Untitled part

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Leonard Mccoy, estudiante de medicina jefe de sala en la cafetería de la academia y la materialización del cinismo a tiempo completo, está esperando impaciente a que Scotty le diga que la cafetera estaba arreglada, que no iban a tener ningún problema nunca más con ella, que ya podía seguir con su trabajo tranquilo.

En lugar de eso el joven escocés le dedica una mirada apesadumbrada "mis más sinceras condolencias" "hemos hecho lo que hemos podido" ofreciéndole el artilugio de cuyo filtro no saldría más café. Un breve silencio inunda el momento conmemorando todos los momentos que aquella reliquia de finales del s. xx les había dado a la cual los frikis del café de la academia adoraban y por la cual elegían tomar su café en esta cafetería y no otra, no es capaz de calcular cuánto iba a costar reponerla pero tenía que volver a su trabajo. Por suerte disponen de dos cafeteras más, aunque la eficiencia bajase, la vida seguía.

Jim no tenía tiempo a llorar la pérdida estaba demasiado ocupado llevando pedido tras pedido a cada mesa, cuando Leonard le da la mala noticia, lo único que cambia en esa rutina es que empieza a rumiar tacos por lo bajo

— (Me cago en la hostia, de verdad..) Buenas Joe, aquí tienes tu caramel macchiato y tus tostadas con tomate y aguacate. (es que de verdad todo está en mi puta contra...) ¿Stephanie? Que te aproveche.

El joven médico, que comienza a sospechar que no era una buena influencia para Jim, se limpia las manos en el mandil, más por costumbre que por necesidad y acude a atender pedidos

—Buenos días, Michael ¿Que va a ser hoy? -Dado que se trataba de una cliente habitual, Mccoy había hecho es esfuerzo de aprenderse su nombre, lo apunta en el pedido con una sonrisa.

—Buenas... Leonard -La joven sin embargo tiene que dirigir una breve mirada a la placa para confirmar que no se había equivocado.

Un Earl gray para mi y un café cargado para mi amiga —su sonrisa alumbra a la pelirroja que se ha empezado a acomodar en una de las mesas, colocando las cosas para lo que parece que sería una quedada de estudio.

Bones le pasa el pedido a Jim y se dispone a atender al siguiente.

Por un segundo puede ver como Michael examina al absoluto ignorante de su compañero y amigo antes de sentarse.

No tarda ni un segundo en susurrarle a su acompañante.

—NO PUEDE SER ¿Enserio? - Exclama tal vez demasiado alto la siempre sutil Sylvia Tilly, estudiante de la academia de la flota estelar e inseparable de Michael.

—Baja la voz por favor

Para entonces Leonard Mccoy ya no esta prestando atención.

Cuando el joven James acude a entregarles sus pedidos con su ensayadísimo porte servicial y su gesto amigable a la par que casual definiendo sus facciones, Tilly le dedica una sonrisa sin dejar de analizarle, otea por encima sus hombros y la curva de su mandíbula, su pelo que parecía tener reflejos dorados y sus ojos. Michael observa la escena con cautela intentando que no se note la sonrisa que se asoma en su rostro y mucho menos que esta conteniendo las ganas de partirse el culo de risa

El barista por suerte, no es el más espabilado con este tipo de cosas y en aquel momento, su trabajo ocupa un gran porcentaje de sus pensamientos en los que no entra sospechar lo que ronda en la cabeza de sus clientes.

—Que tengan un buen día y que el estudio sea fructífero, cualquier cosa, aquí estoy -se despide de ellas para seguir sirviendo

Las miradas de ambas chicas conectan con un chispazo y una vez que el barista desaparece del campo de visión, la voz susurrada de la pelirroja da palabras a lo que ambas estaban pensando.

—Entiendo completamente porque le gusta a tu hermano.

Michael Burnham sonrie antes de darle un sorbo a su Earl Gray, ni el mismo Spock sabe verbalizar lo que siente por su amigo y ella ya esta compartiendo sus secretos más oscuros, se sentiría mal si no fuera porque Spock rara vez entendía que sentía y ella había aprendido a disfrutar sin malicia de su confusión.

Las dos amigas contemplan desde la ventana como llovía aquella tarde en San Francisco, las gotas en el cristal llevan a la cadete Michael a un tiempo distinto, mucho más complicado para su pobre hermano.

—¿Qué te han dicho qué? - la pequeña niña de nueve años con indomable pelo afro y dos dientes por terminar de salir no podía creer lo que oía, los niños tenían un gusto muy raro por los chistes con genitales

—Que si soy vulcano que se la agarre con la mano -Susurro asqueado un muy pequeño Spock, miro a sus extremidades táctiles asqueado, estaba empezando a desarrollar la telepatía sensitiva vulcana, solo tocaba a su madre y a su hermana... Tocar la cosita de mear de alguien le resultaba tan asqueroso y le daba tantas ganas de llorar...

Es un insulto ilógico Michael, lo he analizado para quitarle peso, como dice papá que hagamos, Se basa en una rima consonante pegadiza y en una insinuación con referente a... ya sabes.

Pese a que a Michael todo aquello le parecía la cúspide del humor, podía ver en los ojos de su hermano un dolor más allá del dolor vulcano y humano, que ningún niño debía sentir, Sabía que no solo eran las rimas graciosas, era todo lo que había detrás, eran los empujones, eran el pincharle de la punta de las orejas cuando venían por detrás, era que te rodarán cuatro niños haciendo que uno se sintiera pequeño, para reírse de la estúpida rima con ano.

—Este acoso es ilógico Michael, - continuo el menor

Meterse con alguien por quienes son sus padres no tiene ningún sentido, seguro que en vulcano esto no pasaría. - añadió el inocente niño de dos mundos, sin hueco para él en el universo, que no entendía aún que cuando alguien quería odiar, iba a encontrar la lógica para justificarse

La especie humana, según los libros de texto de Michael, había crecido mucho, atrás había quedado la época en la el mundo separaba a lo que creían que era lo normal (varones cisgénero heterosexuales blancos) con el resto de gente. Ya no había odio entre humanos, ella tenía acceso a una educación y era esa educación por la cual había aprendido que por desgracia no siempre fue así.

Sin embargo ahí estaba su hermano, un ser totalmente nuevo. Primer hijo entre vulcano y humana, atacado con un discurso similar al discurso prehistórico utilizado hasta bien entrados en el siglo XXI con las personas mestizas.

Michael conocía a Spock, sabía que si lo dejaba se pasaría la tarde pensando en ello, así que le ofreció ponerse a leer juntos un libro y eso hicieron durante un rato antes de ir ambos a sus respectivos dormitorios a estudiar.

The Stars Who ListenStories to obsess over. Discover now