Todo empieza de nuevo. Vuelta a la rutina. Quería dejarlo todo bien antes de regresar a las clases, pero fue imposible. No me atreví. No fui capaz de decirle que ya no era como antes. Que lo seguía queriendo, pero no de la forma en la que se quiere a alguien a quien amas con los cinco sentidos. ¿Por qué era tan cobarde?
—¡Andrea! Hola.
Cuando sentí sus labios en los míos confirmé una vez más lo que ya sabía. El amor, ese amor de hormigueo en el estómago y tembleque de rodillas, se había esfumado. Ya no estaba ahí. ¿De quién era la culpa? ¿De el? ¿Mía? Posiblemente, de ninguno
de los dos. Son cosas que pasan a diario. Cosas que ocurren a muchas personas. Sientes y dejas de sentir. Ya está, sin más explicaciones. Y es que nadie controla lo que su corazón decide.
—Hola, hae¿Cómo has dormido? —le pregunté a haechan, como si no pasara nada.
—No he pegado un ojo en toda la noche. Estaba muy nervioso.
—¿Y eso? ¿Por qué?
—¡Uno no cambia de instituto todos los días! —gritó el abrazándome y apoyando su cabeza en mi hombro—. ¡Y menos si ese cambio es al instituto en el que estudia tu novia!
Novia, Escuche esa inmediato me sentí culpable.
Nos adentramos al instituto y pude visualizar a Angy,así que me acerque a ella.
—Angy!! Que tal
—Andrea nos vimos ayer, cállate. Hola hae!! Cómo estás ?
Después de eso no dije nada, era normal que me hablara asi, así nos llevábamos y nos gustaba de alguna forma.
—Muy contento de que por fin estudiemos juntos!
—Me alegro de verte tan contento.
—¿Cómo no iba a estarlo? ¡Es un sueño hecho realidad! Estudiar en el mismo instituto que mi novia.
También el mío, si retrocedíamos unas cuantas semanas. Pero ahora... Ahora tenerlo tan cerca no parecía lo más conveniente. No iba a ser sencillo
verlo tanto, a todas horas, sin explicarle lo que sucedía. Aunque si se lo contaba sería peor.
Me sentía mal, pero tenía que decirle lo que sentía.
Ese sueño que el y yo compartimos varios años, yo convertiría en pesadilla si le hablaba de mis sentimientos hacia el. De ese cambio que había experimentado en las últimas semanas.
Otra vez sentí su boca rozar la mía ante la atenta mirada de Angy, que sonreía de oreja a oreja.
