Capítulo 1: Vestidos de Negro

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Todos creemos que las personas son para siempre. Que creemos que todo esta tal y como lo planeamos, pero no es así. En la casa de los Johnson, los mellizos, Zayanae y Dae, se preparaban para el acontecimiento más tristes e inesperado de sus vidas. Zayanae se vestía con un traje negro, el más simple que encontró en su armario. Dae, apenas podía abrir los ojos. Llevaba dos horas llorando por la perdida. Buscaba una camisa y un pantalón negro que ponerse, pero la desmotivación no lo dejaba pensar. Se lavaba la cara, volvía al cuarto, se sentaba en su cama a pensar, nuevamente se levantaba a buscar que ropa ponerse, se frustraba, lloraba y finalmente regresaba al baño a lavarse la cara. Era un ciclo y así estuvo hasta las doce del medio día, donde daba la hora de irse al compromiso.

Zayanae, ya vestida, busco a su hermano en su habitación. Al tener la puerta abierta, lo vió en llantos, sentado en la orilla de la cama y sin muchas ganas de abrir sus ojos. Trataba de buscar en su mente las palabras correctas para hablar con él, pero solo dió una acción... tocar la puerta.

-"Dae..."- Luego de su acción, suspiró tras su nombre y siguió su oración. -"...¿Estás listo?"- Dae se secó las lágrimas y miró a su hermana con incredulidad. Ella se puso nerviosa al ver los gestos de su hermano. Volvió a dar otro suspiro y antes de que ella siguiera con otra palabra, su hermano la interrumpió.

-"Zaya... estás mirándome, ves que estoy sin camisa y en un pantalón corto. ¿Es en serio que me estas preguntando si estoy listo?"- El chico abrumado, cubrió su cara con sus manos. Ella más nerviosa que nunca aguantó la respiración ante sus palabras. Ella no tenía las palabras correctas en ese momento.

-"Solo quería decirte que ya es hora de irnos, papá nos esta esperando en el coche afuera."- Su voz temblaba y trataba de calmarse. Su hermano siempre había sido un necio, pero pensaba que este era el momento donde cambiaría.

-"No quiero ir Zaya."- Sus manos seguían cubriendo su cara como si tuviera algo del rostro que ocultar, pero él no rea un chico de expresar sus sentimientos. Siempre fue la persona más feliz de su familia, el más sádico entre sus compañeros y sobretodo, el alma más fría de sus conocidos.

Zaya se acerco a su hermano con las intenciones de consolarlo. Cuando pudo tocar su hombro y luego recostarse de él, los llantos del joven volvieron a estallar. -"Solamente no quiero ir Zayanae. ¡Vé tú!"- Dijo Dae sin respirar bien; se sentía ahogado del dolor y del sufrimiento por lo que había pasado en los últimos días.

-"Hazlo por cumplir con la familia... hazlo por ella."- Con su última frase, terminó él envuelto en lágrimas nuevamente. Negaba con la cabeza no solo el argumento de su hermana, sino que no quería permitir que el dolor siguiera propagándose lentamente en todo su cuerpo. Lo más que podía decir era "no" a todo lo que cruzara por su mente con respecto a lo ocurrido en esa semana.

El hermano se levantó de la cama y dispuso a buscar un atuendo perfecto para despedirse de aquella mujer que tanto amaba. Comenzó a pensar en todos los momentos bonitos que habían ocurrido desde aquella navidad. El solo recordarlo se le hacía un hueco en el estomago que significaba el gran sentimiento que tenía por ella. Encontró algo, finalmente, que ponerse. Una camisa negra manga larga abotonada, unos pantalones negros de vestir y unos zapatos viejos y pulidos era lo ideal para ese trágico compromiso.

Su hermana seguía ahí, tratando desde el teléfono calmar a su padre de la lentitud de su hermano. Cuando el terminó por vestirse, suspiró mirándose al espejo que tenía en una esquina de la habitación. -"¿Todavía me tienden como sospechoso?"- Trato de mantener una conversación con su hermana. En esos momentos, los silencios incomodos no eran muy convenientes para él, sin embargo en su voz era claro ese sentimiento inevitable y también daba a entender que las lágrimas seguían presentes.

-"No, ya no."- los dos respiraron a la vez, notando una leve tranquilidad ante la noticia. Todos sospechaban que el chico más incrédulo de la escuela había matado a la chica más dulce del planeta. Claro, eso no fue así. -"Dieron el suceso por suicidio. Encontraron el arma homicida a unos cuantos metros de la escena y no se encontró ninguna huella que fuera de nosotros, solamente las de ella."-

-"¡Eso es imposible!"- dijo Dae con rudeza. La rabia de saber que no consideraron ninguna de las evidencias que había dado el ante la policía, lo envenenaba más que el mismo acontecimiento. -"Estoy demasiado seguro de que alguien lo hizo. Ella no tenía motivos para hacerlo."-

-"Dae no se trata de tener motivos, se trata de que no hubo nadie ni nada en ese momento que la detuviera. Ni si quiera un animal."- Dijo la chica tratando de calmar su poca paciencia. Ese tema se había tocado tantas veces en unos momentos que ya le fastidiaba. Ella solo quería dejar el dolor unos momentos y acabar con el funeral en ese día.

Los dos quedaron callados ante la incomodidad del tema. Estaban envueltos en una idea que nadie iba a poder clarificar. Los dos tenían mentes distintas; lo que ocasionaba distintas perspectivas del suceso de aquella noche. Los dos sabían que había ocurrido demasiado rápido la muerte más dura dentro de sus corazones. Nadie estaba preparado para perder un ser querido... nadie nunca lo esta.

-"Joseph díce lo mismo que tú. Esta seguro de que alguien la mató."- Dijo esas últimas palabras, tratando de decirle a su hermano que no estaba solo en aquella idea, pero él no lo tomó así.

-"Seguramente piensa que soy yo."- Dijo Dae volteándose a donde ella. Él suspiró y busco en algún lugar de su habitación su teléfono para partir a la funeraria. -"No tiene porqué, yo también pienso que él lo hizo."- Su hermana solo asintió ante el comentario, seguía adolorida igual ante la idea de su mejor amigo y su hermano.

En la puerta de la habitación con su celular en la mano, esperó a que su hermana se levantara para irse. Para llamar su atención, dió la pregunta más obvia para contestar. -"¿Él estará allí verdad?"- Su hermana rodando los ojos, lo miró y aclaró su duda.

-"Dae, no porque fuera tu amante, no significa que Joseph no irá a despedirse de Katerine."-

Después de tanto tiempo, Dae volvió a escuchar su nombres. "Katherine" resonó en su cabeza. Se le salieron un par de lágrimas en cada ojo pero rápidamente impidió su visibilidad con sus dedos. Los dos salieron del cuarto para dirigirse al lugar más deprimente en toda su vida.

Así es como comienza esta historia, con un trágico suceso que llevará a los amigos de toda la vida a distanciarse por las ocurrencias que tuvo Katherine antes de partir.

Katherine...

Maybe, Our Last DanceWhere stories live. Discover now