Capítulo_1

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La lluvia golpeaba con firmeza mi ventana, el sonido despertaba en mí algo parecido a la paranoia, me daba miedo ¿De qué? No lo sé, tenía el leve presentimiento de que algo horrible estaba por suceder. El despertador sonó aturdiendome, me gire y el reloj marcaba las siete en punto. Me senté en la cama y frotándome los ojos intente despabilarme. 

-Alma ¿Estás despierta?- preguntó mi abuela desde la puerta. No le respondí solo le di un gemido perezoso y me levante. Ir al colegio en día de lluvia ¿Acaso hay algo peor? 

A pesar de que iba en auto me había mojado muchísimo, tenía agua de pies a cabeza, corría furiosa por el pasillo hacia mi casillero, cuando algo se interpuso en mi camino. 

Noah Marqués con todo su esplendor frente a mi regalándome una sonrisa amplia. Tenia el cabello mojado y alborotado, algunas gotas recorrían lentamente la marca de los voluptuosos músculos de sus brazos. No podía negar que era una imagen digna de ser atendida. 

-Fiore- dijo llamándome por mi apellido y volvió a mostrarme sus blancos y perfectos dientes. Sus ojos color miel pasaron de mis labios a mi ojos una y otra vez. 

-Marqués- le respondí con una sonrisa ladeada. 

-Suspendieron las clases por la tormenta, pero los que vinimos no podemos salir- Me informó con un serio tono de voz. 

-Tiene que ser broma- me queje dejando de lado la lujuriosa imagen que Noah creaba en mi mente. 

-Hay alerta de vientos fuertes, tenes que ir al sótano- 

Asentí y lo deje atrás, el sótano estaba del otro lado del colegio, y los pasillos estaban tan desolados que hasta tenían un aspecto fantasmagórico. Las ventanas iban desde el techo hasta el piso y los rayos se dibujaban en el cielo. La lluvia golpeaba los vidrios al igual que la ventana en mi casa y cada célula de mi cuerpo se encontraba temblando, me había quedado petrificada. No podía evitar observar como cada gota y cada ráfaga de viento hacia cimbrar los grandes ventanales. Sin aviso previo las ventanas estallaron en mil pedazos que volaron por todo el pasillo, pequeñas esquelas de vidrio se incrustaron en mis brazos, sentí cómo cortaban mi pálida piel, mis manos que cubrían irregularmente mi rostro sangraban dejando caer gotas de sangre cálidas por todo mi antebrazo, podía sentirlo todo, pero no podía hacer nada.

-Alma- susurro Noah acercándose a mi, pero yo no podía moverme.

-me duele- dije sin quitar las manos de mi rostro. 

-Vamos al baño- dijo él arrastrándome.- tengo que sacarte los vidrios Alma ¿Podes escucharme? Necesito que reacciones- 

-Tengo miedo- dije en un susurro, y de verdad así lo sentía, me sentía desprotegida. Siempre me habían gustado los días grises, me inspiraban. Esta vez parecía ser distinto.  

-No podemos pedir una ambulancia, no van a llegar está todo colapsado por la tormenta, ni siquiera funcionan los teléfonos. Así que estamos solos Alma, te voy a cuidar pero tenes que ayudarme a quitarte los vidrios. Todos son superficiales así que no van a doler mucho- 

-¿Cómo sabes eso?- 

-Porque fui militar- 

-Me estas mintiendo- le conteste frunciendo el ceño. Claramente no podía haber sido militar, apenas tenia mi edad, nadie de mi edad va a luchar por las naciones. Y dudaba profundamente que tuviera mas, es que su rostro era terso y sus manos suaves. Esos no son los rasgos de un militar. 

-En vez de hacerme un interrogatorio ¿Por qué no me dejas curarte?- me dijo Noah con una sonrisa muy dulce, nunca me había tratado así, nunca me había tratado mucho mas que para pedirme los apuntes.

-Sólo si dejas de mentir-

-Yo no miento, jamás- me contestó guiándome hacia el sótano. Los vidrios ya no estaban, al menos no que pudiéramos verlos, sin embargo la sensación no se iba de mi piel, la sangre seguía corriendo, incluso había manchado por completo mi ropa.

-Alma- suspiro mi amiga y corrió a abrazarme. Era mucho mas alta y curvilínea que yo, así que cubría por completo mi dañado cuerpo con su abrazo. -¿Qué te paso?- me preguntó cuando vio mis heridas, yo dudé unos segundos ¿Cómo se explica que Noah me curo por que unas ventanas estallaron en mi cara? Si, exacto, no se explica. No hay nada que decir, ese chico prácticamente es un "raro" que habla solo en ocasiones especiales. 

El sótano era pequeño y muy acústico, si llegaba a contarle a Miranda lo que había pasado, todas las chicas tontas que estaban enamoradas de su andar errante iban a armar un escándalo.

-Las ventanas estallaron y me corte, pero es solo un poco- le conteste con una sonrisa claramente fingida. Mi abuela iba a matarme.

-No debiste salir de tu casa amiga ¿Acaso no te diste cuenta que esto es una locura? Todas las radios hablan de lo mismo- me comunico Mariana realmente preocupada. 

-No, nunca pongo la radio, aun me da un poco de nervios manejar con lluvia- Manejaba hace muy poco y realmente me ponía los nervios de punta. Por mi mente se paso la idea de volver andando a casa, no vivía tan lejos del colegio. Quizá la lluvia limpie mi ropa y no tenga que darle una extensa explicación a mi abuela sobre lo que me había sucedido. Ya imaginaba con claridad su voz en mi cabeza diciendo "Ahí estas, igual a tu padre metiéndote en problemas" "No quiero que te acerques a gente problemática Alma" "esto te pasa por no aceptar mi propuesta de estudiar en casa".  Mi abuela tenia sesenta y siete años, hace dos vive conmigo. Es mi tutora legal, era eso o mi Tía Joyce, ella vive mas borracha que sobria y mas dormida que despierta. Como toda niña tenía la esperanza de que mis padres volvieran y todo fuera nuevamente normal. A veces mi mente me atacaba con toda la racionalidad posible asegurando que ya estaban muertos, y que no necesariamente, el hecho de que no encuentren los cuerpos garantiza que están esperando ser rescatados. 

-Alma, cariño- dijo Mirtha mi profesora de ingles cuando entre en su campo visual- ¿Qué sucedió?- 

-Las ventanas estallaron- dije agachando la mirada- pero me encuentro mejor de lo que parece- añadí al ver la preocupación en los ojos de mi profesora. Habían dos opciones o estaba realmente horrible o mi estado era impresionante-mente preocupante.  

-Tengo un analgésico en mi cartera- 

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-Tengo un analgésico en mi cartera- 

No quería un analgésico, si estaba dolorida pero necesitaba un medico, una pastilla para el dolor de cabeza no iba a hacerme nada. Necesitaba salir de allí, ir a mi casa. Necesitaba investigar a Noah Marques ¿Por que había dicho tal cosa?. 

Busque mi teléfono celular en mi mojada mochila y por suerte no se había mojado mucho. 

-No hay señal, estamos muy abajo- me dijo Miranda revoleando los ojos. Puse mi dedo indice en señal de que haga silencio y comencé a escribir. redacte toda mi irónica mañana en tiempo récord y le pase el celular a mi amiga. 

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