de lado su búsqueda y tomó el deteriorado cuaderno entre sus manos. No estaba en muy buen estado que digamos: la portada estaba algo húmeda y mohosa por los años de abandonó, y sus hojas estaban arruinadas, algunas estaban pegadas entre sí, otras eran ilegibles ya que se había borroneado la tinta, solo unas pocas estaban en un estado decente. Lo miró detenidamente por unos segundos.

—Supongo que no pierdo nada sí lo hojeó un poco.—murmuró mientras miraba con algo de curiosidad su viejo diario. Sinceramente no recordaba que clase de cosas escribió en él, y de alguna forma eso lo incitaba a leerlo.

Se sentó en la cama y prosiguió a abrir el cuaderno para comenzar su lectura.

"Querido Diario...."

Fragmentos.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora