Prólogo.

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—¿Qué dice? ¿Cree que sí podríamos entregar el trabajo la próxima semana? ―Marco, quien acompañado de su grupo de amigos, preguntó a Henry, su maestro al que le tenían que haber entregado el proyecto de mitad de parcial tres días atrás. Decidieron acercarse a Henry después de clases para no pasar más vergüenza de la usual frente a sus compañeros.

Henry cerró los ojos junto con un lento suspiro ocultando los deseos de decirles que no fuesen tan descarados. Los abrió nuevamente, dirigiendo su mirada a toda la pandilla de brutos irresponsables que tenían la cabeza baja. Era molesto, el mes entero no les ajustó para terminar un proyecto que se había anunciado a principio de parcial. Este comportamiento no era aceptable, más aún que venían con la excusa de "las otras clases nos han quitado tiempo" cuando en las otras asignaturas tampoco habían presentado sus deberes. El silencio se tornó incómodo al esperar una respuesta y Marco retomó la atención de Henry al aclarar la garganta.

Ya había terminado su jornada y todavía tenía muchos proyectos que revisar. Quería largarse a casa.

―No. Como universitarios ya deberían saber la responsabilidad que conlleva un proyecto de clase.―Su voz fue grave con un tono seco. No volvería a decir nada al respecto. Era su decisión definitiva y ese proyecto equivalía al veinte por ciento de la nota final y no la regalaría a quien se tomaba a juego su clase. Se acomodó sus lentes de marco grueso con el dedo índice sin apartar la mirada de Marco, el payaso sin gracia de la clase de las 9 de la mañana. El cabello pelirrojo y rizado ya lo tenía, al igual que lo pálido, un poco de labial alargando su sonrisa y podría parecerse tal vez a uno, solo le faltaría lo gracioso. Había mínimo uno o dos de esos en cada sección a la que impartía clases.

Henry esperaba que pudieran comportarse de manera más apropiada en el proyecto final y entregarlo a tiempo, de lo contrario irían a extraordinarios para poder aprobar la clase. Empezó a acomodar carpetas y unos cuantos libros suavemente sobre el escritorio. 

Las orejas y la nariz de Marco comenzaron a enrojecerse por la furia. ¿Cómo ha podido decirles que no? ¿Qué no ve que ese proyecto es el veinte por ciento de la nota final? Quiso golpearlo, ser impulsivo lo caracterizaba, no pensaba cuando se encontraba en ese estado. Sus manos formaron un puño y su respiración empezaba a agitarse. Quería golpearlo. Golpearlo muy fuerte en su cara. Quería romperle esa nariz recta y perfilada para  que quedara desfigurada como demostración de su victoria. Ah, tan serio y recto, sin un ápice de empatía, sin romper las reglas. ¿Qué se ha creído él para negarles entregar el proyecto solo un pelín tarde?

Se empezaba a abalanzar contra el escritorio para llegar a su maestro y su pandilla reaccionó un poco lento al impulso de Marco. Quisieron detenerlo, lo cual lograron sujetando sus brazos y Adrián, mejor amigo del pelirrojo explosivo, sujetó a Marco de la cintura pegándolo a su cuerpo impulsándole hacia atrás. Henry se levantó de su silla y dejó caer un libro pesado sobre la mesa para detener el escándalo que estaban armando la banda de palurdos.

―¿Necesitan algo más? ―una sonrisa forzada se dibujaba en su rostro.

Los alumnos se detuvieron, se marchó la mayoría, exceptuando a dos. Marco miró fijamente con molestia a Adrián por haberle detenido, de no haber sido por él, habría podido fracturar la nariz del pelinegro que se encontraba detrás del escritorio, mientras que Adrián le miraba con una risa burlona. Luego, el pelirrojo dirigió su vista hacia Henry, quien se había sentado nuevamente; y, finalmente, salieron todos los alumnos restantes del aula de clases.

Una vez hubieron cerrado la puerta, Henry lanzó sus gafas sobre los libros y tapó su rostro con sus manos soltando un grito de emoción. No podía creer que estuviera sonrojado con solo haber visto cómo Adrián sujetó a Marco de la cintura. Es que solo de pensar en como Adrián empujaba contra sí a Marco, como Marco gruñía porque le sujetaban, el rostro de ambos al momento de soltar y sujetar, y esa mirada retadora al final. ¡DIOS! ¡Ni en su imaginación ni en sus viejos mangas una escena así habían provocado que se emocionara tanto como para pensar en volver a sus viejos pasatiempos! Tal parece que por más que quisiera erradicar esos pensamientos de querer seguir en ese mundillo de la lectura erótica y novelas gráficas con temática blyaoi y shonen-ai, ahí seguirían como la plaga que eran. Persistiendo y empujándole a continuar.

Su mano formó un puño y golpeó la mesa. No podía volver a eso. Ya le había costado lo suficiente. Quería seguir así de depurado de todo pensamiento e impulso fudanshi.


¿Mi MAESTRO es FUDANSHI?Stories to obsess over. Discover now