Con un par de dedos toco el timbre que está situado junto a la puerta de su casa y este emite un pitido ensordecedor que rompe el silencio de la noche.
A los pocos segundos se abre la puerta. Un chico alto, de pelo castaño, al igual que sus hermosos ojos asiáticos me recibe. Con un gesto de mano me dice que pase dentro y yo obedezco.
Su casa es pequeña y está llena de cuadros, sus cuadros. Luz tenue de un par de lámparas que están apoyadas en unas cuantas cajas en el suelo. El mismo suelo que, gracias a su trabajo, está decorado con pétalos que hacen un camino desde la puerta hasta la entrada de una de las habitaciones, pequeña, acogedora.
Todo es confortable. Él, ya allí, comienza a encender un par de velas que hay repartidas por toda la estancia mientras yo me quito la parca. Por culpa de ella comienza a entrarme un sofocante calor.
Ahora prende la música, una canción lenta con la que se zarandea levemente. El final de su ancha camiseta, la única prenda que viste junto a su ropa interior, vuela de lado a lado. Cada segundo que paso en esta habitación me entra más calor. Él y su semidesnudo cuerpo. Yo y mi piel perlada de sudor.
Él, paseando de lado a lado, sigue encendiendo más y más velas, me arden las venas hasta que susurro:
-Por favor, no enciendas más velas. Me muero de calor -he rozado mi cuerpo con el suyo, terciopelo.
Entonces, el chico apaga la cerilla con un pequeño soplo. Deja sus restos sobre una mesa cercana, se acerca a mí y, de repente, siento sus suaves labios posados sobre los míos.
La respiración se me corta por un breve instante, el corazón no me late y comienza a invadirme un pequeño mareo.
Entonces, él nota que me tambaleo y deja de besarme, un corte frío. Me ayuda a sentarme en el sofá y acerca sus suaves labios a mi oído para susurrarme:
-No te preocupes, no te haré nada que no quieras. Simplemente relájate.
Y ahí es donde comienza todo.
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MILO
Teen FictionCuando dos cuerpo chocan no hay nada que les pueda separar, ni el secreto más oscuro.
