Mi compañía

6 1 1
                                        

La desesperación en mi pecho es inmensa, me siento en mi cama y miro la oscuridad que me rodea, abrazándome a mi misma, rogando porque todo esto acabe rápidamente. La lagrimas corren libres de mis ojos, se me enredan en las pestañas y ensucian los lentes, es algo que deberé preocuparme más tarde, ahora solo intento no ahogarme con el llanto que surge desde mi pecho.

Me siento sola, este vacío que voluntariamente deje en mi ser al tomar la decisión de separarme de lo que me hacia mal, de aquello que me retenía en la vieja yo, duele más de lo que creí.

La nostalgia me embarga y caigo en la cuenta de que esa relación era mi todo.

Intento contener los quejidos, no quiero que me escuchen. Quiero convencerme de algo que ya sé, pues esa decisión ha sido la mejor que pude tomar dadas las circunstancias, pero a la vez mis pensamientos traicioneros me susurran que ha sido un error del que nunca podré recuperarme. Extraño demasiado esos brazos rodeando mi cuerpo, acunandome en interminables caricias; extraño las interminables discusiones de mundos imaginarios, las historias que existían en nuestras mentes y a las que juntos le dábamos forma; extraño esos momentos de debilidad en donde solo aceptábamos nuestras falencias y nos prometíamos crecer juntos. Extraño todo eso y más.

No puedo contener los estremecimientos que abordan mi cuerpo. Siento frio y solo puedo abrazarme a mi misma. Solo estoy yo y mi soledad en esta noche. No me siento capaz de cerrar los ojos y dormir en paz. Solo quiero dejar de sentir.

Un mensaje aparece en mi celular. No es de la persona que inunda mis pensamientos, es de alguien más.

Lo leo y algo en mi corazón de alivia. Es de alguien que me conoce, quien me ha visto atravesar esta etapa; alguien que tiene heridas similares a las que sufro ahora, pero las suyas son mucho más antiguas que las mías y, probablemente, mucho más profundas. Es de alguien a quien he aprendido a querer de verdad en poco tiempo, en el cual he confiado y del cual he recibido la misma confianza en retribución. Es alguien que me ha visto cometer errores feos y aún así es capaz de apreciar un lado de mi que todavía no he descubierto del todo. Es alguien que ha sufrido embates fuertes en la vida, que a pesar de todo sigue en pie y ha confiado en mi para desahogar algunos de sus más grandes pesares, buscando mi consejo.

Su presencia, aunque sea a través de una pantalla, me reconforta. Me siento menos sola, sé que él comprende por lo que estoy pasando. A pesar de todo, intento fingir que no sucede nada, no me gusta cargarlo con mis lloriqueos nocturnos, siempre son los mismos y no hago más que repetirme una y otra vez con la misma cantinela. Aún así, mis intentos no son muy fuertes y termino contándole mi situación, ahogándome en llanto mientras las lagrimas me entorpecen cuando intento escribir.

No muchos mensajes después, él me llama. Siempre lo hace cuando me percibe en un estado lamentable. Acepto la llamada pero no hablo mucho en primera instancia, siento la garganta hinchada y cada intento de hablar viene con nuevas lágrimas. Él lo entiende y se limita a consolarme, aunque sea con las cosas que ya hemos hablado en ocasiones anteriores. En estos momentos desearía que la teletransportación existiera, ambos sabemos que estar tras una pantalla nos limita y eso a él le desespera.

Muchas veces un abrazo y el silencio en compañía de un amigo son mil veces mejor que cualquier otra cosa para consolar un corazón herido.

A pesar de todo, las intenciones cuentan mucho para mi y sé que él es sincero al decirme todo lo que desea estar conmigo para consolarme, eso me basta para sentirme mejor.

Aunque sea a través de la pantalla, siento la calidez que él emana y que me acuna en una caricia intangible. La tranquilidad se esparce lentamente por mi pecho, la tristeza aún lo inunda pero la desesperación poco a poco pierde lugar para ser reemplazada por una pesada resignación. Solo me queda seguir adelante, confiando en que el tiempo borrara el dolor que siento ahora. Él me lo reafirma. Siempre me habla con la verdad, nunca intenta endulzar los momentos con falsas verdades. Sentir esta tristeza y este dolor es necesario, es un recordatorio de que estoy viva, de que tengo sentimientos y de que lo terminado fue algo muy importante para mi que no me ha dejado libre de marca, pero el tiempo me permitirá sanar. Solo debo seguir por el camino en el cual me encuentro andando, seguir creciendo.

"Y yo estaré ahí cuando me necesites", me recuerda y sonrío. "Yo también estaré ahí para ti, no lo olvides", le respondo.

La próxima vez que nos veamos, sé que él me abrazara con fuerza por un buen rato antes de hacer cualquier otra cosa, independientemente de que yo ya haya superado este "episodio" nocturno, y yo le devolveré el abrazo por cuanto tiempo haga falta. El cariño y la preocupación entre nosotros es innegable.

Ambos tenemos el corazón en vías de reparación, cada uno tiene que lidiar con sus propios fantasmas del pasado, pero contamos con el otro para compartir una parte de todo esto, para hacernos compañía cuando más haga falta, para encontrar comprensión y aceptación cuando creemos que lograr algo así es imposible. Cada uno tiene que vivir sus propios procesos de crecimiento en los que el otro no puede interferir, pero nada nos impide caminar lado a lado, apoyándonos con la sola presencia, mientras esto dura.

No estamos solos, eso es lo que importa.

Al finalizar la llamada ya no lloro y mis ojos están cansados de tantas lágrimas derramadas. El sueño me embarga y caigo en brazos de morfeo, me sumerjo en un sueño donde la tristeza sigue pero la convicción de que todo irá a mejor flota por sobre todo lo demás. Duermo triste pero tranquila a la vez, al fin y al cabo soy un ser humano no un robot, sentir no esta mal y en algún momento todo esto quedará atrás pero, mientras esto dure, ya sé que no estaré sola. Al fin y al cabo, nunca lo he estado.

Simplemente, vivo...Where stories live. Discover now