Con 13 años ya quería comerme el mundo, llegó con rapidez el segundo curso. Me sentaba con mi nueva mejor amiga y tu apenas unas mesas a la izquierda, al lado de la pared y la ventana. En los 5 minutos te observaba, no atendía a lo que me decían pero valía la pena, ver como te movías al hablar y tu risa contagiosa. Creo que sonreí al recordarlo.
Otro día mas me robabas el lapicero y lo escondías, me gustaba fingir enfado y correr detras tuyo para recuperarlo.
No era de ir bonita a clase, me daba igual, pero poco a poco quise llamar tu atención e intentaba que me mirases. Cuando salía a la pizarra tu mirada me ponía nerviosa. Siempre fuiste como mi rival, eras tan perfecta. Yo tambien enamoraría a cualquiera si fuera como tu. Increíble.
Días antes de las vacaciones de verano, me cambié de sitio, a tu lado. Sólo quería que me enseñaras a usar unas pinturas. Tu me ibas indicando. Estabas cerca. No quería levantar la vista o me delataría un notable sonrojo.
