Mi nombre es Fabricio Contreras y te voy a contar lo difícil que fue para mí tener relaciones sexuales.
Un día, tenía ganas de un poco de sexo y no quería ir al prostibulo mas conocido de la ciudad: la dieciocho. Alguna vez, todo guayaquileño ha pasado por ahí, algunos sí se ocupan(tienen relación sexual), otros solo van a ver a las chicas tomándose una cerveza. En mi caso, pasaba por ahí cuando tenia unos 10 años al salir del estadio Monumental y estaba abierta la calle Cuenca y la calle Gomez Rendon.
Cuando pasabas en el bus por la calle Gómez Rendón, podías ver a la izquierda y allí estaban las chicas haciéndote ojitos semidesnudas.
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Nunca me he ocupado ahí por dos motivos: primero, porque me podía ver algún familiar, y segundo, por el desaseo general que existía en ese lugar. Mi incapacidad para persuadir a una chica me llevó a mi única alternativa a mis 15 años: la masturbación.
Aún recuerdo muy bien esa última vez que fui. Ya estaba casado. Sí, eran las 12:30, a treinta ocho grados centígrados, se podía ver como caía el sudor por los pechos de las chicas trabajadoras, acompañado del hedor de las aguas servidas estancadas al borde de la calle. También recuerdo bien porque fui. Me había llevado un amigo.
Él tenía ese deseo de hacer caer en lo prohibido a su amigo recién casado. En mi interior sabía que no me iba a ocupar, pero quería saber hasta dónde era capaz de llegar mi viejo amigo. Su rostro radiaba de felicidad en cada momento que contaba lo sucedido a todos los panas del barrio. Solo pensaba una cosa, cada loco con su tema... esto recién empieza.