Estaba un modesto joven, sentado en el parque, admirando el anochecer, había tenido una pelea en su casa, se había molestado tanto, que había optado por escaparse, e irse por un rato.
Este chico, deprimido y molesto sólo pensaba si la vida lo trataría mejor, él admiraba sus alrededores, el aroma a hierba fresca abrumaba sus sentimientos, para este punto, él no quería nada, sólo disfrutar el momento.
Algo había llamado su atención a lo lejos, era una chica, tremendamente linda y delicada, con una mirada tan dulce como una taza de chocolate caliente, él en su soledad, se esforzó por dejarla, e ir con ella.
Ella estaba sentada al borde de una fuente, él quiso actuar "distraído" para "tropezar con ella", vaya qué error fue, se acercó y la empujó al agua, él chico desesperadamente le pidió mil disculpas, había fechado a perder su "plan perfecto".
La chica, empapa estaba tumbada adentro de la fuente, el chico le ayudó a salir, con vergüenza, la chica le dijo que el incidente no importaba, ella estaba perfectamente bien, el chico le preguntó su nombre, ella, con una voz tierna y dulce respondió "Regina" "¡Ay bella Regina!" pensó nuestro enamorado chico, Regina preguntó cuál era su nombre, el nombre del muchacho que la empujó en una fuente, el chico respondió con pena "Oliver, me llamo Oliver, mu...mucho gusto señorita".
Oliver la ayudó a salir, le prestó su abrigo para que no sintiera fría y sonrió con torpeza, Regina lo vio y río de forma torpe, y sólo le dijo "te veo aquí mañana al anochecer" Oliver asintió y le dijo que podía llevarse el abrigo, ya que iban a verse muy pronto.
Regina se había ido y Oliver estaba camino a su hogar, Oliver seguía pensando en ella, mientras que recorría las frías calles citadinas, llegó a casa, y él no recordaba la razón por la que se había ido en primer lugar, vió a su madre, y le sonrió, ella confundida por la alegría y carisma repentina de su hijo, preguntó "¿Pero ahora qué te pasa" Oliver sólo la volteó a ver en el corredor, y desapareció entre la oscuridad.
Oliver estaba acostado en su cama, viendo el techo, pensando maneras en las que podría enamorar, A esa linda chica, tan dulce y taaaaan frágil, ¡es perfecta!
Y antes de que él lo notara, había quedado dormido por la ola de ideas en sus pensamientos...
