Dicen que la mente es el arma más poderosa del ser humano y lo creo, hoy me ha jugado una, de esas que te dejan atónita, con el pecho exaltado, las manos sudorosas y la mirada un poco perdida.
No lo podía llamar "Deja vú", porque no recordé la escena en flashback en el presente, ni la visualice, al contrario, fue un recordatorio en mi cabeza, un golpe en seco de aquel sueño.
...
- A distancia parecía mediodía, el inclemente sol típico de esa hora y el voraz calor, insoportable, un clima seco, humedad; en el horizonte podía ver que la lluvia era escasa en la zona, pero todas mis referencias hacían pensar que estaba en un páramo desértico, tan solo era un campo de béisbol, anclado en una ciudad tropical con montañas de fondo dolidas por la actividad industrial y la sequía que azotaba aquel mes de Abril, suponiendo que fuese Abril.
Había alguien más junto a mí en aquel lugar, contemplando la escena, no estaba sola y eso generaba suspenso en mí, tenía miedo de voltear y descubrir aquel rostro del cual estaba consciente no conocía, no me era familiar su presencia, sin embargo no podía girar la cabeza, él tampoco hablaba; solo sentía su respiración entrecortada y fuerte, yo necesitaba saber su rostro. Volvió el silencio, zumbaba en mis oídos, molesto e incómodo, mis ojos solo observaban lo lejos de las montañas, lo árido del campo y mi gran pregunta ¿Qué hacía yo ahí, a esa hora? con aquella soledad, aunque detrás de mi había alguien. Deje escapar un suspiro y tome la decisión de bajar de la grada ¡Oh por Dios! estaba sentada en la grada del estadio de béisbol, camine por el borde de la cancha y me di cuenta por sus pasos que él me seguía en silencio y cauteloso; sin poder girar la cabeza y ver de quien se trataba, decidí confiar y seguir.
En cuestión de instantes la escena se volvió bélica, en picada desde el cielo, un avión, no cualquier avión, un avión militar, dando vueltas y tan rápido como llego la escena, se estrelló. Parecía ciencia ficción, mentira, un mal chiste; quede estática, me sentía sin cuerpo, solo mis ojos observaban, no sabía que sucedía, ni porque razón yo me encontraba presenciando aquello. El terror me inundo al ver las llamas salir del avión. ¡Todos han muerto! - pensé - no hay sobrevivientes, necesitaba correr, salir de ahí, desconocía que pasaba, si se trataba de algún conflicto que estaba ocurriendo y del cual no tenía conocimiento por estar en aquel lugar, ¡Mi celular! - pensé nuevamente- pero seguía aturdida, desconocía mi cuerpo, mis manos no aparecían y entonces sucedió lo que más temía, a lo lejos andantes dos siluetas, caminaban a paso seguro, la distancia entre donde se había estrellado el avión y mi posición no parecía tanta, ni lejana, al contrario, se hacía muy corta, como si le colocaras zoom al momento, un chico moreno, alto con vestimenta reconocida por mí de la aviación militar venezolana, no entendía, y el mientras se desprendía de un paracaídas, era militar, perfectamente conocía ese componente, ya que tenía una muy lejana atracción por las fuerzas armadas de mi país, aquellos tiempos donde quería pertenecer a la Armada, tenía previo conocimiento y reconocer no me era tan difícil.
Él se acercaba, podía ver en su rostro una sonrisa, era guapo, de buena contextura física y su cara se me hacía familiar, pero estaba clara que no tenía ningún vínculo conmigo. Quería correr, pensé lo peor -¡Este pendejo me quiere matar! - pero... ¿Por qué?
Entonces mi cuerpo regreso, funcional, necesitaba salir de ahí, el militar se acercaba, quería correr, pero ¿A dónde?, mi cabeza conocía la zona, pero sin refugio seguro y pensé en quien desde hace mucho tiempo se encontraba detrás de mí, inerte, en silencio y sin más dije ¡Vámonos! sin saber si este extraño me seguiría. Camine, entre maleza, bancos de concreto y piedras, salimos por una cerca y caímos en una vereda, casas y más casas, sin reconocer alguna, pero el instinto me llevo a una casa de color verde, con su entrada de jardín, lleno de flores y plantas, me recordaba un poco a una casa por la cual pasaba todos los días de ida al colegio cuando era una niña. Abría la pequeña puerta, y sentí seguridad, era la primera vez que ingresaba a una casa ajena sin invitación, pero la pequeña selva era mi única opción. ¡Un gato negro, estupendo! -pensé- con una ligera sonrisa, apacible y que no se despertó al momento que entramos, él me seguía, lo sabía, y de un momento a otro mi corazón exploto de miedo, una voz, venia de la calle, me llamaron por mi nombre ¡Favree!, de inmediato voltee, y eran tres personas reconocidas por mí, June mi hermana, Lorenzo mi hermano menor y Samantha mi prima; todos más jóvenes que yo, unos niños pero ¿Qué carajos hacen ellos tres aquí? - ¡Por Dios corran para acá! grite con miedo, arriesgándome que el militar escuchara mis gritos y las voces de los niños y diera con nosotros y les hiciera daño a ellos, pero tan solo jugaban, sin prestar atención a mis gritos, no tuve otra opción que salir de la casa y tomar a Lorenzo por el brazo y decirle a las otras dos niñas que vinieran conmigo, me miraban sorprendidos ¡Tenemos que resguardarnos! les dije con la voz quebrada ¡Es peligroso estar fuera, hay personas malas por aquí! no pusieron resistencia y me siguieron, lo cual me relajo, en ese momento su seguridad era mi prioridad, si algo les pasaba, no me lo iba a perdonar jamás.
