C1: Adivinaré; Te voy amar

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Hombres lobos, vampiros y seductores. Parecen tener cierto encanto entre las mujeres. Lo cierto es que existen y yo también. Hubiera deseado nacer feo y débil. Sin dinero o sin aptitudes: ser un perdedor. Es en serio y verdad a medias. Así pensaba hasta que ella me sacó de mi letargo. Quien, durante el show de esta noche, comenzó a hilar al destino y desde las sombras hacer sus deseos realidad.

—Hola ¿Quieren beber algo? —le dije a una chica de vestido rojo, sentada en la barra de uno de mis bares.

A lado suyo, le acompañaba una chica, quizá su amiga, quizá su amante. Sinceramente lo sabía, pero no me importaba. Ella levanto la ceja. La chica de vestido rojo, seguramente llamada Vanessa, comenzaba a decir que me perdiera, cuando Pepe llegó a tiempo para nuestra rutina.

—¿Jane J. E.? ¿Es en serio? Debe ser mi noche de suerte. Tus primeras novelas son una obra de arte. Lo mejor que he leído —Sacó apresuradamente su celular y se lo entregó a la chica del vestido rojo—. Por favor, tomame una fotografía con él.

Ambas se miraron. Seducidas quizá por la oportunidad, imaginando de más, siguieron el juego de Pepe. Pero yo estaba aburrido.

Funcionaba la mayoría de las veces. Pepe lo disfrutaba, casi siempre conseguíamos carne fresca, pero algo en mi no funcionaba esa noche.

—Basta de nuestro número, pensándolo bien, Joseff sirvéme otro igual —Jossef, el barman, obedientemente se acerco y sirvió otro Tequila—, esto no ayudará.

—¿De qué número hablan? —nos interrogó la chica del vestido rojo.

—Para ligar, de vez en cuando, el llega y finge reconocerme. Hace mil elogios y me adjudica fama desmedida. Entonces la mayoría de las chicas en lugar de rechazarnos, nos ...

—Ah, son unos imbéciles. Ignoralos Vanessa, no valen la pena —dijo la acompañante.

—Pero no es mentira, en verdad es un escritor famoso. Es más, es el dueño de este lugar, ¿verdad que sí Joseff? —dijo Pepe a las chicas y luego levantando su vaso a Joseff para que le sirviera otro Whisky. Joseff volteó a mi, buscando permiso para contestarle. Con una mirada desinteresada traté de darle a entender que me daba igual, entonces el barman afirmo de manera elegante y sirvió otra ronda a ambas chicas.

—En fin, Pepe, ya me voy.

—Pero acabamos de conocernos —me dijo Vanessa— tienes que admitir que hacer su número es algo... bueno, solamente tenías que acercarte y hablarnos —dijo mientras ondulaba su cabello rubio, largo y sedoso. Y no, no funciona la mayoría de las veces simplemente saludarles.

—Escucha, sé que tus padres se separaron, creo que nunca volviste a saber de tu madre. La nueva pareja de tu padre...bueno debió ser difícil vivir con tus hermanastras, más guapas e inteligentes.

-Eso es, ¿cómo lo supiste? —dijo la chica sentada a su lado, sorprendida por haber descrito los detalles que, seguramente, alguna vez le contó su amiga. Por su lado, Vanessa, lejos de estar sorprendida, estaba algo ofendida y asustada.

—Sí, ¿y qué si es verdad? Yo soy mejor que ellas.

—No lo hagas de nuevo, Jane...—dijo Pepe, pero ¿Quién quiere hacerle caso a un guardaespaldas ebrio?

—Y por tu parte Carolina —La chica, sentada a lado de Vanessa, se llevó las manos a sus labios, tratando de cubrir su boca— tienes un complejo con tu físico, diría que es cabello. Te gustaría ser rubia. Y un poco más alta. Además no entraste a la universidad que deseabas.

—¿Eres un maldito adivino? ¿Cómo lo hace? —exclamó Vanessa, por fin sorprendida. Como le ignoré, trató de sacarle las respuestas a Pepe.

—Yo qué sé. Yo solo soy un guardaespaldas ebrio — farfulló Pepe mientras azotaba su vaso.

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