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Era viernes, último día de clases para entrar a las vacaciones de Diciembre. La profesora de inglés trataba de dar la clase. Trataba, pues todos los alumnos no prestaban atención, a excepción de Kim Taehyung y Jeon Jeongguk, los chicos más "inteligentes" del instituto. Según a lo que decían los alumnos que estudiaban ahí.
Ellos siempre se peleaban por el primer lugar (no literalmente). Sin embargo, no eran rivales, eran todo lo contrario, eran mejores amigos, los más inseparables.
Eran muy cariñosos, al no tener alguna figura paterna quien les dijera cómo comportarse, les influyó en que sus madres los trataran con cariño.
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Jeongguk y Taehyung esperaban juntos el metro que los llevaría en la estación que los deja cerca de su hogar.
Ambos viven con sus madres, en una misma casa, ya que ellas eran mejores amigas y decidieron irse a vivir juntas en cuanto se enteraron que tendrían bebés para que así, ellas no gastaran mucho dinero por separado, ambas ayudaban en los gastos del hogar. De vez en cuando sus hijo aportaban un poco de dinero cuando hace falta, ya sea para pagar algo del hogar o para comprar un poco de comida.
— Jeongguk — el pelinegro hizo caso omiso—Jeonggukie.— llamó por segunda vez subiendo su tono de voz.
— ¿Si, Taetae?— dijo guardando su teléfono.
— Tengo mucho sueño.— cerró sus ojitos lentamente.
— Ya casi llega el metro, ahí podrás dormir en lo que llegamos.
— Uh, esta bien.
En cuestión de segundos, el metro llegó y ambos jóvenes entraron a este y se sentaron en dos asientos cerca de una de las puertas para poder salir sin problema.
Habían pasado diez minutos y Taehyung no podía dormir ya que no estaba cómodo en la posición que se encontraba. Jeongguk se dió cuenta y decidió colocar a Taehyung en su regazo para que así estuviera cómodo aquel castaño. Se dió cuenta de que funcionó, ya que el castaño pasó sus brazos alrededor del cuello del contrario mientras que en su rostro se dibujaba una pequeña sonrisa.
Las personas que estaban presentes en el interior del vagón del metro tenían sus miradas puestas en ellos. Habían adultos viéndolos con desaprobación, otras con orgullo al percatarse del amor que sentían aquella pareja y por último, una que otra adolescente chillando de emoción al ver aquel par de jóvenes abrazándose con cariño.