...2... El Legado

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Durante los siguientes días tuve los primeros contactos con aquellos dos objetos que estaban en la caja: la pluma y el libro.

La estilográfica es muy antigua. El plumín es fino, plateado y contiene un pequeño grabado, el cuerpo de la pluma es de madera. El libro parece realmente antiguo: la parte externa es de piel, sus páginas están amarillas pero no tiene carcoma, esta muy bien conservado.                                       No leí mucho el libro, pues, por extraño que parezca, cada vez que intento leerlo es como si me absorbiera hacia él, sus historias y sus secretos. Y cuando lo soltaba era mucho peor: me llamaba.

El mismo libro, quería ser leído.

Ahora que tengo este extraño libro de magia y de historias de otros mundos, y miro mis libros, me pregunto si ellos también quieren ser leídos, si se sienten bien, afortunados o cansados.              Creo más que nunca que se me ha ido la olla.

Debo esconderlos en un buen sitio, en un lugar que no llame mucho la atención, pero todos sabemos que el mejor sitio para esconder algo… es a simple vista. Con ese libro tan antiguo que me legó mi abuelo, por parte de padre, una primera edición de un libro de Víctor Hugo, estará bien escondido, y bien acompañado. Un par de viejos libros tienen muchas batallitas que contarse.

La pluma podría llevarla conmigo. Sólo tendría que decir que es una herencia de la tía que murió hace unas semanas. Justo lo que era. 

La pluma era otra, era tan fascinante que me apetecía escribir lo que fuera con ella, pero ni tendría tinta y si la tuviera, dudo mucho que aun escribiera algo. Eran dos objetos que necesitaban algo de vida, querían ser usados, sentirse útiles.

Ahora que lo pienso, todos estos libros, libretas, y bolígrafos y lápices que hemos dejado de usar por aparatos que necesitan carga eléctrica. Pobres…

En serio, ¡Estos dos objetos me están volviendo loca!                                                                           Incluso hasta tengo sueños, no es que sueñe con ellos, pero de alguna forma, sé que son ellos los que lo provocan. No duermo mal, pero estaría bien que alguna noche me dejaran descansar y tener un sueño en blanco y negro. Y soñar con la nada y el todo, el sueño de siempre hasta que llegaron a mi vida la pluma y el libro.

Un viernes por la tarde llamé a mis amigas para gastar las calles. Quizás quitándole un poco de sueño a la noche, cambiaba ese asunto.                                                                                               La calle estaba revuelta:                                                                                                                           la basura se arremolinaba a nuestro paso, las hierbas seguían nuestra marcha atentamente, algo extraño ocurría allí…

A nuestras espaldas notamos una fuerte ráfaga de aire. Una de mis amigas quiso girarse, pero otra se lo impidió, a saber quién sería y que buscaría de nosotras, así pues seguimos caminando para despistarle más adelante. En la esquina echaron a correr hacia la esquina siguiente. Yo me quedé unos segundos más, quería ver quién era ese extraño personaje. Estaba bien camuflado con una capucha pero sabía que no era humano, era un ser de aire. Lo sabía por el libro. Luego aparecieron algunos más.

Ya había perdido de vista a mis amigas, así pues, me dispuse a intentar pararlos, aunque no supiera por donde ni cómo empezar. No suelen ser muy amigables estos seres. Noté como la pluma se movía en el bolsillo interior de mi chaqueta, la saqué de allí, entonces mi mano en un acto reflejo apuntó con la pluma hacia el grupo tal y cómo si la pluma moviera a la mano, se esfumó uno de ellos al instante. Los demás se asustaron, inmediatamente empezaron a buscar al culpable de esa desaparición. Quise echarme a correr pero inmediatamente me topé con un hombre muy alto, vestía una gabardina y un bonito sombrero que le tapaba el rostro.

—  Vete Cornalina, luego iré a tu casa y hablaremos.

—  ¿Renato?

—  Corre, vete.

Salí de allí corriendo, miré  hacia  atrás  un  instante. Ágilmente y con toques de la varita, Renato hacía desaparecer a todos esos seres de aire que había en esa calle

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MUERTE (Gramarye I)Where stories live. Discover now