Mi dulce, dulce angel.
Nunca encuentro las palabras para hablarte porque ningún escrito me parece coherente, todo es tan párvulo, insípido. Nunca nada encaja con tales emociones que albergo dentro, que me dejaste.
Me cuesta la vida dejarte ir, me cuesta la mía. Estando contigo, me tomé la libertad de regalarte cada partícula de mi ser, y me volví total e irreversiblemente tuyo, de pies a cabeza, de derecha a izquierda, de mente, espíritu y alma; soy tuyo. Creí y regocijé en ti, creí que estarías por siempre, creí tontamente que también eras mía, aunque no mentiré, en ocasiones lo fuiste fugazmente.
No sabía que pagaría todas mis vidas el dejarte ir; no sabía que dolerías más allá de la muerte.
