Parte 1

199 3 3
                                        

La sala ya estaba vacía a excepción de un joven rubio que miraba a la nada como si intentara mover cualquier cosa que entrara en su campo de visión con la mente. Su corazón latía más rápido de lo normal y en su frente se podía apreciar cierto brillo debido a la muy fina capa de sudor que adornaba esta. Respiró hondo y relajó su postura sobre la silla, acomodándose en el respaldo.

—Vale, sabías que algún día tenía que pasar, y ese día ha llegado. Eres valiente y puedes con esto y con más —se dijo a sí mismo en voz alta, haciendo una mueca al darse cuenta de lo patético que debía estar sonando.

Tras pocos segundos, la puerta se abrió mostrando a un animado Yo-ka, sorprendiéndose al ver al otro ahí sentado.

—Kei, ¿qué haces aquí todavía? Deberías ir a prepararte para mañana —dijo con cierto tono de queja, cerrando tras de sí y sentándose sobre la mesa cerca de su amigo.

—Me he entretenido respondiendo mensajes pendientes —se excusó pobremente, sin esforzarse demasiado en parecer convincente.

Yo-ka alzó una ceja y entrecerró los ojos, negando con la cabeza, tratando de adoptar la postura más acusadora posible, haciendo que Kei tuviera que apartar la mirada.

—Te conozco como si te hubiera parido, lo sabes, ¿verdad? ¿Tan difícil es decirle a tu mejor amigo que tienes miedo de subir al avión?

Respiró hondo. Tenía razón; ¿a quién pretendía engañar?

—¿Por qué tenemos que ir a China? ¿Por qué las fans chinas no vienen aquí? Al fin y al cabo no estamos tan lejos. Podríamos... Podríamos hacer un concierto solo para fans internacionales... pero aquí —se quejó con indignación, aun sabiendo que no tenía escapatoria.

—¿Es que quieres quedarte toda la vida sin salir de aquí como esos ancianos japoneses cerrados? Kei, eres guitarrista en una banda. Tienes que viajar; tienes que vivir. Además —se acercó más a él sobre la mesa y se inclinó para agarrar sus manos con suavidad—, yo estoy contigo y no dejaré que te pase nada. Te llevaré de la manita todo el viaje.

Frunció el ceño al ver la risa burlona de su amigo y se soltó del agarre, levantándose indignado.

—No te necesito. Me chutaré algo fuerte y llegaré allí como si no hubiera salido de mi cama —concluyó antes de hacer un gesto con la mano y salir de la sala, dejando a un divertido Yo-ka sentado sobre la mesa.

Se tomó su tiempo para volver a casa, caminando despacio, como si fuera la última vez que veía su ciudad. Desde siempre le había dado miedo montarse en avión y, cuando se organizó la gira en China, buscó consuelo en el hecho de que aún quedaba bastante tiempo, pero todo había pasado demasiado rápido y, cuando quiso darse cuenta, al siguiente día tendrían que coger el avión. Era consciente de que tarde o temprano tendría y querría salir de su zona de confort, pero, llegado el momento, tenía miedo. Aunque, sin querer reconocerlo, los ánimos de Yo-ka le ayudaban mucho. Sabía que tras ese jueguecito de picarle había preocupación y ganas de ayudarle, y eso le aliviaba mucho.

Trató de pensar en las palabras de sus compañeros de banda y amigos mientas preparaba la maleta. «El avión es el método más seguro de viajar»; «Si te sientes incómodo, puedes levantarte, ir al baño, estirar un poco las piernas»; «Tranquilo, si el avión se cae, no podrás sobrevivir, así que deja que pase lo que tenga que pasar». Respiró hondo. Aquella última, dicha por su querido Shoya, no servía de mucho, aunque no le faltaba razón.

—En fin, sea como sea, es algo que tengo que hacer —se dijo a sí mismo, doblando su ropa y colocándola lo mejor posible dentro de la maleta.

The sky never liesStories to obsess over. Discover now