La luz de mis ojos, dije, luz de mis ojos, la luz del mundo, eso es lo que eres, la luz de mi vida. No tenía ni idea de lo que significaba la luz de mis ojos y una parte de mí se preguntaba de dondé había sacado tal disparate, pero eran las cosas sin sentido como esas las que hacían que brotasen lágrimas, unas lágrimas que deseaba ahogar en su almohada, secar en su bañador, unas lágrimas que quería que tocase con la punta de su lengua y consiguiese así disipar mi pena.
