La razón del loco (12min)

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No sé por qué, tal vez por envidia, pero desde que sabéis que el autor fui yo, me llamáis "El loco ese". Pero dejadme explicaros que lo que vosotros llamáis «estar loco» es, en mi caso, tener una inteligencia, sensibilidad y percepción más desarrolladas que el resto. Por lo tanto, dejad la envidia a un lado y hacedme caso, pues la envidia no es un buen juez.

Como ya he dicho, mi intelecto, sensibilidad y percepción son muy superiores a los vuestros, casi pudiendo considerarme el próximo eslabón evolutivo. Es así, sois simios a mi lado. Por mi intelecto superior entiendo cosas que vosotros no entenderíais, sin dificultad, y por la sensibilidad y percepción sobrehumanas que tengo, soy capaz de conocer, sentir y comprender la cuarta y quinta dimensión que vuestro pobre vocabulario no llega a definir. No soy como vosotros, que os conformáis con tres simples dimensiones, yo quiero llegar a la sexta.

Por limitaciones de vuestro vocabulario no intentaré describiros estas dimensiones, os basta con saber que me permiten pasar de la muerte a la vida, de la inexistencia a la existencia y de una realidad a otra; es tan fácil como asustar a un niño.

Ahora que sabéis que estoy por encima de vosotros, prestad atención a esta historia, porque así os daréis cuenta de la sinceridad, benevolencia y necesidad de mi acción, al igual que comprenderéis el error que cometisteis al detenerme. Pero tranquilos, os perdonaré el error, todos cometéis errores. Muchísimos errores.

Como ya sabréis, los protagonistas de esta historia somos ese abuelo y yo. Yo, cuando estaba paseando, casi siempre veía a ese anciano pasear. Siempre andaba con un bastón blanco en la mano, algún familiar o conocido agarrándole por el brazo y una bolsa ecológica con barras de pan colgando del hombro. Por supuesto, el bastón y el ayudante eran por su ceguera parcial, y las barras de pan para tirarles migajas a las palomas.

Les tiraba demasiadas migajas a las palomas, y nadie le decía nada.

Como es normal, al principio no tenía nada que ver con él; solo era otro desgraciado que vivía en tres dimensiones. Pero un día, el árbol me habló a través de la sombra de una de aquellas palomas.

No espero que una persona ignorante como tú lo entienda, pero tenía que ayudarle, tenía que liberarlo. Hasta entonces estuve más ciego que el anciano, pero a partir de allí, vi que necesitaba mi ayuda. Lo vi en sus movimientos, sus palabras y sus miradas de ciego: me estaba pidiendo ayuda como si se ahogase en desgracias.

¿Entendéis ahora por qué no estoy loco? ¿Acaso un loco admitiría que no se enteró de algo tan obvio en tanto tiempo? ¿Acaso tú no habrías omitido un error en mi situación? ¿Acaso un loco habría ayudado a liberarse a otra persona ajena?

Pero bueno, no soy tan tonto como para explicarle mis razones a alguien que no las entenderá, por lo que pasaré directamente a relataros esa noche.

Para empezar con mi misión, con una paciencia de la que un loco no hace gala, busqué la casa del anciano, y luego esperé hasta que todos en su casa se quedasen dormidos, con la oreja puesta en su puerta. Estuve esperando durante mucho tiempo, pues el anciano vivía con su hijo, la mujer de este y la hija de estos. Pero como lo oyes, en ningún momento me eché atrás ni me acobardé, aunque tuviese mucho sueño.

Cuando oí que los padres (quienes no tienen sentido de la medida frente al televisor) se iban a dormir, aún esperé otra hora para que se durmiesen. Entonces, aunque tuviese mucho sueño, entré en la casa.

Sé, que cuando fuisteis a mirar al día siguiente, encontrasteis la cerradura destrozada, pero puedo deciros con total seguridad que no fui yo quien hizo uso de métodos tan toscos

Mi método fue mucho más sofisticado. Pasé de la existencia de este mundo a la inexistencia, viajé por diferentes realidades, y al final volvi de una inexistencia absoluta hasta una existencia relativa basada en las sombras, pero esta vez al otro lado de la puerta. Ya estaba dentro.

Antología de la única historiaStories to obsess over. Discover now