La Rosa

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Esta historia tiene un poco de verdad y mucho de fantasía, no te diré cuál es cuál, pues sería falta de cortesía. Solo abre bien la mente y deja volar tu imaginación, porque en este mundo, es la salida de la razón.

Hace muchos años, antes de que se descubriera el nuevo mundo, había un castillo en tierra inglesa que pertenecía a una familia de un conde y sus cuatro hijas. Alexandra, la mayor de las cuatro, cuando su madre falleció por culpa de una extraña enfermedad, asumió el papel de madre con sus hermanas menores: Ana, Catalina y la pequeña Isabel.

Fascinada por el mundo de la música y la pintura, pasaba sus tardes en el ala oeste mientras tocaba con esmero y suavidad las notas musicales en un viejo órgano que le perteneció a su madre antes de que muriera; de cuando en cuando le pedía a su padre, un hombre sabio de cabello entrecano y dulce sonrisa, que le trajese lienzos y pigmentos para trazar bellos y finos cuerpos de criaturas fantásticas o simplemente lo que su corazón deseara marcar. Por las mañanas se levantaba antes del alba y se encargaba de despertar a cada una de sus hermanas y ayudaba a preparar el desayuno. Pasadas de las ocho de la mañana salía a dar un paseo por los campos que rodeaban al castillo, atravesado por un sendero de rosas y entre sus tantos colores, sus favoritas siempre fueron las rojas. Siendo invierno, una tarde decidió cambiar de ruta. tanto tiempo siguiendo el mismo camino, que por primera vez en su vida, quiso atravesar la pequeña barrera que formaban los árboles que separaban al castillo del pueblo.

Vestida con un hermoso vestido azul como el mismo cielo y una capa blanca como nieve, se adentro entre los troncos y ramas, sus huellas en la nieve se notaban pero conforme caían los copos se cubrían sus pisadas. Su castaño cabello, caía por mechones finos sobre su rostro obstruyendo en ocasiones su vista. Sus ojos verdes brillaban con una aura de curiosidad y sus carnosos labios rosados temblaban a causa de la baja temperatura. Y aunque su erizada piel le suplicaba por volver, sus piernas seguían claras instrucciones de su cerebro, que estaba decidido a ver qué había más allá de lo que su ventana dejaba apreciar. Cuando llegó al otro lado, notó un pequeño escalofrío. Cientos de casas con sus chimeneas encendidas, personas abrigadas moviéndose de un lado a otro, y todo eso combinado con una variedad infinita de colores y olores. Lo primero que se le vino a la mente fue una escena de un libro que su madre les leía a sus hermanas y a ella cuando eran pequeñas.

Fue cuestión de segundos para que sintiera una presión en el pecho y se le formara un nudo en la garganta. Siguió avanzando mientras se deleitaba las pupilas con deslumbrantes colores que adornaban toda la superficie del pueblo. Todo tan magnífico para sus ojos que jamás habían visto algo igual a aquello.

El aroma  pan recién horneado captó su atención y tratando de abrirse paso entre la multitud chocó contra un jinete y su caballo haciendo que cayese, los rayos del sol hacían que no distinguiera el rostro de aquel joven. El jinete al percatarse de lo ocurrido se bajó del caballo para tenderle la mano a Alexandra y ella temerosa la sujetó. Estando por completo de pie quedo a la altura suficiente como para contemplar unos ojos azul profundo, hipnotizandola por completo. El joven sonrió nervioso por la cercanía de Alaxandra y la chica sin poderlo evitar, levantó su mano hasta poder tocarle la mejilla.

No había visto belleza comparada a la de él, cabello azabache, labios carnosos temblorosos, facciones marcadas y aquella pequeña cicatriz que le surcaba la ceja derecha.  Alexandra contemplaba fascinada, y un sentimiento nuevo para ella se arraigó en su pecho. El joven, con algo de temor tomó la mano de Alexandra y la alejo un poco de él, fue entonces que ella despertó de su ensoñación. Apenada por lo ocurrido comenzó a retroceder y para cuando estuvo a una distancia considerable, solo dio media vuelta y echó a correr de vuelta al castillo.

Con las mejillas coloradas y con el nerviosismo corriendo por sus venas llegó al sendero de rosales. Este tenía una pequeña desviación a un jardín "secreto", en realidad parecía un laberinto hecho de arbustos. Lo recorrió todo en espera a recuperar la normalidad y que sus pensamientos se reorganizaran.

El pétalo de la rosaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora