El inicio de la gran caída

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Todo iba bien en mi ambiente; todo era, como quien diría, color de rosa. Ya estaba empezando a pasar a tercera base con mi pareja, y me había armado de valor para presentarla a mi familia. A mi madre le cayó bien, igual que a mi papá.
Aunque mi hermana fue una desgraciada… o eso pensé en el momento. Ella me dijo:
“Esa tipa no me cae, algo malo te va a hacer.”

No le di importancia.

Al día siguiente, en la escuela, ella se comportó raro conmigo.
Como yo le hablaba bien a sus amigas —porque eran mutuas—, ellas me reclamaron que qué le había hecho. Yo estaba sacado de onda, muy confundido, porque según yo no había hecho nada malo.
Eso me dejó pensando, cayendo en una confusión muy fea.

Me fui con mis amigos y me dijeron:
“¿Qué te pasa?”
Pero yo estaba perdido en mis pensamientos, así que solo les dije:
“Todo bien.”
Jugamos voli y ellos dijeron “pues va”.

Al finalizar el día, como lo había hecho durante los últimos seis meses con esa pareja, la llevé a su casa. En el camino yo empecé a pensar cosas que tal vez no iban al caso.
Y llegando a su casa, nos encontramos a su mamá. Ella me presentó, y se despidió de mí con un beso. Luego se fue con su mamá.

Eso me sacó más de onda, porque actuó como si nada.
Pensé:
“Seguro está en sus días… la siguiente semana estará normal.”

Los siguientes días pasaron con normalidad.
Conocí mejor a su familia y les caí bien, tanto que su hermano me invitaba a jugar Xbox y Play, y su mamá estaba contenta porque yo le ayudaba a limpiar la casa, los trastes, etc.
El padre también me lo agradeció porque, cuando estaba cambiando unos contactos, vi que estaba batallando para colocarlos y lo ayudé.

Hasta ahí todo iba bien.
Lo que pasó la semana anterior pensé que solo había sido un mal día.

Mis relatosWhere stories live. Discover now