DULCE
Ver cómo estaban de pie en la pista sin bailar solo mirándose de esa manera extraña, diciéndose no se qué cosas, hizo que el esfuerzo por contener toda la rabia acumulada fuera nulo, desbordándose cual caudal embravecido, mientras caminaba hacia ellas las vi abrazarse, estaban a punto de besarse y apresure el paso, casi corrí, en ese momento ya no supe de mí, no sé que dije ni que hice, solo recobre la conciencia cuando fuera de ese lugar seguía caminando sin saber a dónde con Anahi de la mano.
Anahi: ¿me puedes decir que coños te sucede tía? – Me dijo soltándose de mi mano- que yo no soy un objeto, te enteras… no soy una de tus mujercitas, no soy de tu propiedad.
Dulce: yo… yo solo… no sé que me paso... – balbucee.
Anahi: ahhh no sabes que te paso… pues te diré que te paso tía… ¡que la señorita está acostumbrada a que lo que toca le pertenece y que solo ella decide cuando lo bota! ¡eso es lo que te sucedió ahí dentro!
Dulce: ¡Noooo!, no es así – grite tomándola por los hombros volviéndola hacia mí.
Anahi: ¿no? ¿no es así? dime como es entonces Dulce, has actuado como si fueras mi dueña, segura de que me puedes tomar a la hora que se te dé la gana y desecharme igual --vi las lágrimas empezar el recorrido por sus mejillas y eso me quebró.
Dulce: no Anahi, eso no es así, yo… yo no actué así porque te considere un objeto….
Anahi: dime entonces por qué lo has hecho, porque yo ya no soporto este juego Dulce, me rindo, tu ganas, vale ¡tu ganas! – se cubrió su rostro con sus manitas, sollozando.
Dulce: Lo lamento…-me acerque temerosa- lamento lo que dije allá dentro, pero no estaba pensando, ¡no lo soporte más! ¡son horas torturándome! ¡Imaginado a Carlota o Rosi tocándote! y llego y te veo en sus brazos, feliz todo el día con ella y cuando te vi mirarla de esa forma, abrazarla de esa forma, ya no pude…- levante su rostro para que me viera se lo quería decir mirándola a los ojos, necesitaba que su mirada azul me diera las fuerzas necesarias para asumir que experimente con toda la intensidad de que era capaz ese sentimiento primario y absurdo que siempre he considerado ridículo -¡estoy celosa! estoy tan celosa que no sé cómo me contuve para no golpear a Carlota el día de hoy, no sé cómo no la golpee cuando estaba a punto de besarte, ¡muero de los celos si alguien te toca, si te miran con deseo, si te veo sonreírle a cualquiera como te vi hoy hacerlo con ella!
La abrace con toda la ternura de que soy capaz, la tome por la barbilla y la besé suavemente, despacito, saboreando cada parte de sus labios, inspeccionando con mi lengua cada espacio de su boca y permitiéndole a la suya hacer lo mismo, ella separó sus labios de los míos y me susurro al oído.
Anahi: vámonos ¿sí?
Yo no respondí con palabras, caminamos abrazadas, besándonos de cuando en cuando, me deje llevar por las sensaciones que cada roce y cada beso producían en mí, llegamos a mi habitación, estábamos en silencio, no sé cuánto tiempo me perdí en sus ojos azules, acariciándole el cabello de la raíz a la punta con ambas manos, dibuje con la yema de mis dedos el contorno de su rostro, de su cuello, sus hombros, le tome con delicadeza del cuello y el mentón con ambas manos y la atraje hacia mí cubriendo su boca de breves besos, sus mejillas, su nariz regresando de nuevo a esos labios, recorriendo de nuevo cada poro de la piel de su rostro apenas en un roce, nuestras miradas se encontraron, mi frente pegada a la suya, sus manos caminaron hacia mi cuello y mi boca hacia la suya, movimientos leves, suaves, sutiles, probándonos, saboreándonos de nuevo por largo rato para después dejar que nuestras lenguas iniciaran un baile lento, pausado, que se fue intensificando, mis manos se deslizaban sobre su espalda por encima de la tela que la cubría, ella desataba mi cabello, con movimientos suaves sin dejar de besarla le desabroche la cremallera y en una caricia escurrí los tirantes que se ceñían a sus hombros, la tela de su vestido se deslizo por su piel hasta llegar a sus pies, yo seguí besándola mientras sus dedos desabrochaban uno a uno los botones de mi camisa, sus manos fluyeron sobre mi vientre, abdomen, mis senos, aunque cubiertos por la tela que los arropaba se erizaron ante su paso, mi clavícula, mi cuello y hombros, extendí mis brazos hacia atrás permitiendo que me despojara de esa prenda, nuestros labios unidos, separándose solo lo necesario para tomar aire, nuestra lenguas entregadas a esa danza deliciosa, el coloquio de nuestros cuerpos entendiéndose a la perfección, nuestras manos quitando una a la otra las ultimas prendas que nos estorbaban para que todo fuera piel, su piel y mi piel, su cuerpo y el mío, unidos en lo que en ese momento parecería una masa amorfa de movimientos cadenciosos, de extremidades entrelazadas, con mis labios pegados a los suyos le susurre -"te necesito" - mi lengua resbalo hasta su cuello, a sus hombros, conduciéndola hacia la cama recorrí con manos, lengua y labios toda su piel de la cabeza a los pies reconociéndola entera, mi peso sobre ella deleitándome en el contacto de nuestros cuerpos, nuestras bocas saboreándose con desespero, entrepiernadas sintiendo la humedad de su intimidad, reglándole la mía en una antología de besos y caricias, de susurros inteligibles, de gemidos ahogados retrasando al máximo el momento, hasta que nuestra carne no pudo más y mis dedos palparon con suavidad los mojados labios vaginales, examinaron cada área de su intimidad, sus piernas me abrieron camino para saciar mis ganas de sentir lo que en este momento sentía mío solo mío y toque, sentí, acaricie, aquella zona que me recibió húmeda, caliente, palpitante, sentí su mano aprisionar mi vulva, sus dedos juguetones y tiernos internarse en mi, nuestras caderas iniciaron movimientos rítmicos, acompasados, nuestras bocas y lenguas siguieron besando, lamiendo, queríamos mas y hurgamos ambas en nuestro interior, nuestras caderas pasaron de movimientos lentos a meteóricos, su brazo libre me aprisiono con fuerza, nos mirábamos fijamente hasta que ambas explotamos en una marea de placer, mi cuerpo se desvaneció sobre el suyo que se había liberado del último átomo de energía al abrazarme; la humedad de sus ojos desparramarse sobre su rostro me lleno de un sentimiento de infinita ternura, no dijimos nada, en ese delicioso silencio solo se escuchaban las olas del mar y la respiración de dos mujeres con brazos y piernas entrelazadas, cada espacio de nuestros cuerpos húmedo y pegajoso, estuvimos así hasta que el cansancio producto del éxtasis nos hizo caer en un profundo sueño.
