Salí de la librería un día en la que una calurosa lluvia retumbaba las calles de la Toscana. En un momento me fijé en unos ojos, vi esos ojos, unos ojos llenos de lujuria que me miraban intensamente queriendo quitarme la ropa con la mirada. Lo miré asustada al no conocer su identidad. Hizo un amago de arrancar la gran moto en la que estaba montado con la intención de asustarme. Sin venir a cuento las nubes tronaron como señal del mundo queriéndome decir que subiera con él. Corrí a sentarme a su espalda cuando arrancó la moto con la ira de mil demonios.
Me llevó entre unas carreteras desconocidas para mí. Con la rapidez de la moto solo podía divisar pequeñas manchas verdes que supuse que eran árboles. A los 10 minutos de ver manchas borrosas de diferentes colores llegamos a un edificio de nueva construcción. Miré por toda la calle, no reconocí dónde estábamos. Los edificios no guardaban secretos, los cristales de. Todas las luces del edificio estaban apagadas, no sabía qué hora era, parecía que eran altas horas de la noche. La luz de la luna brillaba acompañando a las estrellas y un silencio acompasado por los grillos era lo único que se oía. Bajé asombrada por el panorama.
Interrumpiendo admiración me agarró fuertemente la muñeca introduciendome dentro de edificio bruscamente donde me empujo contra la pared más cercana besándome apasionadamente metió su furiosa lengua en mi boca. Correspondí el beso a los pocos segundos al sentirme necesitada de unos momentos de pasión.
Llamó al ascensor mientras me agarraba de los muslos subiendo a la altura de su cadera haciéndome sentir su enorme erección haciéndome soltar un pequeño gemido de placer que él correspondió con una sonrisa en mitad del beso. Entramos en el ascensor y decidí que hora de tomar las riendas del asunto, me escapé de entre sus brazos y le quité la chaqueta y la camisa con la intención de hacerle disfrutar, sin dejar de besar sus labios.
Bajé mis hinchados labios por su cuello dejando pequeñas marcas moradas de recuerdo, seguí bajando por su abdomen cuando las puertas nos dieron a nuestro destino: una gran habitación con una cama king size con unas sábanas de color rojo de seda. Él cogió sus ropas del suelo y me empujó a dentro con gracia.
Asombrada miré abstrusa a mi silencioso compañero y él me contestó arrancándome la camiseta de cuajo dejando mi sujetador negro al descubierto, el miró mis pechos poliflágico y me tumbó sobre la cama con oscuras intenciones que se reflejaban en sus verdes ojos.
Rompió mi sostén por la mitad y dejó al descubierto mis redondos pechos con mis pezones erectos, relamiéndose los labios atacó directamente mi pecho derecho devorándolo con ansia mientras de mi boca solo salían pequeños gemidos guturales satisfaciendo a mi pareja de esa noche. Cuando terminó con la derecha hambriento pasó a la izquierda con ganas de terminar con la mitad superior de mi cuerpo.
Rápidamente me zafé de su agarre queriendo hacerle disfrutar a él. Le di la vuelta y subí mis labios hasta su abdomen dejando un rastro de húmedos besos hasta llegar a su bragueta rápidamente la desabroche y él se quitó la poca ropa que le quedaba y yo, mientras, temerosa, cerré los ojos temiendo lo que me encontraría debajo de ellos. Me cogió de la cara con sus manos.
Cautelosa abrí los ojos y vi su miembro erecto esperando a mis carnosos labios hambrientos. Se puso de pie y yo de rodillas delante de él. Hambrienta metí su pene en mi boca queriendo complacer todos sus deseos. Rodeé con mis manos su gran miembro moviéndolas lentamente, al compás de mi lengua.
Empezó a gemir más rápidamente dejándome escuchar su grave y seductora voz, cuando noté que sus manos agarraban mis pelo cada vez más y más fuerte. Supe que lo había hecho bien cuando llegó el momento clave. Vació todo su líquido en mi boca seguido de un gran gemido y sus ojos volvieron a mi, con la boca llena le miré a los ojos y me la trague haciendo que su pene volviera a enderezarse.
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Almas libres
Teen FictionMía Archer es una joven emprendedora y fuerte que después de la muerte de su amada madre debe rehacer su vida por completo para conseguir todo lo que se propone. Nada debería interponerse, todo estaba meticulosamente calculado, hasta que llegó él.
