Capítulo Piloto

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Como esperaba, la fiesta era un total asco. Miro el gran reloj que colgaba en la pared y su rostro se deformo en una expresión de ira y frustración. Maldijo por lo bajo, antes de acabar el último sorbo de vino que había en su copa. ¡Ni siquiera eran las diez!

Le hecho un ojo a sus alrededores, y resopló tan fuerte que levantó la punta de sus cabellos sobre su frente.

Rodeado de ancianos

Llevándose la mano al cuello, intento desajustar levemente el nudo de la corbata que comenzaba un sentimiento asfixiante. También deslizó dos botones de su pecho, no importaba si este traje negro haya sido hecho por artesanos, era estrecho y poco amable con su torso. La tela era increíblemente suelta y brillaba traslúcida cuando los destellos de las lámparas daban de lleno hacia él. Un regalo de su madre, siempre con gustos extravagantes. Había sido obligado a usarlo sólo para no hacerla sentir mal. Así como también a asistir a la fiesta de fin de año de su padre.

Finalmente soltó por completo el nudo de su corbata en un arranque de osadía, su límite había sido alcanzado luego de dos horas de beber vino como un desquiciado sólo para no tener que hablar con los amigos de su padre. Parecía una perfecta escusa tener la boca ocupada con algo para así no responder a las preguntas entrometidas de esos buitres sobre su futuro, y qué haría ahora que había vuelto al país.

Las amigas de su madre tampoco era un pan de Dios. Ellas eran incluso peores, cuestionando su vida personal y la razón del porqué el heredero al trono aún no tenía una pareja oficial. Como tampoco perdían oportunidad de ofrecer a sus hijas y nietas en bandeja para que tuviera de donde escoger.

Si de algo estaba seguro JongIn, era que lo último que quería era una relación con niñas caprichosas. Al menos no una que conllevará compromiso. Aún era joven, apenas había entrado a la segunda década de su vida. 

Su vida era mejor en el extranjero, no existían tantas reglas y protocolos para cada una de sus acciones. Fueron años dichosos, se arrepentía de no haberlos disfrutado mejor.

Tomó una nueva copa de vino blanco antes de seguir recordando y caer en cuenta de su reciente miseria. Pero ya era tarde.

En el momento en que la velada llegó a tocar la cúspide, JongIn desconocía incluso quien era él, tan sólo moviéndose como un ser guíado por sus instintos. Con pasos torpes, y un rostro sonrojado por el alcohol, iba de lado en lado dejando solo malas impresiones. A su alrededor, el mundo dejaba de tener sentido. Creyó ver la mirada reprovatori a de su padre pero se encogió de hombros, era año nuevo y no podría decirle nada. ¿Cierto?

Coqueteando, aunque más que coquetear, intimidaba a una de las meseras. Esta, que tan sólo había sido amable al ofrecerle una copa de champán, ahora era acorralada contra una mesa, en medio de todos esos ojos burlones y curiosos. JongIn no lo sabía aún, pero su padre ya estaba de camino. Cuando el señor Kim puso la mano sobre su hombro, apretando como si quisiera partirle los huesos, entendió que no sería del modo que imaginó.

—¿Qué estas haciendo?

A pesar de ser un susurro a la altura de su oreja, se sintió como si aplastaran sus tímpanos. Era como escuchar el rugido de un león con bajo volúmen

El heredero fue más rápido 

Cuando choco de frente contra una columna, se carjeó levemente por su estupidez sin importarle mirando hacia los costados. La música ya no era una tortura lenta del siglo pasado, empezaba a verle el ritmo a Beethoven. Si se trataba de música clásica, todos eran Beethoven. No importaba, tomó uno de los bocadillos de pepino y requezón que su madre pidió en la mañana y sorprendentemente tampoco sabía a mierda. Los demás a su alrededor lo veían sonriendo, supuso que ahora todos eran contagiados por su increíble buen humor. Les sonrió de vuelta mostrando todos sus dientes como un niño y siguió su camino hacia no se dónde.

Empujó las puertas de cristal que daban paso al balcón donde su padre daba sus discursos aburridos. El aire lo golpeo de lleno, las noches invernales no eran de su agrado. JongIn odiaba el frío, sin embargo se encontraba demasiado ebrio como para recordar que lo hacía.

-Wow. -siseó impresionado-. Realmente es enorme.

Más abajo en los jardines que rodeaban la larga fuente rectangular, casi podía ver a la multitud de personas vitoreando el nombre del Rey . Los banderines en sus manos agitandose con el viento, sus sonrisas insulsas, sus coros alegres y ojos llenos de admiración. Él quería un poco de esa gloria.

Un suspiro quedo sonó en sus oídos trayendo su atención a sus espaldas. Se volteo de inmediato. No muy lejos, algunos metros mas abajo solamente, un hombrecillo apoyaba su espalda contra la pared, al lado de los ventanales. Encajado en un terno azul marino con solapas negras, su piel pálida resaltaba mas.

JongIn sonrió de lado acercándose para verlo mejor. A pesar de su notable embriaguez, aun le sobraba algo de sus sentidos, ya que no quería ser notado fue precavido de no hacer ningún ruido.

¿Qué hace un cosita como esa en tanta oscuridad? Se preguntó. ¿Acaso se trata de un fantasma?

La cuestión tenia mucho sentido en su mente. Eso explicaría sus labios muy rojos, sus ojos muy grandes, y su cabello muy negro. Justo a la orilla de una fuente, tal como un Mul Gwishin.

Escalofriante. Perturbador.

El fantasmita volvió a suspirar y JongIn avanzó aun mas cerca, casi trepándose sobre el concreto que servia como barandal. Por la falta de equilibrio, su mano resbaló torpemente cuando intentaba subirse. No mucho después el agua cubría su cuerpo entero, aunque la fuente no era para nada profunda, puesto que si se ponía de pie, con las justas le llegaría a las rodillas, nuestro muchacho se estaba ahogando.

El fantasma, que realmente no era uno, saltó a su rescate luego de comprender la situación. Era un sujeto mucho mas grande y claramente mas pesado. Fue difícil arrastrarlo hasta la orilla, el inútil no ayudaba en nada, y eso que era claramente evidente que no estaba del todo inconsciente.

Típico de niños ricos. Esperando que hagan las cosas por ellos.

Lo dejo tendido sobre el césped, viéndolo con molestia desde donde estaba sentado descansando.

Con un dolor de cabeza de los mil demonios, mas una oleada de frío que traspasba hasta sus huesos, JongIn giró su visión al pequeño Mul Gwishin.

Se encontraba en la exacta posición entre la luna y él, luciendo un perfil perfecto pero borroso.

Lo había salvado, no se suponía que fuera así, no para un ente como él. Una risilla salió sin ser premeditada, seguida de una carcajada sonora. El príncipe continuaba en la segunda luna de Júpiter, no importaba cuanta agua se tragó.

Mas allá, el fantasma que no era un fantasma, notó la sonrisa del otro. Los ojos se le entrecerraron disgustado.

-¿Por qué sonríes idiota? -preguntó despectivo, JongIn frunció el ceño-. Casi te mueres hace un momento. ¿O es acaso que querías eso? Pues me lo hubieras dicho, así no perdía mi tiempo.

El hombrecito se levanto entonces, con el rostro tenso y le dijo una ultima frase antes de marcharse abrazando sus codos.

-Estúpido niño rico, para la próxima sólo te dejare morir.

...........

VOCABULARIO: MUL GWISHIN -Es como se les dice en Corea a los fantasmas del agua, que habitan cerca de los rios, lagos o costas, que buscan ahogar a sus victimas.

holis!!!! que tal!!

Cree esta cuenta para poder escribir sobre exo como yo quiera asi nadie que yo conozca me juzgará...

Ahora, como siempre digo, no soy perfecta así que si ven faltas ortográficas me avisan, se los agradeceria muchísimo

Es todo, adiós.

#Naty<3

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⏰ Last updated: Sep 27, 2019 ⏰

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