Nueve

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Te tapaste la cara con las manos, tus codos sostenían el peso de tu cabeza sobre la mesa. El dolor de cabeza te estaba matando y recién estabas a mitad de la mañana. Tenías todos los síntomas de una borrachera aunque obviamente no habías ni probado una sola gota de alcohol, solo habías dormido poco y a eso se le había sumado la culpa que te mordía sin piedad cada rincón de tu conciencia. Repetías una y otra vez los sucesos de la noche pasada.

Dios ¿quién me habrá mandado a ir al club? – querías gritar en frustración pero no podías hacerlo frente al profesor.

Lo que más te molestaba en ese momento no era la actitud de superado de Rin sino que, con solo cuatro palabras, había dado vuelta tu mundo. Tanto tiempo luchando por mantenerte tranquila fue en vano. Habías hecho un enorme retroceso a tu actitud de hace cuatro años, la que tantos problemas te había traído. Incluso lo habías provocado para terminar arreglando las cosas con los puños.

Ahora que lo pensabas con la cabeza fría, prestando atención a los mínimos detalles, Rin había sido casi un caballero y a pesar de que tu intención era molerlo a palos, él en ningún momento te levantó la mano. No estabas segura de cómo hubiera terminado de haber sido diferente, ya no eran niños.

A pesar de todo, ¿por qué sentías la necesidad de volver a ir tras él, sabiendo que las cosas podían empeorar? ¿Por qué, a pesar de la culpa, volvías a saborear el entusiasmo que habías perdido hace años? Quizás te habías vuelto una masoquista.

Te revolviste el pelo, habías arruinado todo. Ya no era como antes. Solían tener discusiones como todos pero por lo general él  terminaba llorando y tú disculpándote casi de inmediato, no soportaban lastimarse. Al otro día era como si nada hubiera pasado.  La magia de ser niños.

– ¿Estas bien, (Nombre)-chan? – escuchaste un susurro a tu lado. No tenías que mirarlo para saber que se trataba de Nagisa. – Has estado gruñendo y murmurando toda la mañana.

– Mi cabeza… me está matando. – Ya no sabías si el responsable era la migraña o tus pensamientos.

– ¡Ah! ¡Debe ser por la caballa que comimos en lo de Haru! – exclamó haciendo lo posible por no ser descubierto por el profesor. – ¿Quieres que te acompañe a la enfermería?

Negaste con la cabeza, sabias que no era por eso pero la idea de Nagisa era buena, aunque no irías a la enfermería. En su lugar, pediste permiso para ir al baño.

Una vez dentro de la pequeña habitación, te miraste al espejo. Eras un desastre, estabas pálida y las ojeras se te marcaban como nunca. No acostumbrabas usar maquillaje pero al verte de esa manera, te arrepentiste de no haberte puesto aunque fuera un poco. Tenías el pelo abultado y enredado de tanto revolvértelo con las manos. Si, era una imagen muy lastimosa.

Suspiraste cuando tu cara entró en contacto con el agua. Estaba fría pero se sentía bien.  Dejaste que resbalara un poco por tu rostro antes de secártela.

Sacaste el celular de tu bolsillo y buscaste el nombre de Rin. Quizás debías pedirle perdón, aunque no sabías por dónde empezar. ¿El relevo? ¿Tu cálida bienvenida? ¿Tu parloteo a pesar de no tener idea de qué había pasado durante esos últimos cuatro años? Tal vez tenías suerte y no había cambiado del todo, si era así, era posible que aceptara tus disculpas. No perdías nada con intentar.

Habías escrito apenas tres letras en el mensaje cuando oíste la puerta abrirse atrás de ti. Inmediatamente guardaste el teléfono en el bolsillo aunque el espejo que tenías adelante era enorme, la persona de seguro había visto tus manos. Estarías en problemas si te pescaban con el celular en el baño durante horas de clase. Levantaste la mirada y observaste en el espejo el reflejo de quien había entrado.

[Discontinuada] FRÁGIL {Rin Matsuoka x Lectora}Wo Geschichten leben. Entdecke jetzt