✶primera carta ✶

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Mi querido y precioso Park

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Mi querido y precioso Park

El tiempo parece un río impetuoso, llevándome consigo hacia un destino incierto mientras mis dedos se deslizan sobre el papel, tratando de capturar las palabras que se escapan como suspiros en la noche alrededor de mi cabeza. No sé cuándo fue que comencé a soltar tu mano, ni la razón por la que nos vimos arrastrados hasta este abismo de despedida y pesar. Pero sé que ahora, mientras las letras se despliegan ante mí como estrellas en un cielo oscuro, debo enfrentar la verdad que se retuerce en las sombras de mi corazón.

Perderte es como perder una parte de mí mismo, un vacío que se expande en el alma y se alimenta de los recuerdos que una vez nos unieron en un vínculo inquebrantable. Cada latido de mi corazón clama tu nombre en un eco de dolor y arrepentimiento, sabiendo que fui yo quien desgarró el delicado tejido de nuestra historia con acciones irreparables y palabras no dichas.

Cuando el amor se desvanece en las sombras del desengaño, queda un abismo de soledad que ninguna lágrima puede llenar. Y en ese abismo me hallo ahora, enfrentando el vacío de tu ausencia con la certeza de que fui yo quien lo creó con mis propias manos temblorosas. Nunca dejaré de amarte, Park, cada fibra de mi ser está impregnada con el recuerdo de tus ojos, tus sonrisas, tus gestos. Incluso ahora, mientras escribo estas palabras, tu presencia se cierne sobre mí como una sombra silenciosa, recordándome todo lo que perdí.

Recuerdo tus ojos, una vez llenos de luz y esperanza, ahora opacos y distantes, como estrellas apagadas en la vastedad del cielo. Recuerdo la tristeza que reflejaban cuando nuestras miradas se encontraban, un eco mudo de la tormenta que rugía en mi interior. Y recuerdo cómo el mundo se desvaneció a nuestro alrededor cuando te vi por última vez, tu figura alejándose en la distancia con la promesa de un mañana que ya no me incluía.

Nunca te engañé, aunque sé que mis acciones pueden haberlo sugerido. Aquella noche fatídica, cuando me encontraste en la cama con ella, fue el fruto amargo de una mentira que yo mismo sembré. Planeé ese encuentro, Park, como un acto de autodestrucción, una forma torpe de escapar de la verdad que se alzaba como un muro entre nosotros. Y ahora, mientras enfrento las consecuencias de mis actos, sé que el perdón que busco está más allá de mi alcance, perdido en el abismo de tu desconfianza y mi propia culpa.

Recuerdo nuestra historia juntos, como un libro abierto cuyas páginas se deslizan entre mis dedos con la suavidad de un susurro. Recuerdo nuestro primer beso, el sabor de tus labios, la dulzura de tu aliento contra mi piel. Y recuerdo el amor que nos unió en un lazo indestructible, un lazo que ahora se deshilacha entre mis manos como un hilo de seda al viento.

Pero sobre todo, recuerdo el día en que supe que te había perdido para siempre, el día en que tu madre vino a mí con la verdad en sus labios y el dolor en sus ojos. Me contó de tus encuentros furtivos, de tus mensajes clandestinos, de tu amorío secreto con otro hombre. Y mientras escuchaba sus palabras, un abismo se abrió ante mí, tragándome en su oscuridad implacable. Porque supe entonces que no había lugar para mí en tu corazón, que habías encontrado en otro lo que yo nunca pude darte.

Tu amigo me confirmó todo. Me contó de aquellos encuentros que tenías con ese chico, mostrándome fotos que tú le enviabas y revelándome la dirección de esa cafetería donde se veían con frecuencia. Fue allí donde tuve la desgracia de presenciaros juntos, viendo tu rostro radiante y feliz como nunca antes. En ese momento, comprendí que debía dejarte ser libre.

Me enteré de que aquel chico te había pedido que huyeras con él, y por eso decidí poner fin a todo cuanto antes. Quería que no sintieras la necesidad de marcharte de una ciudad donde ya tenías un hogar y un trabajo estable. Lo hice porque creí que era lo mejor para ti, lo más saludable. Quizás pueda parecer que actúo como un tonto, pero siento que mereces la felicidad, incluso si no puede ser a mi lado como lo fue una vez.

Te dejo, Park, con el corazón roto y la conciencia pesada, sabiendo que nunca podré borrar las huellas de mi error en tu vida. Me marcho hacia un horizonte incierto, llevando conmigo el peso de mis remordimientos y el eco de nuestro amor perdido. Pero sé que algún día, cuando las heridas hayan sanado y el dolor se haya desvanecido, encontraré la paz que tanto anhelo.

Siempre te amaré, Park, con cada fibra de mi ser, con cada latido de mi corazón. Y aunque nuestros caminos se separen en esta vida, sé que nuestro amor trascenderá el tiempo y el espacio, perdurando en la eternidad como un faro en la oscuridad.

Un pedazo de mi corazón va a quedarse aquí contigo, mientras que el otro va a irse conmigo en el tren. 

Siempre te amaré.

—Min


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