Madre y yo nos encontrábamos frente al ataúd de mi padre. Madre no podía evitar dejar caer sus lágrimas, pero lloraba en silencio. Era una mujer fuerte, no como yo.
—Charlotte, ve a buscar a tu hermano —me ordenó mientras se secaba las lágrimas. Aún seguía manteniendo su severo tono de voz.
—Sí, Madre —asentí, por dentro feliz de que aún me dirigiera la palabra.
Me dirigí hacia la multitud que rodeaba el ataúd y, luego de lograr atravesarla, observé a una extraña mujer recostada detrás de una columna.
No pude evitar observarla con detenimiento: era completamente hermosa, con una larga cabellera castaña decorada con una diadema que tenía incrustada una gema roja que me parecía familiar. Supuse que era la esposa de algún burgués amigo de mi padre que había asistido al funeral, pues era bien sabido que mi padre sabía relacionarse con la gente.
Era un buen hombre.
Curiosa, me acerqué a ella para preguntarle sobre la procedencia de aquella hermosa joya que portaba en su cabellera.
—No es de tu incumbencia —respondió ella de forma grosera, para luego irse sin decir otra palabra.
Indignada por esa actitud grosera, que no le correspondía a una dama, intenté seguirla pero ya era demasiado tarde. La mujer había desaparecido.
Sin embargo, Madre me había encomendado ir a buscar a mi hermano, y ya me estaba distrayendo.
Luego de caminar por el pasillo, comencé a oír unos extraños ruidos, como si alguien estuviera agitando un mueble. Parecían provenir desde la habitación de mi hermano.
Cuando me acerqué, el ruido se había detenido. Noté que la puerta de la habitación estaba abierta, así que decidí echar un vistazo para ver lo que estaba sucediendo.
En ese momento, aquello que vi hizo que abriera los ojos y la boca como si fuesen platos. Aguanté las ganas de llorar y de gritar, y me fui corriendo de ahí sin fijarme de lo que tenía adelante.
De repente, sentí que mi cuerpo chocaba con algo, seguido de un grito femenino.
Había empujado por error a Alizée, por no ver hacia dónde iba.
—Perdón —me disculpé, prestándole mi mano para ayudarla a levantarse.
Alizée Montecourt era la prometida de Nicolas, mi hermano, a quien justamente yo no quería ver nunca más en mi vida. Había arruinado completamente la vida de nuestra familia, y la de esta joven.
—No te preocupes, yo también estoy algo distraída últimamente —dijo ella, sacudiendo su vestido celeste mientras me observaba con una sonrisa.
— ¿Ha pasado algo? —le pregunté, intentando olvidar por unos momentos aquello que había visto.
—Mi padre ha estado dolido por la muerte de tu padre, así que ha decidido adelantar la fecha de nuestra boda —explicó, bajando la mirada. Se podía notar cierta decepción en su tono de voz.
— ¿Buscas a mi hermano? —le pregunté.
Alizée asintió, provocando que sintiera una presión en mi pecho. Tenía que hablar con él lo más pronto posible y arreglar este problema. No podía evitar pensar en lo que pasaría con Madre si se enterase.
Y de repente, ella llegó caminando firmemente hacía mí y me golpeó.
— ¡Eres una inútil! —exclamó luego del golpe.
—Sí, Madre —asentí, acariciando mi mejilla. A estas alturas ya había logrado aguantar el dolor.
—Te pedí que buscaras a tu hermano y no lo has hecho, ¡tengo a todos mis invitados esperando! —exclamó. Su furia parecía atravesar las paredes.
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Paris, XVIII
Historical FictionLa miembro más joven de una familia burguesa del siglo XVIII descubre un increíble secreto luego de la muerte de su padre.
