Siempre era el mismo patrón de sueño, ella despertándose a mitad de la noche con el corazón apunto de estallar y con el rostro humedecido por sus propias lágrimas. Apenas podía recordar lo que había visto, salvo una fuerte sensación de miedo y peligro en medio de la penumbra de su habitación. Nunca antes había tenido temor a la oscuridad, es más, la consideraba como un refugio donde podía sentirse cómoda; sin embargo, en aquel sueño le era extraña. Se sentía más profunda y lúgubre, incluso le daba la sensación de querer aprisionar y tomar control sobre ella. La peor parte fue que ahora esa eterna oscuridad tenía una voz.
Al principio parecía ser el sonido del viento. Un resoplido difuso que poco a poco fue aclarándose hasta convertirse en un susurro que empezaba a acercarse más a ella. Solo decía su nombre, pero el simple hecho de oírla la hacía estremecer, aún estando despierta.
La joven quería descubrir la razón del porqué tenía ese sueño. Solo deseaba descansar, porque creía que en cualquier momento perdería la cordura por las pocas horas de sueño que apenas lograba tener. Trató con pastillas de dormir que sólo le funcionaron por un corto tiempo, así que fue por ayuda profesional. Le descartaron alguna enfermedad, pero ese sueño seguía y cada vez parecía más real.
No quería enloquecer, ni terminar encerrada en algún centro psiquiátrico, pero no podía seguir restándole importancia a pesar de que le decían que todo estaba bien en ella. Tenía que buscar otras alternativas, entre ellas estaba la hipnosis. Antes de buscar a alguien conocedor del tema, lo comentó a un par de amigos cercanos sobre su problema con aquel sueño. Ellos también le recomendaron la misma opción, incluso le pasaron el contacto de una persona que podría ayudarla. La joven no demoró en separar una cita para poder regresar a su rutina de antes.
Terminó yendo a un consultorio que quedaba en la zona este de la ciudad. Era algo tarde, pero fue el único horario disponible que tenían ambos. La recibió con una sonrisa mientras la invitaba a sentarse y le explicaba la dinámica de cómo sería la sesión. Ella escuchó atentamente y luego le tocó el turno de contarle su caso. Él también le prestó atención a sus palabras, más por curiosidad de lo que podría estar en las capas más profundas de su inconsciente. Una pequeña charla para entrar en confianza y así comenzar de una vez con la sesión.
Ella permaneció sentada en el mismo lugar, escuchando solamente la voz de hipnotista dándole instrucciones. Por el tono de su voz, esperaba que hiciera algún tipo de efecto en ella. Que sus ojos se sintieran pesados y poco a poco ser inducida al sueño, pero se sentía completamente despierta. Sintió un poco de vergüenza no reaccionar como debía, así que optó por cerrar sus ojos por cuenta propia. Estaba a punto de hacerlo cuando de pronto algo captó su atención en la ventana detrás del hipnotista.
Creyó ver un movimiento fuera, pero cuando intentó enfocarse en ese mismo punto, pareció que fue absorbida por esa oscuridad que ya le era extrañamente familiar. Aún podía oír la voz del hipnotista, pero cada vez se alejaba más hasta el punto que ya no sentía su presencia. Solo quedaba ella en ese vacío.
No era lo que esperaba ver, o tal vez sí, pero quería salir de ahí cuanto antes. En especial, cuando volvió a escuchar aquel susurro muy cerca de ella. Presenciarlo en directo, la ponía muy nerviosa al no saber qué hacer. Ella nunca recordaba lo que veía en su sueño, aparte de la oscuridad, sólo la sensación de peligro inminente. Sabía que debía avanzar, pero no sabía que podía ocultarse en esa espesa negrura. Sin embargo, una débil ráfaga de viento que cruzó entre sus piernas la hizo correr a ciegas. En ese momento, pudo notar como sus pies se sentían pesados, como si algo la estuviera atrayendo hacia el suelo, reteniéndola.
A pesar de las dificultades, pensó que podría alejarse de aquel susurro y hallar algún modo de despertar de esa pesadilla. Lo creyó de ese modo cuando dejó de oír ruido a su alrededor, pero de pronto su entorno se volvió más pesado, asfixiante y negativo con la llegada de la misteriosa voz que había dejado de ser un simple susurro. Ahora era más clara, con un tono muy profundo que la hacía parecer muy antigua, y la llamaba por su nombre. No había manera de saber de qué dirección provenía, el sonido la rodeaba, cada vez más cerca hasta que la voz habló a su oído diciendo que la había encontrado.
Ella retrocedió de inmediato, cuando de pronto sintió que una la sujetó con fuerza de su brazo. Su cuerpo se estremeció ante aquel contacto gélido, así que fue inevitable sentir pánico. Intentó soltarse de ese espectro desconocido, pero cuando buscó retirar aquella mano, no hubo nada a pesar de la presión que claramente podía sentir en su muñeca. Continuó golpeando el aire mientras podía percibir un nuevo peso sobre ella. Sentía que se estaba hundiendo en una arena movediza, ni siquiera podía mover sus piernas. Solo quería una salida, pedir ayuda y simplemente gritó.
La misteriosa voz se rió a su lado, tal vez porque era una causa perdida, pero ella continuó hasta que su propia voz le falle. No quería perder las esperanzas, así que en ese momento sintió que algo ardía en su pecho. No se había percatado de lo que llevaba con ella en medio de la oscuridad, pero se trataba del collar que le había regalado su madre de pequeña. Cuando lo tocó con su mano que aún seguía libre, la voz emitió un grito, como si no le gustara.
A esas alturas, la joven no tenía más opciones. Mitad de su cuerpo ya había sido atrapado en esa especie de arena movediza, así que se aferró a la extraña piedra de su cadena. Los gritos continuaron, pero ella solo cerró sus ojos a pesar que no había algo que ver en esa oscuridad. Pensó en una salida, pero mientras lo hacía, la imagen de su madre acompañada de fragmentos de lo que parecía ser del pasado. Pasaron unos segundos y sintió que toda la presión sobre ella había desaparecido.
Cuando abrió los ojos, se encontró con el rostro del hipnotista muy preocupado. Ella suspiró de alivio de regresar a la realidad, aunque no sabía cómo reaccionar. Se sentía cansada, sin aire, como si hubiera estado corriendo y ni qué decir de su garganta completamente seca y adolorida. Le preguntó a su acompañante lo que había pasado, pero tampoco parecía saber con exactitud lo que había visto. Solo le dijo que se desvaneció de un momento para otro. No hubo ningún tipo de reacción por varios minutos, pero de ahí empezó a temblar y actuar como si estuviera huyendo de algo realmente terrorífico. Así que no tardó en preguntar qué es lo que había visto, solo que no le gustó la respuesta que le proporcionó la joven: "Oscuridad, solo vi una extensa oscuridad."
No podía llegar a una conclusión con esa respuesta tan vaga, así que terminó la sesión. La joven evitó decir el resto de lo que había visto, incluso seguía sujetando la piedra de su collar desde que despertó, solo para evitar alguna mala interpretación. Ya le era suficiente con creer que estaba perdiendo la cordura, así que no necesitaba que otra persona se lo volviera a confirmar.
Se despidió del hipnotista e hizo todo su recorrido hasta su casa con mucha normalidad. Estaba a punto entrar a su casa cuando sintió un punzón de dolor en su brazo. Pensó que fue algún tipo de mal movimiento, pero cuando lo revisó de nuevo se llevó la sorpresa que tenía una marca en forma de una mano. En ese momento se preocupó, porque el único contacto agresivo que tuvo fue en ese sueño. Era imposible que aquella persona le hubiera dejado ese moretón en su intento de despertarla, porque ni siquiera era un color sutil, así que volvió a preguntarse qué tan real había sido ese sueño.
KAMU SEDANG MEMBACA
Inevitable descenso
FantasiLuz y oscuridad están en un constante enfrentamiento. Una quiere provocar el caos, mientras la otra busca la calma, a pesar que las dos se necesiten para existir. Sin embargo, que pasaría si la oscuridad halla un modo para romper con el equilibrio y...
