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Me levanté con la luz del amanecer que se dejaba entrever entre las cortinas abiertas, con mucho esfuerza logré abrir un ojo a medias para buscar mi celular. Se encontraba cargando sobre mi mesa de noche, lo desconecté para poder ver la hora: "05:45 A.M.". Era temprano, pero no lo suficiente, quería correr e ir a arreglarme para no llegar tarde y ser una persona puntual pero mis fuerzas eran nulas.

Realmente no quería ir a estudiar. Tenía sueño.

Me retorcí soltando varios quejidos en la cama tratando de estirar mi cuerpo girando de izquierda a derecha y estirando mis brazos y piernas hasta terminar en una posición fetal dónde el deseo de seguir entre mis sábanas me invadía. Me di palmaditas sobre mis cachetes para espabilarme hasta que algo dentro de mí fue capaz de quitarme las sábanas de encima y hacer que me sentara en un extremo de mi cama. Bendita sea mi fuerza de voluntad que no perdió contra mi pereza matutina.

Perdí alrededor de 5 minutos para lograr salir de mi cama y llegar al baño, lo considero un tiempo record. Mi baño estaba iluminado por un tragaluz que daba sobre mi jacuzzi, la luz era demasiado intensa para mi vista por lo que mis manos con la fuerza de mis reflejos se movieron rápidamente para intentar filtrar la luminiscencia que percibía.

Me miré frente al espejo que abarcaba todo el ancho del jacuzzi y tenía un marco superior con bombillos simétricamente colocados, y que también estaba colocado sobre el lavamanos. Mi reflejo mostraba una chica de cabellos negros e intensos pero enmarañados con unos ojos verdes levemente abiertos adornados con ojeras.

Abrí el grifo y me mojé el rostro, ahora mis ojos se encontraban más abiertos. Rápidamente me lavé los dientes con mi cepillo de dientes de bambú, me bañé increíblemente rápido para haberme deshecho de los nudos de mi cabello, me coloqué una cuchara helada previamente puesta en el refrigerador sobre mis ojos ojerosos y dejé mi desayuno para después.

Agarré las llaves de mi casa, mi mochila, mis libretas y me despedí de mi gato, era mi único compañero en este lugar. Este apartamento me lo había comprado mi padre Abraham McMahon con las ganancias de la empresa familiar "Daniels McMahon", nombre en honor a mí ya fallecido abuelo.

Salí de mi apartamento y me dirigí en mi pequeño automóvil 4x4 a la universidad dónde estudiaba diseño de modas.

Llegué exactamente a las 07:05 A.M. y entré a la magna B silenciosamente, ese día eran las exposiciones de nuestros proyectos de cátedra de la clase de diseño sostenible. El profesor estaba hablando en el pódium mientras una compañera alistaba su exposición y mis otros compañeros se repartían entre los asientos, éramos pocos por lo que el profesor pudo notar mi presencia y anotó algo en unas páginas. Maldecí por lo bajo y antes de poder sentarme mi celular vibró.

-Buenos días -contesté aún sin saber quién llamaba.

-Buenos días Lía -contestó la voz al otro lado de la línea, era mi padre.

-¿Cómo has estado?

-Nada de eso princesa, necesito que vengas en este momento a las oficinas.

-Pero pa'...

-Por favor -musitó.

Suspiré y le dijé que ya me dirigía para allá. Miré a mi profesor que me miraba fijamente, maldecí por lo bajo y me retiré de la magna. Sabía que tenía que quedarme a exponer mi proyecto o aunque sea ir a hablar con mi catedrático pero únicamente me fui, sabía que las oficinas de "Daniels McMahon" estaban en el lado opuesto de la ciudad y a medida avanzara el tiempo las trabazones se agravarían.

Conduje decepcionada, había cosido toda la noche por ese bendito proyecto para no entregarlo, no quería irme aunque tampoco tuviera ganas de quedarme a ver las crueles críticas de mi profesor pero tuve una corazonada. Tenía que ir con mi padre.

Señorita McMahon | LesbianStories to obsess over. Discover now