Clavel

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Fui a mi cita con Alicia en el mismo lugar de siempre; como ha sido tónica en los últimos dos años el lugar lo decidió ella.

Antes de entrar me decido a comprarle flores, elijo un ramo con claveles y pago sin ser consciente de lo que hago, de forma tan automática, tan pensando en ella, que no me percato de que pago más de lo correspondiente. El vendedor me tomó el hombro antes de poder irme, advirtiéndome que olvidaba el cambio. Le agradecí, ni siquiera me había dado cuenta, dije. Jamás me aprovecharía de alguien que se ve en la necesidad de comprarme flores.

Entré al recinto, un lugar para perderse con facilidad, por eso con Alicia tenemos una ubicación fija en donde encontrarnos cuando quedamos aquí.

La diviso a lo lejos, las piernas me tiemblan como la primera vez. Le entrego las flores tiernamente, ella no me mira, tampoco me agradece, pero las recibe. Le digo te amo, ella guarda silencio, silencio que suena a soledad. La acaricio con el dorso de la mano, le digo que la extraño, que hubiese deseado irme yo primero, que cada día recuerdo menos, pero jamás olvidaré los 54 años juntos. Le cuento sobre nuestros hijos y nietos, incluso de la que está por llegar; "se llamará Alicia, por ti". Leo su nombre junto a las fechas que lo acompañan; robo uno de los claveles que yo mismo había puesto ahí y me retiro lentamente del cementerio, a ver si ocurre un milagro y alcanza a pedirme su flor de vuelta.

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⏰ Última actualización: Jul 08 ⏰

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