1: ¿Eso era parte del plan?

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Tengo miedo. Mucho. Muchísimo más de lo que alguna vez me atrevería a admitir. Pero también tengo curiosidad. No se qué ganaría en una batalla, si el temor de no salir con vida de aquella misión, o, de la curiosidad de lo que ocurrirá en aquella misión. No dejo que estos sentimientos me consuman. Siempre se me ha dado bien controlarme, por eso hago lo que hago. Soy sicaria y trabajo para el FBI. Estoy en mi coche, yendo a salvar a la reina de Inglaterra. Tengo que matar a una tal Niamh White. Ella va a intentar matar a la reina, pero entonces, entro yo en acción.

Aparco cerca del Buckingham Palace y me acerco a pie. Tengo que pasar desapercibida, así que, no me puedo permitir llevarme más que una pistola. Dos hombres en la puerta intentan decirme que no puedo entrar, pero yo saco un documento del FBI para demostrarles que realmente trabajo para el bien y que debo pasar. Una vez dentro, me dirijo a la sala donde sé que estarán tanto la reina, como Niamh White. Nunca he visto a Niamh White, seguro que la reconoceré nada más verla. Cuando entro, veo a la reina en un escenario bastante grande y está dando un discurso. Entre el público, distingo una cara que parece sospechosa, tanto, que me acerco más a ella. Tiene el pelo pelirrojo largo cayéndole sobre los hombros y, sus ojos marrones van moviéndose, casi en pánico, desde el escenario, hasta su mano, que está tapada con su abrigo negro. Comienza a mover las piernas por nervios y, simplemente se levanta y se va. Es ella. La he encontrado. Se dirige por unos pasillos hasta el backstage. Lo sé porque le sigo. No parece lo suficientemente nerviosa como para darse la vuelta a ver si alguien le está siguiendo. Menuda novata. Sigue cubriendo su mano con el abrigo. Cuando llega al backstage, está tan cerca de donde la reina está que casi sale al escenario, pero, en vez de hacerlo, destapa su mano. En efecto, lleva una pistola. Lo primero que hago en sacar la mía y apuntarle en la cabeza.

-Baja el arma. Tírala al suelo.- Le ordeno. Ella está nerviosa, se le nota. Intenta girarse para ver si podría conseguir dispararme antes de que yo lo hiciera pero falla. El disparo proveniente de mi pistola y el sonido de su cuerpo cayéndose al escenario, hacen que se escuchen suficientes gritos al otro lado de la cortina como para saber que todos están corriendo hacia la salida. Yo salgo con el documento del FBI para asegurarles a todos que no vengo a hacer daño a nadie. Todos intentan abrir la puerta para poder salir, pero no hay manera. Alguien ha entrado después de mi y la ha cerrado. La reina está intentando calmar a todo el mundo. No parece estar consiguiéndolo. Dirijo mi mirada a unas gradas que hay encima del escenario y veo a una mujer. Está apuntando a la reina con un francotirador. Cuando está a punto de disparar, yo corro y empujo a la reina para que no resulte más herida de lo que un empujón le hará. La mujer dispara y consigue hacer un agujero en el suelo del escenario. La reina es levantada del suelo y llevada lejos del lugar del disparo. Cuando me aseguro que estará bien, corro hasta la puerta que da a la salida y la abro. La gente empieza a correr, casi aplastando a las personas que estén delante suyo. Me vuelvo hacia donde estaba la chica que había intentado matar a la reina. Sigue ahí. Está intentando escapar. No puedo dejar que eso ocurra. Corro lo más rápido que puedo hasta donde está ella. Subo las escaleras hasta las gradas y me doy prisa para que no pueda herir a nadie más. Saco la pistola que había guardado para poder salvar a la reina y la levanto, de modo que pueda controlar lo que ocurre. Ahí la veo, apurada para guardar el arma y escapar, pero, para eso estoy yo, para detenerla.
-Ni se te ocurra hacer un movimiento más- digo con tono firme, para demostrar mi autoridad.
-¿Se supone que te debería tener miedo? Más bien das pena- ella sigue a lo suyo, recogiendo el arma.
-¿Te apetece ir a decirle eso al FBI? Porque te vienes conmigo- acerco la pistola a su cabeza y la cargo, demostrándole que no me da miedo y que soy capaz de matarla ahí mismo.
Ella se levanta, dando un suspiro. Le agarró por los brazos, todavía sujetando la pistola extremadamente cerca de su cabeza.

Andamos de ese modo hasta la salida. Ya no hay nadie en la sala. Menos mal, sinceramente, no me apetecía tener que salvarle la vida a alguien más. Salimos fuera y nos dirigimos hacia mi coche. Cuando voy a abrir la puerta, un edificio explota. Está lo suficientemente lejos como para que no nos haga daño, pero está lo suficientemente cerca como para tirarnos a ambas al suelo. Eso le da la oportunidad para escaparse de entre mis manos y de darme una patada en la mano en la que estoy sujetando la pistola. Yo todavía estoy aturdida cuando esto ocurre. De repente, noto una patada en el estómago y me caigo hacia atrás. Me levantó extremadamente de prisa y le propino un puñetazo en la nariz, haciéndola sangrar. Ella se abalanza sobre mí y me tira al suelo, de modo que ella está intentando asfixiarme. No me rindo, simplemente, consigo darle una patada en el costado. Cojo a toda prisa la pistola, que no está demasiado lejos de mi, y le apunto a la cabeza.

-Vaya, resulta que mi plan no ha funcionado- su tono calmado me toca la moral.
-Cállate o te meto un balazo en la cabeza. Metete en el coche- No dejo de apuntarla hasta que ambas estamos dentro. Le ato las manos al asiento de modo que no pueda moverlas ni atacarme.
Arranco y comenzamos a irnos. Nos alejamos por completo del Buckingham Palace y nos dirigimos, por la autopista, hacia el aeropuerto. Tengo que volver con los otros agentes. Me están esperando en un hotel en Nueva York.

-¿La explosión era parte del plan?- le pregunto, sin dejar de mirar a la carretera.
-Podría decirse, sí. Un plan B- sigue con su voz calmada. Era casi como si se lo estaba esperando.
-Buena suerte para contarles todo al FBI- le digo, como últimas palabras antes de llegar a una gasolinera a una pausa. -La necesitarás.

Me bajo del coche y me pongo a repostar. No le quito la mirada de encima. Lo intento. No lo consigo. No me da miedo que pueda escaparse. Hay algo en esos ojos azules que me intriga. Termino de repostar y me vuelvo a meter en el coche.
-¿Tan guapa soy que no puedes quitarme los ojos de encima?- dice ella, con cierto tono de superioridad.

No voy a responder a eso. Sí, es guapa. Tiene un bonito pelo marrón clarito rozándole los hombros, tiene algunas pecas en la cara y tiene esos ojos azul intenso que hipnotizan. Esa no es la razón por la que no he dejado de mirarla. Simplemente, aprieto los labios hasta que empieza a verse una línea blanca y arranco el vehículo. Esta vez, me controlo para no mirarla, pero, eso no significa que ella no me esté mirando. Sus ojos están clavados en mi. Intenta ponerme nerviosa. No quiero admitirlo, pero lo está consiguiendo. Suspiro y agarro el volante con más fuerza aún. No intercambiamos palabras hasta que llegamos al aeropuerto. Dejo el coche en el aparcamiento y escondo las llaves en una de las ruedas. No voy a volver a usarlo. La gente ya habrá visto la matrícula. Casi arrastro a la chica fuera del coche, con las manos todavía atadas.

-Ni se te ocurra- le dije, cuando intentó darme un codazo para apartarme. Esta vez, cogí la pistola y se la apreté contra la espalda. Le ordené que comenzase a andar. No seguimos al resto de pasajeros que se dirigen a las puertas de embarque. Nosotras pasamos a través de una puerta, donde hay un cartel de "Prohibido el paso". Cierro la puerta una vez las dos hemos entrado. Ahí dentro, nos encontramos con un hombre que nos intenta detener, pero, al enseñarle mis documentos del FBI, se retira y nos deja pasar. Dentro de esa enorme sala, hay más personas que trabajan para el FBI. La mayoría son de otros lugares del mundo y nunca les he visto. Les ignoro y me pongo a lo mío. Hacemos el check-in y ella pasa por el detector de metales, para asegurarme que no lleve nada. Después de quitarle una navaja del bolsillo, nos encaminamos al avión.

Ella se sienta en la ventana, yo en el asiento del medio, y, a mi derecha, un asiento vacío. Le ato las manos delante suyo y despegamos. La estoy vigilando durante todo el vuelo, por más que sea un viaje muy largo. Aproximadamente ocho horas. Se me hacen infinitas las primeras tres, pero luego, a ella no se le ocurrió hacer otra cosa que pedirme ir al baño. Suspiro y le desato. Otra vez le apoyo la pistola en la espalda, pero de modo que nadie vea que tengo una pistola en la mano. Le cierro la puerta del baño, y, no me avisa cuando sale. Se lanza sobre mi, y ambas caemos al suelo. Algunos gritos provenientes de los pasajeros, me demuestra que la gente se ha girado a ver qué está pasando. Mi pistola se me resbala de la mano. Estamos ambas pegándonos puñetazos y forcejeando en el suelo, cuando, de repente, coge la pistola y me apunta con ella en el pecho.

-¡Que a nadie se le ocurra moverse! No me da miedo disparar- dice, sin dejar de mirarme a los ojos con expresión de odio.

¿Tregua? Firma este contratoDes histoires addictives. Découvrez maintenant