No os preocupéis por lo que voy a leeros ahora, mis pequeños, solo relajaos y escuchad con atención la historia de Lykaios, nuestro pueblo.
Bien sabido es lo que ocurrió aquí hace años, sin embargo vosotros erais pequeños y no lo recordaréis, al menos no por completo o con total claridad.
Si os pido que antes imaginéis, por favor, unos campos y bosques ocupando un gran valle rodeado de montañas puntia- gudas como una flecha y tan altas como el mismo cielo, puede que incluso más, tanto que las nubes cubren sus picos cuando a simple vista el cielo está despejado y azul, como el mismísimo mar, pero eso no es lo más importante por supuesto, solo son detalles para que os pongáis un poco en contexto. ¡Ja, ja!. Prosiguiendo, en el centro hay erguido un gran castillo, con muros de la piedra más rígida que podáis encontrar en kilómetros a la redonda, aunque también es porque no hay nada más que un pueblo vecino, el que ahora es nuestro actual hogar, y con guardias en cada rincón; toda una fortaleza impenetrable, o eso quise yo creer antes de que acabaran con él. Lo cierto es que nunca hay que confiarse chicos. ¡Ja, ja!. Ese castillo es nuestro antiguo hogar. Dulce y añorado hogar. ¿Lo recordáis? Pasamos momentos realmente agradables allí -suspiro,-. Alrededor hay edificadas pequeñas casas, pertenecientes a los humildes campesinos, ahora casi inexistentes a pesar de que algunos de nuestros vecinos terminaron por formar una familia cuando crecieron, aunque antes de la catástrofe había un centenar de ellos, incluso llegaban a mil como mínimo. Éramos un pueblo a la antigua pero muy próspero, y eso, por fortuna o por desgracia, no ha cambiado demasiado, al menos en el primer aspecto. A las afueras del pueblo, en aquel lugar donde está edificada la última hilera de casas, las ocupadas por los que trabajaban el campo, se encuentra la iglesia. Son muchos los momentos que pasé en su interior, como el día que me casé con vuestra difunta madre, uno de los días más felices de mi vida después de el de vuestro nacimiento, por supuesto. Quién iba a imaginar el día de nuestra boda que su vida terminaría tan pronto y de una manera tan trágica y horrible. En fin, continuando con la descripción, seguid imaginando ya cerca de las lindes del bosque, aquel del que ahora algunos de los que antes eran criaturas inocentes como vosotros dicen que está maldito, pues fue el lugar donde perdieron a sus padres, o eso creen, ya que ellos se fueron abandonándolos aquí a su suerte, otros que simplemente los animales que se encuentran allí son peligrosos y feroces, hay una casa más, con establo y cercado para albergar a un rebaño de casi un centenar de ovejas. De esta ya no queda ni sus cimientos. Entrando en el pueblo, está la avenida principal, donde los mercaderes y artesanos colocaban cada día sus tenderetes para vender sus productos y, una vez al año, se reúnen desde varios puntos del país. Estos llegan con los carros cargados y los bolsillos vacíos y regresan a sus casa, junto a sus familias, tras una larga travesía, con grandes bolsas llenas de moneda y los carros tan vacíos como la más oscura cueva. En cierto modo una vida interesante, ya lo creo. Aunque esa vida nunca la probé, ya que yo era un simple mozo de cuadras que pasó a sirviente antes de que unirme a vuestra madre en matrimonio. Podréis pensar, ¿cuándo se suele divertir la gente en este lugar, tan diferente a nuestro actual pueblo en algunos aspectos? Pues con la llegada del verano, en el solsticio, todos los habitantes del pueblo, ya sean hombres o mujeres, adultos o niños, nobles o plebeyos, se reúnen en la calle principal y la plaza y bailan día y noche, con música y cantes. Todos visten sus mejores galas: los hombres y los niños, su mejor traje y las mujeres y las niñas, sus mejores vestidos. Y no importa la clase social, repito, todos se divierten por igual cantando, bailando y conociendo gente, algo complicado en un pueblo tan pequeño, donde las noticias vuelan más rápido que un colibrí.
Y si os gustaría saber como es el interior del bosque, nadie lo conoce con exactitud, excepto los cazadores. Solo puedo deciros que al comienzo, y sin adentrarse no más de un kilómetro, hay un precioso lago en el que desemboca un largo río que sale de las montañas, o eso dicen; donde nadan tranquilamente los peces y los patos. También hay ranas, muchos pájaros e insectos preciosos de variados colores. Algo digno de ver, ya lo creo, ¡ja, ja! Es realmente precioso y algo digno de ver al menos una vez en la vida, sobre todo en primavera, cuando crecen las más bellas flores, de diversos y vivos colores.
En resumen, Lykaios es un buen pueblo para vivir o, al menos, lo era, qué duda cabe. Esto que os acabo de describir es nuestro viejo pueblo, antes de que nada o casi nada sucediera en él. Pero para desgracia de todos, aquella paz y armonía cambió de la noche a la mañana como quien pierde una horquilla del pelo; y como tal, tampoco la recuperas.
Nuestra desgracia sucedió hace unos cinco años, aunque los hechos transcurrieron en menos de uno. Por supuesto diréis, ¿cómo en tan poco tiempo este pueblo pudo ser devastado y masacrado, acabando en la miseria? Pues es fácil de explicar, aunque antes deberíais saber una cosa: antes éramos nobles con riqueza y poder, de buena relación con nuestro pueblo y todos nos querían. Aquello era gracias a vuestra madre, de familia noble, y de que tuve la inmensa suerte de que una mujer tan bella como era ella se enamorara de mi, un humilde mozo de cuadras que pasó a ser su criado personal poco a poco, tal y como os he contado hace unos momentos, si es que me escuchábais. Ahora, tras su desdichada muerte y la destrucción de nuestro viejo castillo, aunque por suerte mantenemos intactas nuestras tierras y tenemos un techo donde vivir, perdimos toda nuestras riquezas y nuestro título de nobles, que no es nada realmente importante si no hay un rey ni unas leyes que nos de privilegios y, tal y como es la situación actual, está más que claro que eso suena una estupidez, al igual que antes si lo pensáis bien. Porque, ¿qué clase de persona se cree mejor o con más derechos tan solo porque un papel lo diga? Es toda una tontería, ¿no? Pero no por perderlo todo somos menos felices, claro que no pequeños. Aunque eso sí, hemos pasado del trabajo de la contabilidad y manejo de nuestras tierras a trabajar en ellas. ¿Quién lo iba a decir, no? ¡Ja, ja!
Aunque volviendo a lo anterior, voy a comenzar a leeros la gran devastación de Lykaios en aquel fatídico año:
Todo comenzó en las ya mencionadas fiestas del pueblo...
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Lykaios
Short StoryLykaios es un pequeño pueblo entre las montañas en el que viven como en el siglo XV, aún estando en pleno siglo XXI. Un día, en las fiestas del pueblo, un chico, Alexander, desaparece. Él será el primero de muchos asesinatos y el detonante de esta...
