Savannah

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Australia, Julio del 2020

Exhausta, Savannah se recostó en el espaldar de la silla e irguió la espalda lo más posible,  elevando los brazos, buscando calmar un poco el dolor de sus músculos.  Esperó unos segundos disfrutando su pequeño descanso y se reacomodó los lentes buscando la fuerza de voluntad que requería para acabar el informe en el que llevaba trabajando 18 horas seguidas. De forma lenta se inclinó hacia el computador y alargó sus brazos hasta el teclado para terminar de escribir.

En cualquier otra ocasión la pelirroja hubiese esperado hasta el día siguiente para finalizar – ¡Solo le faltaba un párrafo de cierre!–, pero el tiempo no era algo que podía permitirse en esos momentos, no cuando su hermano tenía un 93% de probabilidad de  heredar la misma enfermedad que mató a su madre. Savannah decidió que estudiaría medicina, anatomía, biología o alguna carrera similar a la edad de 8 años.  Lo que no sabía entonces era que su madre, quien sufrió de anemia falciforme casi toda su vida, moriría luego de que un coágulo obstruyese el flujo sanguíneo en su arteria carótida . Eso le incentivaría a encontrar una cura para su hermano, para sus futuros hijos y para ella misma –Aunque ella solo tuviese un 27% de probabilidad de sufrirla–.

De cualquier modo, Savannah sentía que no tenía el tiempo a su favor –Porque así era– y en su intento de salvar a su hermano no se daba cuenta que,  aunque  pudiera  adelantar una noche de trabajo, las pruebas tomarían años en realizarse y lo más probable era que ella no viera ni siquiera los resultados de su trabajo. Aun así estaba muy decidida en lograr que la terapia génica funcionase, y a tiempo para aplicarla en el pequeño Alex.

La mayoría de las personas consideraban impresionante que Savannah no solo se graduara de una de las mejores universidades del mundo a los 16 años de edad, sino que además, a sus 20 años,  ya estuviese trabajando en un proyecto de tal magnitud. Sin embargo, la chica no creía que ella fuera  demasiado inteligente –cosa que indiscutiblemente era–.  Lo que ella pensaba es que siempre había tenido una motivación que la impulsaba a lograr las cosas que se proponía;  que no había sido la presión del incentivo lo que la había llevado tan lejos, y tal vez fue por eso que conscientemente se convencía a sí misma de que lograría terminar todo a tiempo para salvar a su hermano: por el incentivo que representaba evitar el desarrollo de la enfermedad en sí misma y en las personas que le importaban.   

Cuando colocó el punto final en su último párrafo, Savannah no pudo reprimir un gritito de emoción junto con un "Gracias a Dios" que derrochó alivio en su más cruda expresión. Y como no estarlo, si después de casi 20 horas de arduo trabajo, podría dormir finalmente, sabiendo que había logrado presentar su propuesta, basándose en el proyecto original de la terapia génica, pero aplicándolo desde otra perspectiva, añadiendo modificaciones para perfeccionarlo, evitar posibles efectos secundarios, etc. Si la entregaba al día siguiente, mientras fuese aprobada por la directiva, podría empezar la experimentación la semana siguiente.

La pelirroja hizo copias de la propuesta en 3 locaciones diferentes para asegurarse que no lo perdería por error y configuró su alarma para levantarse a las 7:30 de la mañana. Estuvo a punto de irse a la cama sin haber seleccionado la ropa que usaría en su presentacion–realmente se sentía agotada– sin embargo se decidió por ordenar todo. Al día siguiente expondria el informe final para su proyecto, sabiendo que era su última oportunidad de impresionar a la directiva: asį que debía vestir algo elegante. Se levantó con pesadez de la silla frente a su escritorio y se dirigió a su armario; no le costó mucho trabajo decidir que usaría: una simple camisa a botones, una falda moderna de estilo oficina y unos tacones sencillos; sin embargo, mientras buscaba su ropa recordó que el día anterior se había quitado su relicario y la sensación que le produjo la ausencia de la pequeña joya en su cuello no le agradó para nada, por lo que olvidando el terrible cansancio que sentía minutos atrás, buscó su collar. Le tomó varios minutos recordar que lo había dejado sobre el televisor y cuando al fin lo tuvo en sus manos, no dudo en colocárselo inmediatamente. Ahora sí podría dormir tranquila.

Cuando cruzó las puertas del centro de investigaciones donde trabajaba, Savannah se sintió poderosa, capaz de cualquier cosa. Desde pequeña, la niña prodigio solía ser de pocos amigos y la verdad es que muy poco social. Sin embargo, quienes le conocían describían a la oji-verde como a una persona extrovertida, segura de sí misma, y ese día en particular ella no tenía ningunas ganas de mostrarse ante la junta directiva de otra forma. Probablemente fue por esa razon que caminó más erguida de lo normal y una sonrisa le iluminó el rostro, por lo menos hasta que llego al escritorio de la asistente de su jefe, donde nerviosa le informó a Sussan que estaba allí para presentar un proyecto. La mujer fue adentro –suponía Savannah que a avisarle de su presencia a la directiva – y regresó a los pocos minutos.

"Tome asiento",  le recomendó Sussan al verla. "Le atenderán dentro de unos minutos." Así lo hizo. Aprovechando el tiempo extra y tratando de calmar sus nervios, Savannah escribió un mensaje a su hermano, quien se encontraba en casa de su tía, para preguntarle lo qué había hecho el día anterior, cómo se encontraba él, cuánto había sacado en la prueba para la que tanto había estudiado y casi todo lo que no había tenido chance de preguntarle desde la última vez que hablaron. Hablando con su hermano el tiempo se le fue rápido y sintió que no llevaba 3 minutos sentada cuando la llamaron dentro de la oficina.

"Buenos días" Dijo ella de forma alta y clara. Su público, al escucharla, dejó la conversación que mantenía y se sentó derecho, dando a entender a la chica frente a ellos que tenía su atención. "Mi nombre es Savannah Collins y vengo a presentar el proyecto que marcará un antes y un después en la historia de la humanidad."

Savannah estaba orgullosa de su proyecto, de todo el trabajo que había detrás de él, de los resultados que había obtenido hasta ahora, y también del gran interés que habían tenido por su proyecto grandes científicos -aquellos que formaban parte de la junta-, pero no podía evitar sentir nervios también.  Lo más probable era que muchas otras personas estuvieran aplicando para esa beca, en el instituto en el que ella hacia sus pasantías. Pero vaya que había una diferencia entre hacer pasantías y liderar un proyecto junto con reconocidos científicos. Por esa razon decidió permanecer en el recinto  hasta después de que el último expositor tuviese su turno y mientras deliberaban los jueces;  Quería ver los resultados de inmediato, ya que sabía que si esperaba hasta el día siguiente, la ansiedad sería insoportable.  Sin embargo luego de verlos, luego de que inevitablemente un mar de lágrimas corriera por sus mejillas y después del revoltijo de emociones que sintió, deseo haber esperado.

UnlessWhere stories live. Discover now